¿Funciona tu mascarilla casera? Así puedes comprobarlo

Belgian Audrey Jacques, fashion designer and sewing teacher, sews homemade protective masks to be donated to relatives during the coronavirus lockdown, imposed by the Belgian government in an attempt to slow down the spread of COVID-19, in Brussels, Belgium March 23, 2020. REUTERS/Francois Lenoir - RC2UPF98ZEJ8
People from all around the world are making masks - but are they good enough to prevent transmission?Image: REUTERS/Francois Lenoir - RC2UPF98ZEJ8
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  • Personas de todo el mundo fabrican sus propias mascarillas para ayudar a prevenir la transmisión de la COVID-19, aunque muchas no son más útiles que los cubrebocas.

  • Las partículas del coronavirus miden alrededor de 0,08 micrómetros y las tramas de un cubrebocas de tela típico tienen huecos unas 1.000 veces más grandes.

  • Estas dos pruebas se pueden hacer en casa a bajo coste.

Si un cirujano llegara al quirófano con una mascarilla que se hubiera hecho esa mañana con un paño de cocina, probablemente lo despedirían. Esto se debe a que el equipo utilizado para tareas importantes, como la cirugía, debe probarse y certificarse para garantizar el cumplimiento de normas específicas.

Pero cualquiera puede diseñar y fabricar un cubrebocas para cumplir los nuevos requisitos de salud pública para usar el transporte público o ir a las tiendas.

De hecho, las discusiones sobre la calidad y el estándar de los cubrebocas están detrás de las recientes polémicas y explican por qué muchas personas creen que no son eficaces para protegerse contra la COVID-19. Incluso el lenguaje distingue entre mascarillas (que normalmente se consideran fabricadas según un determinado estándar) y cubrebocas, que pueden ser casi cualquier otra cosa.

Quizás el problema principal es que, si bien sabemos que las mascarillas bien diseñadas se han utilizado de forma eficaz durante muchos años como equipo de protección individual (EPI), durante el brote de COVID-19 escasez de EPI han hecho inviable que toda la población use mascarillas reguladas y reciba formación para usarlas eficazmente.

Como resultado, el argumento se ha alejado del uso de mascarillas para la protección personal y se ha orientado hacia el uso de “cubrebocas” para la protección pública. La idea es que, aunque los cubrebocas no regulados son muy variables, en promedio sí reducen la propagación del virus, quizás de forma similar a cubrirse la boca al toser.

Pero dada la gran variedad de cubrebocas no regulados que la gente usa ahora, ¿cómo sabemos cuál es el más eficaz?

Lo primero es entender qué entendemos por eficaz. Dado que las partículas del coronavirus miden alrededor de 0,08 micrómetros y las tramas de un cubrebocas de tela típico tienen huecos unas 1.000 veces más grandes (entre 1 y 0,1 milímetros), “eficacia” no significa atrapar el virus de forma fiable. En cambio, al igual que cubrirnos la boca al toser, el objetivo de usar cubrebocas de tela es reducir la distancia a la que se propaga nuestro aliento alejándose de nuestro cuerpo.

Experimento que muestra la eficacia de una mascarilla de grado médico durante la tos.Image: Universidad de Edimburgo

La idea es que, si tienes COVID-19, depositar en ti mismo o en las personas cercanas (a menos de un metro) cualquier virus que expulses al respirar es mucho mejor que esparcirlo sobre otras personas o superficies.

Así pues, un cubrebocas eficaz no pretende impedir que quien lo lleva contraiga el virus. Aunque desde una perspectiva personal podríamos querer protegernos, para ello deberíamos usar EPI diseñados específicamente, como las mascarillas FFP2 (también conocidas como N95). Pero, como se ha mencionado, al hacerlo corremos el riesgo de provocar escasez de mascarillas y de poner potencialmente en riesgo a los trabajadores sanitarios.

En cambio, si quieres evitar contraer el virus tú mismo, lo más eficaz es evitar los lugares concurridos quedándote en casa, idealmente, no te toques la cara y lávate las manos con frecuencia.

Dos pruebas sencillas

Si la eficacia de los cubrebocas significa impedir que nuestro aliento viaje demasiado lejos de nuestro cuerpo, ¿cómo podríamos comparar distintos diseños o materiales?

Quizás la forma más sencilla, como muestran varias imágenes o vídeos cada vez más compartidos en redes sociales, es encontrar a alguien que “vapee” y grabarlo exhalando el vapor mientras lleva un cubrebocas. Basta con echar un vistazo a una imagen así para descartar cualquier sugerencia de que estos cubrebocas impidan que escape el aliento.

En cambio, estas imágenes muestran que el aliento se dirige por encima de la cabeza, hacia abajo, sobre el pecho, y hacia atrás. Además, el aliento es turbulento, lo que significa que, aunque se dispersa, no llega lejos.

En comparación, si miras una imagen de alguien que no lleva cubrebocas, verás que la exhalación va sobre todo hacia delante y hacia abajo, pero a una distancia considerablemente mayor que con el cubrebocas.

Esta prueba es probablemente ideal para examinar distintos diseños y ajustes. ¿Funcionan mejor los cubrebocas que se sujetan alrededor de las orejas que las bufandas? ¿Hasta qué punto debe llegar un cubrebocas por debajo de la barbilla? ¿Cuál es el mejor ajuste para la nariz? ¿Cómo se comparan las pantallas faciales con las mascarillas? Todas estas preguntas podrían responderse con este método.

Pero, al realizar este experimento, debemos tener en cuenta que las partículas del “vapeo” miden alrededor de 0,1 a 3 micrómetros – significativamente más grandes que el virus. Aunque es probablemente razonable suponer que las partículas más pequeñas del virus viajarán en direcciones similares a las del vapeo, también existe la posibilidad de que atraviesen el cubrebocas en línea recta.

Para hacerse una idea de hasta qué punto podría ocurrir esto, se podría probar una sencilla prueba que consiste en intentar apagar una vela colocada justo delante de la persona que lleva el cubrebocas. Al principio se podría investigar la distancia junto con la intensidad de la exhalación, pero después se podrían probar cubrebocas hechos con distintos materiales y, sobre todo, con distinto número de capas. El diseño de cubrebocas que más dificulte desviar la llama de la vela probablemente proporcionará la mejor barrera para proyectar el virus hacia delante y a través del cubrebocas.

Sin equipos más sofisticados, sería difícil llevar a cabo otros experimentos sencillos en casa. Sin embargo, combinar las dos pruebas anteriores daría a quienes lo usen una buena idea de cuál de sus cubrebocas funcionaría mejor si el objetivo es evitar exhalar una posible infección hacia otras personas.

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