Así puede Asia mantener el crecimiento con una población cada vez más envejecida

People use wooden dumbbells during a health promotion event to mark Japan's "Respect for the Aged Day" at a temple in Tokyo's Sugamo district, an area popular among the Japanese elderly, September 15, 2014. The population aged over 65 in Japan reaches about 33 million, which is the highest number in the history meaning one out of every four people is 65 or older, according to the government survey. REUTERS/Yuya Shino (JAPAN - Tags: SOCIETY HEALTH SPORT) - RTR467JR
Slowing productivity growth could compound Asia’s demographic problem.Image: REUTERS/Yuya Shino
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Asia ha sido la campeona mundial del crecimiento económico durante décadas, y este año no será la excepción. Según las últimas Perspectivas económicas regionalesdel Fondo Monetario Internacional (REO, por sus siglas en inglés), se prevé que el PIB de Asia-Pacífico aumente un 5.5% en 2017 y un 5.4% en 2018.

A pesar del aumento de las tensiones geopolíticas, la mayoría de los países de la región han mantenido su impulso económico. Se han beneficiado de políticas que respaldan una sólida demanda interna en China y Japón, así como de condiciones mundiales favorables. El crecimiento se está acelerando en muchas economías avanzadas y emergentes, y los mercados financieros han demostrado ser resilientes en su mayor parte.

No obstante, Asia aún tendrá que hacer frente a desafíos fundamentales a medio y largo plazo, entre ellos el envejecimiento de su población, un problema bien conocido por la mayoría de los responsables de las políticas. En décadas pasadas, la región obtuvo un dividendo demográfico gracias a su fuerza laboral joven y en expansión y a políticas de crecimiento sólidas. Pero este dividendo ya se ha agotado en países «viejos» como Japón y China. Con el descenso de las tasas de fecundidad y una mayor esperanza de vida, la fuerza laboral se reduce y envejece al mismo tiempo.

Ciertamente, no todos los países asiáticos envejecen al mismo ritmo. En China, Japón, Corea y Tailandia, estas tendencias demográficas podrían restar entre 0.5 y un punto porcentual completo al crecimiento anual durante las próximas tres décadas. En cambio, en países «jóvenes» como India, Indonesia y Filipinas, la población en edad de trabajar aumentará, lo que sumará entre 1 y 1.5 puntos porcentuales al crecimiento anual promedio durante el mismo período.

Y, sin embargo, ni siquiera estos países jóvenes se librarán de los efectos del envejecimiento de la población. En el REO de Asia-Pacífico de este año señalamos un hecho poco conocido: casi toda Asia corre el riesgo de envejecer antes de llegar a ser rica.

¿Por qué ocurre esto? Para empezar, aunque hoy Asia no es la región más envejecida del mundo, está envejeciendo a un ritmo extraordinariamente rápido. Un indicador de ello es la tasa de dependencia de las personas mayores: la proporción de la población que tiene 65 años o más. En Europa, esta tasa tardó en promedio 26 años en pasar del 15% al 20%; en Estados Unidos, tardó más de 50 años. Entre los países asiáticos, solo Australia y Nueva Zelanda envejecieron a ritmos similares. En la mayoría de los demás países de la región, esta transición duró —o durará— menos de 15 años.

Image: Project Syndicate

Por eso, ser la campeona mundial del crecimiento no basta. Para entender por qué, consideremos el ingreso de cada país per cápita (en términos de paridad del poder adquisitivo) cuando su tasa de dependencia de las personas mayores, comparada con la experiencia de Estados Unidos, alcanzó o alcanzará su máximo. Como muestra el gráfico anterior, con excepción de economías asiáticas ya ricas como Australia, Hong Kong, Japón y Singapur, el ingreso per cápita de las economías asiáticas queda, o quedará, muy por debajo del de otras economías avanzadas que se encuentran en etapas similares del ciclo de envejecimiento.

Por ejemplo, cuando China alcanzó en 2011 el máximo de su población de edad avanzada, su ingreso per cápita todavía equivalía apenas al 20% del nivel de Estados Unidos; y cuando Vietnam llegó a ese punto en 2014, la cifra era solo del 10%. Y, pese a su población joven y su sólido crecimiento, el ingreso per cápita de India solo habrá alcanzado el 45% del nivel de Estados Unidos cuando su población de edad avanzada llegue a su máximo, en torno a 2040; y eso supone, de manera optimista, que India mantendrá un crecimiento muy sólido durante las próximas décadas.

Esta tendencia demográfica tiene consecuencias de gran alcance para la región. Los países asiáticos dispondrán de mucho menos tiempo que las economías avanzadas para prepararse para la transición a una sociedad envejecida. Peor aún, tendrán que gestionar los elevados costos fiscales del envejecimiento cuando todavía sean relativamente pobres, lo que generará nuevas presiones sociales, ya visibles en los países asiáticos «viejos».

Además, la desaceleración del crecimiento de la productividad podría agravar el problema demográfico de Asia. Desde la crisis financiera de 2008, el crecimiento de la productividad se ha desacelerado en las economías avanzadas de Asia y, en menor medida, también en sus economías emergentes. Por ello, el impulso de la región para alcanzar a los países situados en la frontera tecnológica mundial se ha estancado durante la última década.

Para impulsar la productividad en el futuro, los gobiernos asiáticos deberán aplicar hoy reformas estructurales bien orientadas. Dado el rápido envejecimiento de la población de Asia, es crucial que esas reformas incluyan políticas para proteger a las personas mayores, reforzar las redes de protección social e impulsar el crecimiento a largo plazo. Los gobiernos también tendrán que facilitar la participación de las mujeres y los trabajadores de más edad en la fuerza laboral, ampliando los servicios de cuidado infantil y creando incentivos para que las empresas flexibilicen los requisitos de edad de jubilación.

Como han demostrado Australia, Hong Kong, Nueva Zelanda y Singapur, la inmigración puede amortiguar el impacto del rápido envejecimiento. Además, al fortalecer los sistemas de pensiones, por ejemplo mediante prestaciones mínimas garantizadas, los gobiernos pueden ofrecer una red de protección a las personas mayores vulnerables y reducir los incentivos al ahorro precautorio.

Estas políticas deben complementarse con reformas que mejoren la productividad. Las prioridades variarán de un país a otro, pero todos tendrán que aumentar la inversión en educación y formación continua, al tiempo que avanzan con las reformas de los mercados laboral y de productos.

Por último, las economías asiáticas avanzadas deberían centrarse en mejorar la innovación mediante una asignación más eficaz del gasto en investigación y desarrollo y el aumento de la productividad en el sector servicios. Por su parte, los países emergentes y en desarrollo tendrán que atraer más inversión extranjera directa, impulsar la inversión nacional y ampliar su capacidad para adoptar nuevas tec

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