¿Dónde comenzará la próxima epidemia?

Generally, pandemic emerge where humans and animals that carry viruses intersect.Image: The Conversation
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  • Las enfermedades zoonóticas son aquellas que se transmiten de los animales a los seres humanos e incluyen, entre otras, el ébola y el zika.

  • Aunque podemos vigilar estas enfermedades, puede resultar difícil determinar dónde se produjo la transmisión inicial.

  • Para averiguar de dónde podría surgir la próxima epidemia, debemos entender el ciclo de transmisión endémica de los virus y luego remontarnos a sus orígenes.

  • Poder vigilar las enfermedades en estado silvestre, en huéspedes capaces de transmitirlas, es mucho más eficaz que limitarse a observar un mapa.

Los virus que saltan de los animales a los seres humanos han sido el origen de numerosos brotes, desde el ébola hasta el zika. Dada la similitud del SARS-CoV-2 con los coronavirus hallados en murciélagos, probablemente esto también marcó el comienzo de la COVID-19.

Sabemos que los virus se han transmitido de los animales a los seres humanos a lo largo de la historia y que seguirán haciéndolo. Sin embargo, los factores que influyen en el origen geográfico de estos acontecimientos están menos claros, pese a su gran importancia. Saber dónde ocurren puede ayudarnos a entender los factores que llevan a un virus a cruzar la barrera entre especies, en particular, al examinar las características de los virus que circulan en el ecosistema donde se produjo el salto.

Pero a veces es difícil identificar el origen de un virus. El movimiento de las personas es constante y se extiende por amplias zonas, lo que significa que el primer caso de una enfermedad puede aparecer a cientos, si no miles, de kilómetros del lugar donde comenzó la transmisión a los seres humanos. Ante esto, ¿dónde deberíamos buscar el virus que podría causar la próxima epidemia?

Más allá de África y Asia

Por lo general, los virus emergen allí donde coinciden los seres humanos y los animales portadores de virus. La interacción repetida entre las personas, estos animales o insectos y el entorno más amplio en el que circula el virus aumenta las posibilidades de que este salte de una especie a otra. Se cree que estos saltos son poco frecuentes y que probablemente se producen debido a un conjunto específico de circunstancias que no necesariamente se pueden predecir.

Los seres humanos están expuestos a virus constantemente. La mayoría de estas exposiciones dan lugar a una «infección sin transmisión posterior», en la que el virus no se transmite. Sin embargo, en ocasiones el virus puede replicarse y transmitirse a un nuevo huésped o, si se transmite por un vector, a un insecto que establece un nuevo ciclo de transmisión funcional.

Esto sucede en todo el mundo, aunque los brotes recientes que acaparan los titulares dan la impresión de que los virus emergen más en unos lugares que en otros. En particular, la gravedad de brotes como el SARS en Asia y el ébola en África hace parecer que estos son los únicos lugares donde ocurre. No es así.

Por ejemplo, el virus de Schmallenberg, que infecta principalmente al ganado y causa abortos espontáneos en los animales infectados, apareció hace poco en Europa. Y aunque no se habla mucho de los virus que emergen en Sudamérica, también ocurre allí. El virus de la encefalitis equina venezolana y el virus de Mayaro han causado brotes repetidamente en América del Sur y Central. Estas enfermedades no son más conocidas precisamente porque no se han propagado más allá de las Américas.

Otro factor que ha impedido que el virus de Mayaro reciba más atención es que sus síntomas son muy parecidos a los de la enfermedad causada por otro virus: el chikunguña. Además, a menudo se diagnostica erróneamente como dengue, lo que significa que no se está notificando el verdadero número de casos de Mayaro.

El virus de Mayaro ha causado brotes repetidamente en América del Sur y Central.Image: Emerging Microbes & Infections

Esto apunta a un problema más amplio: la mayoría de los virus causan síntomas muy similares al principio. En las zonas donde el dengue o la malaria son endémicos, la mayoría de las enfermedades virales se atribuyen a estas infecciones, lo que oculta la aparición de nuevos virus hasta que se vuelven comunes; para entonces, es posible que ya se hayan propagado desde su lugar de origen. Se necesitan métodos de diagnóstico más rápidos y eficaces para ayudar a identificar este tipo de enfermedades nuevas antes de que puedan pasar a nuevos ciclos de transmisión.

Las personas que viven cerca de donde un virus es endémico tampoco siempre muestran indicios de su emergencia. Debido a la exposición habitual al virus, puede que no presenten síntomas de infección. Es posible que solo cuando el virus llega a una población no expuesta haya suficientes casos para identificarlo. En el mundo actual, tan interconectado, esto podría ocurrir a medio mundo de distancia.

Debemos fijarnos en los huéspedes

Si no es realmente factible determinar dónde comenzará la próxima epidemia con solo mirar un mapa, ¿qué deberíamos hacer? Una estrategia mejor es intentar entender el ciclo de transmisión endémica de los virus —es decir, observar los animales y entornos en los que los virus se replican sin causar enfermedades en los seres humanos— y luego remontarnos a sus orígenes.

Saber qué virus ya circulan entre los animales puede ayudarnos a rastrear el origen de las enfermedades humanas cuando se producen nuevos brotes. Este conocimiento es fundamental para entender los posibles riesgos en distintas regiones del mundo. También puede ayudarnos a desentrañar qué factores hacen más probable que los virus salten a los seres humanos.

Por ejemplo, en el caso del SARS-CoV-2, fue una investigación anterior sobre los ciclos de transmisión de los coronavirus de murciélago en China la que ayudó a identificar a estos animales como el probable origen del brote. Esto nos permite ahora investigar qué tienen los murciélagos que hace que participen tan a menudo en la transmisión de virus a los seres humanos.

Es posible que la adaptación de los coronavirus a los murciélagos aumente la probabilidad de que puedan saltar a otras especies de mamíferos, incluidos los seres humanos. También podría ser que la fisiología de los murciélagos los convierta en portadores excelentes de virus. Sin embargo, otros estudios recientes indican que los virus emergen con mayor frecuencia de los murciélagos simplemente porque existe un gran número de especies de murciélagos, y no porque los propios murciélagos sean huéspedes excepcionales.

Nuestra comprensión de las especies de virus presentes en los murciélagos y otras especies apenas está comenzando; de hecho, el estudio que ayudó a rastrear el origen del SARS-CoV-2 hasta los murciélagos en China se interrumpió hace poco. Si realmente queremos intentar predecir cuál podría ser el próximo virus peligroso y de dónde podría proceder, debemos ampliar este tipo de trabajo, no ponerle fin.

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