El uso de la telemedicina se disparó durante la pandemia, pero la monitorización remota de pacientes no ha seguido la misma tendencia.
Los wearables pueden mejorar los resultados sanitarios durante las pandemias.
Así se pueden utilizar los datos de los wearables para mejorar la salud pública.
Desde hace años, los analistas prevén el auge de la telemedicina. Sin embargo, fue necesaria una pandemia para que la gente la adoptara. Algunos estudios calculan que, en 2020, la telemedicina representó el 20 % de todas las consultas médicas y que fue prestada por tres de cada cuatro hospitales estadounidenses.
Cabría suponer que el meteórico crecimiento del sector habría coincidido con un aumento del uso de tecnologías para monitorizar la salud a distancia.
Pero no. Por ejemplo, un estudio reciente, realizado en parte por el grupo profesional que dirijo en la Digital Medicine Society (DiMe), en el que se observó que solo el 11 % de las consultas virtuales han utilizado la monitorización remota durante la pandemia.
Y, sin embargo, la capacidad existe: en los últimos seis meses, Amazon y Apple han presentado sofisticados rastreadores de actividad física para medir la temperatura corporal y los niveles de oxígeno en sangre. Sin embargo, los profesionales sanitarios se han mostrado cautelosos a la hora de utilizar estas nuevas herramientas, lo cual es comprensible, dado que no tienen una idea clara de cómo pueden emplearse de forma segura, eficaz y ética.
¿Cuál de los siguientes tipos de telesalud utiliza para prestar atención clínica?
Cerrar la brecha
Para abordar estas preocupaciones, en septiembre, mi equipo de DiMe contribuyó a lanzar The Playbook, una guía exhaustiva para favorecer el desarrollo y la implantación satisfactorios de medidas de salud digital para la atención a los pacientes, la investigación clínica y la salud pública.
Elaborado con la colaboración de colegas de la FDA y de participantes de más de 200 organizaciones de todo el mundo, The Playbook es un recurso de acceso abierto que se ha descargado miles de veces y que han utilizado una amplia gama de socios, entre ellos gigantes farmacéuticos como Merck y Pfizer.
Los datos generados por las personas, en lugar de por las clínicas, abren la puerta a un futuro en el que un sistema sanitario exitoso se define por la salud de las personas y no por el tratamiento de sus enfermedades.
Jennifer Goldsack
Justo después del éxito de The Playbook, nuestro equipo tuvo el placer de unirse al Foro en su nueva plataforma centrada en el uso de wearables de consumo para tratar de mejorar los resultados sanitarios durante las pandemias. Esta iniciativa cuenta con la colaboración de los CDC, Facebook, Google, la Clínica Mayo y la Organización Mundial de la Salud.
Si The Playbook representa la hoja de ruta fundamental, la colaboración con el Foro pretende utilizar ese mapa para emprender algunos viajes reales, en forma de estudios piloto y, finalmente, ensayos clínicos a gran escala.
Y tenemos un objetivo muy concreto en el horizonte: aplicar las mejores prácticas bajo la presión de la mayor crisis de salud pública de nuestra vida.
Reimaginar la atención sanitaria en la era digital
Establecer enfoques para utilizar los datos generados por las personas, en lugar de por las clínicas, abre la puerta a un futuro en el que un sistema sanitario exitoso se define por la salud de las personas y no por el tratamiento de sus enfermedades.
Este enfoque allana el camino para garantizar que, cuando las personas necesiten atención, reciban el tipo adecuado, en el lugar adecuado y en el momento adecuado.
¿Qué es necesario para tener éxito? ¿Qué significa adoptar el enfoque «correcto» para utilizar los datos de los wearables para mejorar la salud pública?
El aspecto moral
Estos datos no deberían publicarse sin restricciones, ya que hacerlo supone amenazas para la privacidad de los usuarios. Los agentes malintencionados pueden combinar algo tan simple como el recuento de pasos para reidentificar a personas a partir de sus datos de wearables.
Además, el riesgo potencial asociado a estos datos ha aumentado rápidamente, a medida que se han desarrollado tecnologías capaces de recopilar información sobre nuestro corazón, nuestro sueño, nuestros pulmones e incluso nuestra cognición.
Ganarse la confianza del público es fundamental. Por ello, el respeto a las preferencias de las personas y la priorización de su seguridad deben estar en la base de nuestro trabajo. Esto implica establecer sistemas de gobernanza que proporcionen a las autoridades sanitarias y a otros usuarios autorizados información segura, agregada y anonimizada sobre la salud de las personas y de las poblaciones.
En segundo lugar, los principios de equidad y justicia exigen que la carga y los beneficios del uso de los rastreadores de actividad física se distribuyan de manera equitativa. Existe un creciente volumen de pruebas de que los wearables con sensores ópticos no funcionan igual de bien en distintos tonos de piel.
En este ámbito, como en otros, la brecha digital es muy visible: muchas personas carecen de acceso a estas tecnologías, de los planes de datos necesarios para que resulten útiles y/o de la alfabetización digital necesaria para utilizar los wearables con éxito.
En un mundo en el que las desigualdades sanitarias son cada vez más pronunciadas, tanto entre países como dentro de ellos, debemos adoptar un enfoque intencionado para garantizar que estas tecnologías mejoren la atención sanitaria para todos, y no solo para unos pocos privilegiados.
En tercer lugar, la utilidad de los datos de los rastreadores de actividad física está limitada por la falta de estándares. Incluso las métricas de salud tan sencillas como la frecuencia cardiaca no pueden compararse fácilmente entre plataformas. Si un wearable mide la frecuencia cardiaca como el número de latidos por cada 10 segundos, y otro informa de la frecuencia cardíaca «instantánea» tras cada latido, resulta imposible comparar e intercambiar datos sin añadir capas adicionales de software.
Por ello, es fundamental que los principales actores se unan para desarrollar estándares que permitan que estos datos sean verdaderamente útiles para impulsar la atención sanitaria.
Cómo los estándares hacen útiles los datos
Con The Playbook ofrecemos un marco común para las empresas que desarrollan herramientas de monitorización de la salud basadas en sensores. Por mucho potencial que tengan, no está garantizado que estas tecnologías vayan a mejorar los resultados por igual. Por eso necesitamos esfuerzos bien informados e intencionados para implantar nuevas herramientas de forma ética y equitativa.
La iniciativa del Foro está pensada para demostrar, y no solo explicar, a la comunidad mundial lo que se requiere para hacerlo realidad en la práctica.
Nos encontramos en un punto de inflexión importante, en el que las tecnologías de consumo de alta calidad se han generalizado y han surgido capacidades informáticas que permiten procesar enormes conjuntos de datos y extraer significado de ellos.
La pandemia no ha hecho sino catalizar aún más un compromiso compartido con la reinvención de nuestra forma de abordar la mejora de la salud y la atención sanitaria.
Depende de cada uno de nosotros asegurarnos de que utilizamos estas tecnologías y los datos que generan para ayudar, y no obstaculizar, el progreso hacia una mejor salud. Para todos.

