Los costos sanitarios empobrecen a millones de personas. 4 formas de poner fin a la injusticia

An Afghan child receives polio vaccination drops during an anti-polio campaign in Kabul March 24, 2014. REUTERS/Mohammad Ismail (AFGHANISTAN - Tags: HEALTH SOCIETY TPX IMAGES OF THE DAY) - GM1EA3O1NHO01
Every year millions are impoverished as they are forced to fund their own healthcareImage: REUTERS/Mohammad Ismail
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Al menos la mitad de la población mundial todavía no tiene cobertura completa de los servicios de salud esenciales.

Cada año, más de 100 millones de personas caen en la pobreza extrema porque deben pagar de su bolsillo su atención sanitaria.

Todos los Estados miembros de la ONU han acordado trabajar para lograr la cobertura sanitaria universal (CSU) para 2030, como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El Día Mundial de la Salud de este año está dedicado a la CSU, lo que significa que todas las personas y comunidades reciben servicios de salud esenciales y de calidad, desde la promoción y prevención de la salud hasta el tratamiento, la rehabilitación y los cuidados paliativos, sin sufrir dificultades financieras.

La CSU es una inversión en el capital humano de los países. El acceso a una atención esencial de calidad y la protección financiera en materia de salud no solo mejoran la salud y la esperanza de vida de las personas, sino que también protegen a los países y a las empresas de las epidemias, reducen la pobreza, crean empleos, aumentan la productividad y, en última instancia, impulsan el crecimiento económico.

Pero no significa cobertura gratuita para todos ni para cada intervención sanitaria posible. Lo que sí permite es que todas las personas accedan a servicios que atienden las causas más importantes de enfermedad y muerte, y garantiza que la calidad de esos servicios sea lo bastante buena como para mejorar la salud de las personas, al tiempo que ofrece protección frente al riesgo financiero.

El Director General de la OMS califica la CSU de “cuestión de valores”, ya que garantiza que millones de familias tengan acceso a la atención sin empobrecerse debido a gastos sanitarios catastróficos. Sin duda, se trata de una cuestión de aumentar la equidad y de desarrollar sociedades más inclusivas.

Equidad: La CSU consiste en proteger a las personas de las consecuencias financieras de pagar de su propio bolsillo los servicios de salud, y sabemos que casi 800 millones de personas destinan al menos el 10 % de su presupuesto familiar a la atención sanitaria. En un país con un sistema de CSU plenamente operativo, el sostén de una familia al que se diagnostica cáncer de pulmón, por ejemplo, no tendría que pagar de su bolsillo la totalidad de su tratamiento por carecer de seguro; en muchos casos, esto obligaría a una familia a gastar la mayor parte de sus ingresos disponibles, todos sus ahorros y, a menudo, cualquier bien de valor.

Inclusión: Aunque la CSU consiste en acceder a tratamientos para las causas más comunes de morbilidad y mortalidad para todos los ciudadanos, y en garantizar que se presten conforme a estándares de calidad, también permite una expansión progresiva de los servicios a medida que haya más experiencia y recursos disponibles.

Muchos ven la CSU como una herramienta de financiación sanitaria. Sin embargo, para que funcione, debe integrar todos los aspectos del sistema de salud: el personal sanitario, los sistemas de prestación de servicios, los dispositivos y productos médicos, la gobernanza, la legislación y mucho más. No es de extrañar que el antiguo Director General de la OMS describa la cobertura sanitaria universal como “el concepto más poderoso que la salud pública tiene que ofrecer. Es inclusivo. Unifica los servicios y los presta de forma integral e integrada.”

Sin embargo, para lograr todo esto, las sociedades necesitarán cuatro cambios principales hacia una nueva mentalidad:

1) De la ayuda internacional a la recaudación sostenible de ingresos nacionales: la CSU sostenible procederá cada vez más de los recursos propios de los países y menos de la filantropía o la ayuda internacional. Los gobiernos tienen un papel de liderazgo fundamental que desempeñar en este cambio.

Ya sea que la CSU se financie mediante impuestos generales, un impuesto afectado a la salud o una prima de tarifa plana, el dinero debe provenir de las propias personas. Para que eso ocurra, los gobiernos deben mejorar sus sistemas de salud, tal como se describió anteriormente, de modo que las personas perciban el valor de los servicios y, por tanto, contribuyan de buena gana con los impuestos necesarios. Hay muchos casos en los que los países cuentan con legislación sobre la CSU, financiación basada en impuestos e instituciones que prestan atención, pero aun así las personas tienen que pagar hasta el 50 % de sus gastos sanitarios de su bolsillo debido a ineficiencias en el sistema de prestación, corrupción u otros fallos.

