¿Sabía que aproximadamente el 90 % de los cánceres pediátricos son curables? En Estados Unidos, se prevé que aproximadamente 1.200 muertes esperadas se produzcan cada año entre unos 10.000 nuevos casos de cáncer pediátrico. Sin embargo, en los países de ingreso bajo, la tasa de supervivencia puede ser de apenas el 5 %.

Los gobiernos de muchos mercados emergentes y fronterizos han destinado millones de dólares a abordar problemas de salud pública, y «Salud y bienestar» es el tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible de la agenda mundial de la ONU. En los últimos años, la acción conjunta de gobiernos, organizaciones sin ánimo de lucro y actores del sector privado ha contribuido a reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna y disminuir el VIH/sida. Según las Naciones Unidas, desde 1990 las muertes infantiles evitables han disminuido más del 50 % y la mortalidad materna, un 45 % en todo el mundo. Las nuevas infecciones por VIH/sida cayeron un 30 % entre 2000 y 2013, y se salvaron más de 6,2 millones de vidas gracias a la lucha contra la malaria. Las cifras son asombrosas, pero las enfermedades infecciosas no son la principal causa de muerte en el mundo.
El auge de las enfermedades no transmisibles
Las tendencias macroeconómicas en los mercados emergentes y fronterizos han provocado un aumento de la incidencia y la mortalidad de las enfermedades no transmisibles (ENT). Las personas viven más tiempo, en parte gracias a los avances en la lucha contra las enfermedades infecciosas y a un mayor acceso a la atención sanitaria para quienes viven en zonas rurales. Los estilos de vida son cada vez más sedentarios, a medida que la población se concentra en las zonas urbanas y las comunidades pasan de formas de vida basadas en la agricultura a estilos de vida metropolitanos. La alimentación incluye cada vez más carne y se occidentaliza. Todos estos factores han aumentado la incidencia y la mortalidad de las ENT.

Las ENT —entre ellas, las enfermedades cardíacas, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes— representan el 63 % de todas las muertes anuales. Se cuentan entre las principales causas de muerte en los países desarrollados, y su impacto empieza a hacerse notar en los países en desarrollo.
Sin embargo, a diferencia de las enfermedades infecciosas, las ENT suelen ser crónicas y no tienen una solución puntual. Históricamente, el tratamiento de estas enfermedades no se ha adaptado bien a los modelos de ayuda sin ánimo de lucro, que prefieren resultados tangibles vinculados a los fondos invertidos. En cambio, las soluciones del sector privado son mucho más adecuadas para combatirlas, pues es necesario demostrar la sostenibilidad y viabilidad del modelo a largo plazo.
El papel del capital privado
Los actores del sector privado llevan décadas invirtiendo en los sistemas de salud de estos mercados. Entre los principales figuran las instituciones de financiación del desarrollo (como la Corporación Financiera Internacional, la Commonwealth Development Corporation y el Banco Africano de Desarrollo), los inversores privados (entre ellos, Columbia Pacific Management y Tata Trust) y los fondos de capital privado (como Abraaj Group, Alta Semper, Investment Fund for Health in Africa y LeapFrog Investments).

La mayoría de los fondos de capital privado centrados en la atención sanitaria en los mercados emergentes se enfocan en oportunidades de inversión en infraestructura (hospitales, laboratorios, clínicas y farmacias), tecnologías o medicamentos. A menudo, los inversores privados pueden apoyar empresas sanitarias innovadoras con potencial de crecimiento, aportando valor estratégico u operativo para mejorar su competitividad.
En el ámbito de la infraestructura, los inversores privados se están orientando cada vez más al diagnóstico y tratamiento de las ENT debido a la elevada inversión de capital necesaria para crear estas instalaciones. La competencia es limitada por las restricciones de capital de los gobiernos y la preferencia del sector sin ánimo de lucro por ayudar a combatir las enfermedades infecciosas. El carácter crónico de estas enfermedades hace que los pacientes suelan necesitar tratamiento de forma continua. La competencia limitada y los ciclos de tratamiento recurrentes sientan las bases para una buena inversión.
Como complemento, las plataformas tecnológicas que ofrecen soluciones innovadoras empiezan a crecer. La telemedicina, que suelen utilizar centros respaldados por capital privado, ofrece distintos modelos de diagnóstico, conocimientos especializados y formación adaptados a las necesidades de entornos con recursos limitados. La digitalización de los datos sanitarios ofrece soluciones rentables para los sistemas de información hospitalaria, una mejor gestión de los hospitales y una mayor rentabilidad para los proveedores de atención sanitaria. Los colposcopios conectados a teléfonos inteligentes ya pueden detectar el cáncer de cuello uterino; la secuenciación de ADN más barata puede ofrecer diagnósticos rápidos del cáncer; y las plataformas de financiación colectiva de la atención a pacientes adaptan los avances tecnológicos a entornos con recursos limitados.
Más recientemente, el Fondo Mundial de Salud de 1.000 millones de dólares de Abraaj Group se consideró una oportunidad innovadora para que el sector privado abordara las necesidades sanitarias mundiales. El fondo dio prioridad a cuatro categorías de ENT: enfermedades cardíacas, enfermedades respiratorias, oncología y diabetes. Sin embargo, Abraaj Group y su Fondo Mundial de Salud quebraron debido a fallos de gobernanza. El fracaso se debió a las prácticas contables y de gobernanza del gestor del fondo, y no al fracaso de la estrategia de inversión. Este sonado fracaso pone de relieve la necesidad de evaluar cuidadosamente los estándares de gobernanza de las inversiones y de no dejarse deslumbrar por una admirable misión social.
Los problemas de salud mundial evolucionan constantemente, y el paso de las enfermedades infecciosas a las ENT como principal causa de muerte en el mundo es solo un ejemplo. Los inversores de capital privado llevan mucho tiempo invirtiendo en empresas e instalaciones sanitarias de mercados emergentes y seguirán haciéndolo. Aunque el número de vidas salvadas gracias al capital aportado será menos destacable que en el caso del tratamiento de enfermedades infecciosas, muchas más personas tendrán la oportunidad de vivir más tiempo. Sin embargo, ante la aparición de enfermedades cada vez más letales y crónicas, los líderes empresariales, gubernamentales, de la sociedad civil y del ámbito académico deberán colaborar para desarrollar adecuadamente modelos sostenibles de atención sanitaria en los mercados emergentes y fronterizos.

