La pandemia de COVID-19 ha tenido un gran impacto en la industria minera.
El sector ha respondido de forma rápida y colaborativa.
Desde la salud y la seguridad hasta la construcción de mejores relaciones con las comunidades locales, así es como el sector está avanzando hacia una recuperación mejor.
La pandemia de COVID-19 es, sin duda, la crisis sanitaria mundial que define nuestro tiempo, con gobiernos y servicios de salud que se apresuran por frenar la propagación del virus. Pero, más allá del impacto en la salud mundial, la COVID-19 ha demostrado su potencial para generar desafíos sociales, económicos y políticos devastadores que tendrán repercusiones duraderas.
La respuesta de la industria minera ha sido rápida y coordinada, y ha estado guiada por dos prioridades clave. En primer lugar, proteger la salud y la seguridad de los empleados y de las comunidades locales; y, en segundo lugar, sentar las bases para apoyar la recuperación económica a largo plazo, lo que incluye respaldar los medios de vida, proteger las cadenas de suministro gravemente afectadas y contribuir a crear resiliencia comunitaria a largo plazo ante cualquier crisis futura. Lo que esta respuesta ha dejado claro de inmediato es que las empresas, los gobiernos y las comunidades deben trabajar en colaboración para facilitar los esfuerzos de recuperación. Actuar de forma independiente solo dificultará la capacidad de recuperarse y reconstruirse.
La colaboración ha sido la piedra angular de la respuesta de los miembros del Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM) ante la pandemia. En la práctica, esto se ha traducido en la convocatoria periódica de las 27 empresas miembros del ICMM y de las 35 asociaciones nacionales y de materias primas miembros para compartir orientaciones e información y acelerar el aprendizaje. A través de estos diálogos hemos observado que surgen temas clave: la salud y la seguridad como valor compartido fundamental, la importancia de comunicar el papel de la minería y el compromiso compartido de todas las empresas de avanzar hacia una recuperación mejor.
Salud y seguridad: un valor compartido fundamental
Se han formulado algunas críticas a la industria minera por centrarse en mantener las operaciones abiertas en algunos países, a pesar del riesgo percibido para la salud y la seguridad de las comunidades y los trabajadores. La salud y la seguridad son un valor compartido fundamental para la industria minera, y uno que ocupa el centro de la estrategia empresarial de toda empresa minera responsable. Esto ha permitido que los miembros del ICMM estén en buena posición para aprovechar su amplia experiencia previa en la gestión de otras crisis sanitarias, por ejemplo, el ébola, la tuberculosis y la malaria. También cuentan con los conocimientos necesarios para implementar de manera eficiente y eficaz los protocolos y las medidas fundamentales que se requieren para seguir operando con seguridad. Estas medidas incluyen el control de temperatura en las instalaciones, las pruebas de COVID-19 y el refuerzo de las medidas de higiene, como el distanciamiento social y la reducción del tamaño de los turnos. Las empresas han restringido los viajes relacionados con el trabajo y han puesto en marcha líneas de atención telefónica que funcionan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y que ofrecen asesoramiento médico y de bienestar, incluido el acceso orientado a servicios de salud mental, para los empleados y para las personas de la comunidad local.
Las empresas del ICMM operan en más de 50 países. Cada país ha respondido de manera distinta a la pandemia y, en muchos países, la respuesta varía entre estados y regiones. Por ello, nuestros miembros trabajan estrechamente con las autoridades sanitarias para garantizar que todas las instalaciones cumplan las directrices nacionales y locales. Seguir compartiendo los aprendizajes de las distintas respuestas y los conocimientos sobre protocolos sanitarios específicos será fundamental para ayudar a aplanar la curva y garantizar la seguridad de los trabajadores y las comunidades.
Comunicar el papel de la minería
Una conclusión clave que ha surgido de los diálogos del ICMM es la importancia de que las comunidades, las ONG y la sociedad civil comprendan mejor el sector minero y el papel fundamental que desempeña en el desarrollo socioeconómico. Las operaciones mineras locales no solo proporcionan empleo y seguridad a las comunidades, sino que también contribuyen a los medios de vida al suministrar bienes y servicios esenciales en algunas de las regiones más remotas de la Tierra.
Debido a la naturaleza compleja de las operaciones mineras y a las ubicaciones remotas en las que a menudo se encuentran, la industria minera mantiene con las comunidades locales una relación y un compromiso especiales, como ningún otro sector. Por ello, los equipos en las instalaciones están en una posición única para escuchar las inquietudes y adaptarse rápidamente cuando sea necesario. Así lo han demostrado empresas que proporcionan, por ejemplo, paquetes de alimentos, asistencia médica, suministros médicos (ventiladores, EPP y medicamentos), material educativo, infraestructura básica (instalaciones sanitarias, agua potable y carreteras) e información sobre la COVID-19. En algunos casos en los que el gobierno local está al límite de su capacidad, este apoyo ha sido inestimable.
Aunque es posible que el sector no lo haya hecho bien en todas las ocasiones, la COVID-19 ha dado lugar, sin duda, a una reorientación y una redefinición de las relaciones con los grupos comunitarios locales. Este es uno de los aspectos positivos que surgen de la crisis, y algo de lo que debemos aprender y que debemos seguir fomentando a medida que pasamos de la fase de respuesta a la de recuperación.
Un compromiso compartido
Ha sido una curva de aprendizaje pronunciada para todos nosotros: gobiernos, empresas e individuos. Considero que la industria minera ha demostrado adaptabilidad, resiliencia y compasión en su respuesta a la pandemia.
El ICMM se fundó sobre un conjunto fundamental de principios que promueven el crecimiento económico sostenible, la construcción de comunidades resilientes e inclusivas y el desarrollo de las innovaciones necesarias para abordar con urgencia el cambio climático. Estos compromisos compartidos me dan optimismo de que la industria minera puede y podrá apoyar la recuperación a largo plazo, ayudando a las comunidades a recuperarse y reconstruirse.
Seguirá existiendo una demanda constante de los metales y minerales necesarios para respaldar un futuro más ecológico y sostenible. A medida que nuestros miembros sigan satisfaciendo esa demanda, también seguiremos contribuyendo a proteger a los trabajadores y a salvaguardar los medios de vida, y ayudaremos a las comunidades a recuperarse y a crear resiliencia de cara a un futuro mejor.

