La sombra del sida se ha cernido sobre el mundo durante más de tres décadas, pero muchas cosas han cambiado en ese tiempo. En gran medida, se ha logrado controlar esta amenaza y convertir lo que antes era prácticamente una sentencia de muerte en una enfermedad tratable.
Desde que la pandemia del sida se propagó en la década de 1980, la enfermedad ha matado a un número estimado de 39 millones de personas y ha diezmado comunidades enteras.
La lucha por contener la propagación del VIH —el virus que actúa como catalizador del sida— ha propiciado numerosos avances médicos y contribuido a concienciar a la población mundial sobre los peligros asociados a él.
Muertes relacionadas con el sida en el mundo, por región, en 2017
Sin embargo, como muestra el gráfico, pese a los avances en los tratamientos, el sida sigue matando a casi un millón de personas en todo el mundo cada año. Las personas diagnosticadas con VIH en los países en desarrollo, especialmente en África subsahariana, a menudo no pueden costear los elevados precios de los nuevos tratamientos.
Prevenir es mejor que curar
Una de las armas más recientes en la lucha contra el VIH/sida es un tratamiento antiviral llamado profilaxis preexposición, abreviado PrEP.
Tomada a diario, la píldora azul ovalada de Truvada ayuda a prevenir la propagación del VIH. En los ensayos de Truvada en Australia, las nuevas infecciones se redujeron casi en un tercio con respecto a las tasas previas a los ensayos. Se ha comprobado que el tratamiento tiene una eficacia de entre el 90 % y el 99 % para frenar la propagación del VIH.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan ampliar el uso de Truvada. Sin embargo, el elevado costo del medicamento, de hasta 1500 dólares al mes, hace que este tratamiento preventivo esté fuera del alcance de muchas personas.
Romper el tabú
La rápida propagación de la epidemia mundial de sida se debió, en parte, a la falta de conocimiento sobre cómo se transmite el VIH.
La enfermedad empezó a aparecer en Estados Unidos a principios de la década de 1980. Los primeros casos conocidos afectaron a hombres homosexuales jóvenes que hasta entonces gozaban de buena salud y que sucumbieron a formas raras y agresivas de cáncer y neumonía. No tardó en suponerse que esta nueva enfermedad estaba vinculada a las comunidades homosexuales; uno de sus primeros nombres fue GRID, sigla de «gay-related immune deficiency» (inmunodeficiencia relacionada con la homosexualidad).
Pasarían varios años más hasta que se identificara correctamente el virus y se comprendieran su transmisión y desarrollo. Esto dio lugar a campañas de educación sanitaria que promovían el sexo seguro y al desarrollo de programas de intercambio de agujas para combatir el uso compartido de agujas entre personas con adicción a las drogas.
Aunque se sabe que el VIH/sida puede afectar a cualquier persona, independientemente de su orientación sexual, género o grupo étnico, el estigma no ha desaparecido por completo. En países con menor tolerancia cultural o abiertamente hostiles a las formas de vida no heterosexuales, la enfermedad sigue considerándose algo que debe temerse, repudiarse e incluso ignorarse.
Estas percepciones impiden que la gente se haga pruebas con regularidad y obstaculizan los esfuerzos continuos por contener el virus. Los recientes aumentos de las tasas de infección por VIH en Rusia se han atribuido a este tipo de actitudes negativas.
¿Podemos lograr un mundo sin sida?
Hoy en día hay más apoyo y comprensión para las personas que viven con VIH/sida, aunque no ocurre así en todas partes.
La esperanza de vida de las personas con VIH/sida ha mejorado enormemente con el tiempo. La tasa de mortalidad fue del 78 % entre 1988 y 1995, y descendió a alrededor del 5 % entre 2005 y 2009.
Hoy, gracias al uso temprano de medicamentos antirretrovirales, las personas con VIH pueden esperar tener una esperanza de vida normal. Además, también pueden esperar llevar una vida normal. La Organización Mundial de la Salud recomienda recetar a las personas infectadas por el virus una combinación, o cóctel, de distintos medicamentos antirretrovirales. Fármacos como el tenofovir, la emtricitabina, la lamivudina y el efavirenz se combinan para combatir la carga viral de la persona —o, dicho de forma sencilla, la cantidad de virus que hay en el organismo.
Aunque no es una cura, el tratamiento antirretroviral puede reducir la carga viral hasta niveles indetectables. Los estudios han descubierto que las personas con VIH y carga viral indetectable no transmiten el virus a otras.
Pero ¿podremos predecir algún día con certeza que se acerca una generación libre de sida?
ONUSIDA, el organismo de las Naciones Unidas responsable de coordinar la lucha mundial contra la epidemia, señala que, pese a los grandes avances, todavía queda trabajo por hacer.
El próximo objetivo de quienes investigan el VIH es lograr una vacuna fiable. Ya se están llevando a cabo estudios y pruebas y, aunque los primeros indicios son alentadores, no hay un plazo previsto para que exista una vacuna contra el VIH de amplia disponibilidad. Una cura quizá sea aún menos probable, debido a la forma en que el virus se replica en el organismo de la persona infectada. Como cualquier virus, el VIH infecta células individuales y secuestra su ADN, que luego utiliza para replicarse.
Por muy bueno que sea el VIH para propagarse, no es tan bueno para hacer copias precisas. Las mutaciones que se producen durante su replicación hacen que al sistema inmunitario del organismo le resulte extremadamente difícil atacarlo con precisión.