Por tanto, cuando los gobiernos no cumplen su parte, es posible que los ciudadanos carezcan de motivación.

Otro aspecto de la financiación nacional es la mentalidad de “solidaridad” en los casos en que la salud se financia mediante impuestos directos o impuestos afectados. Cuando las personas deben pagar un impuesto sanitario, quienes tienen mayores ingresos subvencionan la atención de quienes tienen ingresos más bajos, aunque reciban exactamente la misma atención.

También debe explorarse el posible papel del sector privado en la movilización de la financiación nacional: las grandes empresas pueden agrupar su base de empleados y, de ese modo, crear incentivos para que las aseguradoras privadas suscriban pólizas, como ocurrió con los recientes anuncios de Berkshire Hathaway, Amazon y JP Morgan.

2) De la financiación tradicional a los mecanismos de financiación innovadores: la financiación innovadora cobró protagonismo tras la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo celebrada en Monterrey (México) en 2002, como medio para aportar financiación adicional para la salud mundial.

Actualmente, los instrumentos y mecanismos de financiación innovadores se utilizan principalmente para financiar campañas de vacunación, investigación y desarrollo, seguros contra catástrofes y deuda pública del sector salud.

El papel de las finanzas innovadoras en la CSU debe analizarse detenidamente, ya que los inversores exigen rendimientos financieros; esto suele significar que los pacientes realizan pagos directos a los prestadores por servicios básicos de salud, lo que podría comprometer el acceso a la atención de los pobres y la equidad del sistema de salud.

Por tanto, se requieren nuevas mentalidades y enfoques para garantizar que no solo estamos aplicando financiación innovadora, sino financiación innovadora y equitativa.

3) De la financiación pública a una combinación de cooperación pública y privada: se acepta en general que los gobiernos desempeñan un papel de liderazgo en la financiación y la regulación de la CSU, y que el sector sanitario privado puede contribuir a la prestación de servicios.

Sin embargo, el sector privado puede contribuir de otras muchas formas. Puede desarrollar nuevas tecnologías y modelos de negocio que ofrezcan una mejor atención; puede brindar atención a sus empleados, formar al personal sanitario, cofinanciar campañas de salud pública o la introducción de nuevos productos, y puede contribuir al desarrollo de políticas gracias a su experiencia sobre el terreno.

Además, otros sectores, como la educación, el medio ambiente, el transporte y la infraestructura, son fundamentales para la prestación de servicios de CSU de calidad, lo que subraya la importancia de una cooperación a largo plazo no solo entre los sectores público y privado, sino también entre sectores, con el fin de cumplir una agenda compartida de poblaciones más sanas y productivas.

4) Del papel a la tecnología: a medida que se diseñan nuevos programas de CSU, la consideración clave, además de la sostenibilidad, debe ser la escalabilidad.

Las innovaciones tecnológicas en salud, es decir, la salud electrónica y la telemedicina, pueden ayudar a garantizar que los recursos se utilicen de forma más eficiente y eficaz.

Las soluciones de TIC también pueden ayudar a empoderar a los pacientes para que participen activamente en su propia atención e influyan así en el sistema de salud. Algunos elementos de la atención también pueden trasladarse de los hospitales a los hogares mediante tecnología conectada. Esto puede permitir el apoyo remoto y el seguimiento de la adherencia a la terapia. Así ocurre, por ejemplo, con Proteus Discover, un conjunto de herramientas médicas digitales compuesto por sensores ingeribles, un pequeño parche sensor portátil, una aplicación para dispositivos móviles y un portal para proveedores que aporta información sobre la salud de los pacientes y ayuda a los médicos a mejorar los resultados clínicos.

Otro ejemplo es el sistema nacional de historias clínicas electrónicas de Estonia, que eliminó los silos de datos y mejoró la calidad y la eficiencia del diagnóstico y el tratamiento.

A menudo escuchamos la pregunta: “¿Cómo podemos hacerlo mejor?”, que suele significar hacer más de lo mismo, pero mejor. Sin embargo, la pregunta debería ser: “¿Cómo podemos hacer las cosas de otra manera?”. La respuesta no consiste simplemente en añadir capas de coordinación a los esfuerzos existentes, sino en dar saltos cualitativos: no solo adoptar tecnologías modernas y nuevos modelos de negocio, sino también fomentar valores inclusivos y nuevas mentalidades.

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