Separar los hechos de la ficción: cómo detectar investigaciones falsas que pueden perjudicar la salud

studies with fatally flawed findings or fake research are sometimes published in the scientific literature.
studies with fatally flawed findings or fake research are sometimes published in the scientific literature.Image: Unsplash/Ousa Chea
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  • Contar con investigaciones sólidas y fiables es un pilar fundamental de los buenos consejos de salud que ofrecen los profesionales médicos.

  • Sin embargo, no todas las investigaciones son precisas ni se basan en datos fiables.

  • Hacer estas sencillas preguntas puede ayudarle a protegerse de los malos consejos médicos.

Si padece dolor crónico, diabetes, problemas cardíacos u otra afección, querrá tener la certeza de que su médico le ofrecerá un tratamiento eficaz. Desde luego, no querrá perder tiempo ni dinero en algo que no funcione, ni tomar algo que pueda perjudicarle.

La mejor fuente de información para orientar los tratamientos es la investigación médica. Pero ¿cómo saber si esa información es fiable y está basada en pruebas? ¿Y cómo distinguir entre resultados de investigaciones deficientes y aquellos que tienen fundamento?

La publicación de los resultados de una investigación es un proceso largo. Los científicos diseñan experimentos y estudios para investigar cuestiones relacionadas con el tratamiento o la prevención, y siguen determinados principios y normas científicas. Después, presentan los resultados para su publicación en una revista de investigación. Los editores y otras personas del campo de los investigadores, llamadas revisores por pares, proponen mejoras para la investigación. Cuando se considera que el estudio es aceptable, se publica como artículo en una revista de investigación.

Sin embargo, a lo largo de este proceso pueden surgir muchos problemas que hagan que un artículo publicado en una revista de investigación no sea fiable. Además, la revisión por pares no está diseñada para detectar datos falsos o engañosos. Puede ser difícil detectar estudios científicos poco fiables, tanto para los revisores como para el público general, pero es posible hacerlo si se plantean las preguntas adecuadas.

Aunque la mayoría de las investigaciones se realizan conforme a normas rigurosas, a veces se publican en la literatura científica estudios con resultados falsos o gravemente defectuosos. Es difícil calcular con exactitud cuántos estudios fraudulentos hay, porque el proceso de publicación científica detecta algunos antes de que se publiquen. Un estudio de 526 ensayos con pacientes en anestesiología determinó que el 8 % contenía datos falsos y que el 26 % presentaba defectos críticos.

Como profesor de medicina y salud pública, llevo estudiando los sesgos en el diseño, la realización y la publicación de investigaciones científicas desde hace 30 años. He desarrollado métodos para prevenir y detectar problemas de integridad en la investigación, de modo que se puedan sintetizar las mejores pruebas posibles y utilizarlas para tomar decisiones sobre salud. Investigar a fondo los datos en los que no se puede confiar, ya sea por fraude intencional o por malas prácticas de investigación, es esencial para utilizar las pruebas más fiables en la toma de decisiones.

Las revisiones sistemáticas ayudan a detectar estudios deficientes

Las pruebas más fiables se obtienen cuando los investigadores reúnen los resultados de varios estudios en lo que se conoce como revisión sistemática. Quienes realizan revisiones sistemáticas identifican, evalúan y resumen todos los estudios sobre un tema determinado. No solo examinan y combinan los resultados de, posiblemente, decenas de miles de pacientes, sino que también pueden aplicar un filtro adicional para detectar estudios potencialmente fraudulentos y evitar que influyan en las recomendaciones. Esto significa que los estudios más rigurosos tienen más peso en una revisión sistemática y que los estudios deficientes se excluyen según estrictos criterios de inclusión y exclusión aplicados por los revisores.

