De las infodemias a los confinamientos: las historias detrás del vocabulario de una pandemia

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The term 'social distancing' has actually been around since the 1950s.Image: Unsplash/Engin Akyurt
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  • Muchas de las palabras que utilizamos durante la pandemia de COVID-19, como «distanciamiento social» o «cuarentena», en realidad se formaron durante brotes anteriores.

  • El término coronavirus se acuñó en 1968 y hacía referencia a la apariencia del virus bajo el microscopio, que revela un halo o corona distintivos.

El lenguaje siempre cuenta una historia. Mientras el COVID-19 sacude al mundo, muchas de las palabras que utilizamos para describirlo se originaron durante calamidades anteriores y tienen historias coloridas detrás de ellas.

En la Edad Media, por ejemplo, las enfermedades infecciosas de rápida propagación se conocían como plagas – como en la peste bubónica, que recibe su nombre por las características inflamaciones (o bubones) que aparecen en la ingle o la axila. Con origen en la palabra latina plaga que significa «golpe» o «herida», plaga llegó a referirse a una calamidad más amplia por su uso para describir las diez plagas que sufrieron los egipcios en el libro bíblico del Éxodo.

Un término alternativo, pestilencia, deriva del latín pestis («plaga»), que también es el origen del francés peste, título de la novela de 1947 de Albert Camus (La Peste) que ha subido como la espuma en las listas de los más vendidos en las últimas semanas. El latín pestis también nos da plaga, que hoy se usa para describir a los animales que destruyen cultivos, o cualquier molestia o irritante general. De hecho, la bacteria que causa la peste bubónica se llama Yersinia pestis.

El brote de peste bubónica del siglo XIV también se conocía como la Gran Mortandad o la Gran Muerte. La Peste Negra, que hoy es el término más extendido para describir esa catástrofe, es, en realidad, una traducción del siglo XVII de un nombre danés para la enfermedad: «Den Sorte Død».

La propagación de la peste bubónica en el Reino Unido.Image: Wikimedia Commons

El veneno de serpiente, el ‘virus’ original

Las posteriores plagas del siglo XVII dieron lugar a la acuñación de la palabra epidemia. Procede de una palabra griega que significa «prevalente», de epi «sobre» y demos «pueblo». La más grave pandemia recibe ese nombre porque afecta a todos (del griego pan «todo»).

Un término más reciente, infodemia, una combinación de info y epidemia, se introdujo en 2003 para referirse a la avalancha de desinformación y noticias falsas que acompañó al brote del SARS (sigla formada por las letras iniciales de «síndrome respiratorio agudo grave»).

El equivalente del siglo XVII al distanciamiento social era «evitar a alguien como a la peste». Según el relato de Samuel Pepys sobre el brote que asoló Londres en 1665, las casas infectadas se marcaban con una cruz roja y tenían inscritas en las puertas las palabras «Lord have mercy upon us» («Señor, ten piedad de nosotros»). Lo mejor era evitar las propiedades así marcadas.

La pandemia actual, la COVID-19, es una forma abreviada de enfermedad por coronavirus 2019. El término para este género de virus se acuñó en 1968 y hacía referencia a su apariencia bajo el microscopio, que revela un halo o corona distintivos (del latín corona). Virus procede de una palabra latina que significa «veneno», usada por primera vez en inglés para describir el veneno de una serpiente.

La carrera por encontrar una vacuna se ha centrado en el equipo del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, que lleva el nombre de Edward Jenner (1749-1823). Fue su descubrimiento de que el contacto con la viruela bovina hacía que las lecheras se volvieran inmunes a la cepa más grave que se encuentra en la viruela. Este descubrimiento está detrás del término vacuna (del latín vacca «vaca»), que confiere a las personas inmunidad (originalmente, un término que certificaba la exención del servicio público). Inoculación fue inicialmente un término de horticultura que describía el injerto de una yema en una planta: del latín oculus, que significa «yema» y también «ojo» (como en binoculares «que tiene dos ojos»).

Aunque actualmente nos estamos adaptando al distanciamiento social como parte de la «nueva normalidad», el término en sí existe desde la década de 1950. Lo acuñaron inicialmente los sociólogos para describir a individuos o grupos que adoptaban deliberadamente una política de desapego social o emocional.

Su uso para referirse a una estrategia de limitación de la propagación de una enfermedad se remonta a principios de la década de 2000, en referencia a brotes de gripe. Gripe es un acortamiento de influenza, adoptado en inglés a partir del italiano tras un gran brote que comenzó en Italia en 1743. Aunque a menudo se la llama gripe española, la cepa que desencadenó la pandemia de 1918 probablemente comenzó en otro lugar, aunque su origen es incierto. Su nombre deriva de un brote especialmente grave en España.

A la atalaya

Autoaislamiento, la medida de protección que consiste en aislarse deliberadamente de los demás, se documenta por primera vez en la década de 1830 – aislar procede del latín insulatus «aislado», de insula «isla». Una forma de aislamiento ampliada, conocida como cuarentena, procede del italiano quarantina que se refiere a «40 días». El período concreto deriva de su uso original para referirse al período de ayuno en el desierto que realizó Jesús según los evangelios cristianos.

Confinamiento, la forma más extrema de contención social, en la que los ciudadanos deben permanecer en sus hogares en todo momento, procede de su uso en las prisiones para describir un período de reclusión prolongada tras un disturbio.

Muchos gobiernos han anunciado recientemente una relajación gradual de las restricciones y un llamamiento a los ciudadanos para que «permanezcan alerta». Aunque algunos han expresado confusión ante este mensaje, para los etimólogos la respuesta requerida es perfectamente clara: todos deberíamos dirigirnos al edificio alto más cercano, ya que alerta procede del italiano all’erta «a la atalaya».

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