El mosquito, némesis chupasangre de la humanidad, tiene un nuevo enemigo: la jardinería.
Investigadores de Malí han descubierto que quitar las flores de un arbusto común acaba con los mosquitos transmisores de la malaria al privarlos de una fuente vital de alimento.
La planta invasora Prosopis julifora es originaria de América Central y del Sur, pero fue introducida en África en la década de 1970 como una forma de combatir la deforestación. Por desgracia, también proporcionó una importante nueva fuente de alimento para los mosquitos adultos.
Así que expertos de universidades de Malí, Israel y Estados Unidos experimentaron quitando las flores del arbusto para ver si eso reduciría la cantidad de mosquitos en la zona.
Estudiaron nueve aldeas: seis donde abundaba el arbusto en flor y tres donde no crecía en absoluto.

En tres de las aldeas invadidas por el arbusto, cortaron las flores. Al vigilar cuántos mosquitos quedaban atrapados en las trampas de las aldeas, descubrieron que la «jardinería» había reducido su número en casi un 60 % en comparación con las aldeas donde dejaron las flores intactas.
De hecho, la cantidad de mosquitos hembra adultos, los que propagan la malaria, cayó a niveles similares a los de las aldeas sin arbustos.
Por qué la geronticida podría ser la respuesta
Los mosquitos adultos transmiten la malaria a los humanos al contagiarles parásitos cuando pican. A su vez, los mosquitos jóvenes se infectan cuando pican a la misma persona e ingieren su sangre infestada de parásitos.
El mosquito joven infectado tarda unos 10 días en volverse infeccioso para los humanos; en términos de la vida de un insecto, eso lo hace bastante viejo: prácticamente una abuela. Y aunque estos mosquitos envejecidos son aficionados a la sangre, dependen del néctar de las flores como su principal fuente de energía.
Las flores del arbusto Prosopis julifora duran mucho más que las de las plantas autóctonas, por lo que los mosquitos también tienen una fuente de alimento durante más tiempo. Si se la quitamos, muchos mosquitos mueren.
Aunque los investigadores advierten que la «jardinería» quizá no sea tan eficaz en las zonas más frondosas del mundo, donde el néctar de las plantas está fácilmente disponible, África concentra una proporción desmesuradamente alta de las muertes por malaria del mundo.
En 2015, el continente registró el 90 % de los casos de malaria del mundo y el 92 % de las muertes por esta enfermedad.

