¿Deberíamos preocuparnos por el humo de tercera mano?

A man lights a cigarette on the street in Brioude, France, June 8, 2018. REUTERS/Regis Duvignau
A burning issue.Image: REUTERS/Regis Duvignau
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Los peligros de fumar son bien conocidos: enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón. Afectan tanto a los fumadores, que inhalan directamente nicotina y otras sustancias químicas, como a los no fumadores, que están expuestos al humo exhalado «de segunda mano» y al extremo encendido de los cigarrillos y los puros.

Pero ¿qué ocurre con los riesgos del humo de tercera mano? ¿Qué es y deberíamos preocuparnos?

El término «humo de tercera mano» se refiere al residuo del humo que queda en la ropa, las alfombras, los muebles, la piel y el cabello: el invisible polvo de tabaco que se deposita en el entorno y permanece allí incluso después de que se haya apagado un cigarrillo.

Como explica el gráfico siguiente, una vez que estos compuestos se depositan sobre estas superficies, las sustancias químicas experimentan un proceso de envejecimiento, que modifica la estructura de los contaminantes del humo.

Image: Organización Mundial de la Salud

Hogares de fumadores

La nicotina presente en el residuo del humo de tercera mano reacciona con contaminantes comunes del aire interior, como el ácido nitroso y el ozono, y da lugar a la formación de carcinógenos, o compuestos que pueden causar cáncer, según investigadores del Hospital General de Massachusetts para Niños. Después, las sustancias químicas se vuelven a emitir de forma continua al aire en un proceso conocido como «desgasificación».

Los esfuerzos por dispersar el humo, como abrir las ventanas o utilizar un ventilador, no impiden que se forme el humo de tercera mano ni evitan que se inhale. Además, este residuo puede liberar sustancias químicas nocivas durante años, e incluso décadas.

¿A cuántas personas afecta un solo cigarrillo?Image: REUTERS/Alex Grimm

Aunque es un término relativamente nuevo, el humo de tercera mano lleva décadas siendo objeto de investigación. En 1953, un científico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis demostró que un condensado elaborado a partir del residuo del humo de cigarrillo causaba cáncer.

En un estudio de 1991, los investigadores encontraron nicotina en el polvo de los hogares de fumadores. Un estudio posterior, realizado en 2004, halló que la nicotina seguía presente en los hogares donde los fumadores habían intentado limitar la exposición, por ejemplo fumando al aire libre.

Los bebés y los niños corren un mayor riesgo de estar expuestos al humo de tercera mano porque respiran o ingieren las toxinas cuando están en brazos de adultos, se sientan en asientos de coche o gatean por suelos donde las toxinas pueden haberse acumulado con el tiempo. Sus sistemas inmunitarios y sus órganos en desarrollo los hacen especialmente vulnerables.

Para reducir este riesgo, la Academia Estadounidense de Pediatría ha publicado recomendaciones para ayudar a limitar la exposición de los niños.

¿Qué se puede hacer?

La Organización Mundial de la Salud pide a los países que intensifiquen las medidas para proteger a la población de la exposición al tabaco. Según afirma, las prohibiciones de la publicidad, la promoción y el patrocinio del tabaco pueden contribuir a reducir su consumo.

Subir los impuestos, advertir sobre los peligros de fumar y ofrecer ayuda a las personas que desean dejar de fumar son iniciativas que han contribuido a reducir el impacto del tabaco en la salud de las personas en todo el mundo.

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