Para comprender mejor cómo los revisores sistemáticos y otros investigadores pueden identificar estudios poco fiables, mi equipo de investigación entrevistó a un grupo de 30 expertos internacionales de 12 países. Nos explicaron que un estudio deficiente puede ser difícil de detectar porque, como dijo uno de los expertos, está «diseñado para parecer aceptable a primera vista».

Como señala nuestro estudio publicado recientemente, algunos estudios parecen presentar datos manipulados, otros no están tan bien diseñados como afirman y algunos incluso podrían ser completamente inventados.

Nuestro estudio aporta algunas ideas importantes sobre cómo detectar investigaciones médicas gravemente defectuosas o falsas en las que no se debe confiar.

Los expertos a quienes entrevistamos propusieron algunas preguntas clave que los revisores deberían plantearse sobre un estudio. Por ejemplo, ¿contaba con aprobación ética? ¿Se había registrado el ensayo clínico? ¿Parecen verosímiles los resultados? ¿El estudio fue financiado por una fuente independiente y no por la empresa cuyo producto se está evaluando?

Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es no, es necesario investigar más a fondo el estudio.

En particular, mis colegas y yo descubrimos que los investigadores que revisan y sintetizan pruebas pueden elaborar una lista de señales de alerta. Estas señales no demuestran de forma concluyente que una investigación sea fraudulenta, pero indican tanto a los investigadores como al público general qué estudios conviene examinar con más cuidado. Utilizamos estas señales para crear una herramienta de cribado: una serie de preguntas sobre cómo se realiza y se presenta un estudio que ofrecen pistas sobre si es auténtico o no.

Entre las señales figuran la ausencia de información importante, como detalles sobre la aprobación ética o el lugar donde se realizó el estudio, y datos que parecen demasiado buenos para ser ciertos. Por ejemplo, el número de pacientes de un estudio podría superar el número de personas que padecen la enfermedad en todo el país.

Cómo detectar investigaciones poco sólidas

Es importante señalar que nuestro nuevo estudio no significa que no se pueda confiar en ninguna investigación.

La pandemia de COVID-19 ofrece ejemplos de cómo las revisiones sistemáticas acabaron filtrando investigaciones falsas que se habían publicado en la literatura médica y difundido por los medios de comunicación. Al principio de la pandemia, cuando se aceleraba el ritmo de la investigación médica, los ensayos con pacientes sólidos y bien realizados, junto con las revisiones sistemáticas que les siguieron, ayudaron al público a saber qué intervenciones funcionaban bien y cuáles carecían de respaldo científico.

Por ejemplo, la ivermectina, un fármaco antiparasitario que suele utilizarse en medicina veterinaria y que algunas personas promovieron sin pruebas como tratamiento para la COVID-19, gozó de amplia aceptación en algunas partes del mundo. Sin embargo, tras descartar los estudios falsos o defectuosos, una revisión sistemática de las investigaciones sobre la ivermectina concluyó que no tenía «ningún efecto beneficioso para las personas con COVID-19».

Por otro lado, una revisión sistemática de corticosteroides como la dexametasona concluyó que estos fármacos ayudan a prevenir la muerte cuando se utilizan como tratamiento para la COVID-19.

En todo el mundo se están llevando a cabo iniciativas para garantizar que se mantengan los más altos estándares en la investigación médica. Los financiadores de la investigación están pidiendo a los científicos que publiquen todos sus datos para que puedan examinarse a fondo, y las revistas médicas que publican nuevos estudios están empezando a detectar datos sospechosos. Sin embargo, todas las personas que participan en la financiación, realización y publicación de investigaciones deben ser conscientes de que existen datos y estudios falsos.

La herramienta de cribado propuesta en nuestra nueva investigación está diseñada para quienes realizan revisiones sistemáticas de estudios científicos, por lo que aplicarla requiere cierto nivel de experiencia. Sin embargo, tanto los investigadores como el público general pueden utilizar algunas de sus preguntas para estar mejor preparados al leer las investigaciones más recientes con conocimiento y sentido crítico.

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