Un nuevo estudio ha demostrado que un fármaco utilizado para tratar enfermedades hepáticas podría reutilizarse para proteger contra la COVID-19.
El fármaco, ácido ursodesoxicólico (UDCA), actúa sobre un receptor llamado ACE2, la “puerta de entrada” que el SARS-CoV-2 utiliza para infectar las células.
El UDCA lleva 30 años en el mercado y es muy seguro, con pocos efectos secundarios.
Además, no está sujeto a patente, es económico y fácil de fabricar, almacenar y administrar.
No sustituiría a los tratamientos ni a las vacunas actuales contra la COVID, pero podría ampliar nuestras opciones para combatir el virus.
Casi tres años después del inicio de la pandemia, seguimos registrando con regularidad cientos de miles de nuevos casos de COVID registrados cada día en todo el mundo. En un nuevo estudio, en el que se combinaron modelos de órganos en miniatura, órganos de donantes, animales y seres humanos, hemos demostrado que un fármaco utilizado para tratar enfermedades hepáticas podría reutilizarse para proteger contra la COVID-19.
Las vacunas son una de las armas más potentes de nuestra respuesta a la pandemia, pero no todo el mundo puede beneficiarse de ellas. Las vacunas contra la COVID funcionan entrenando a nuestro sistema inmunitario para reconocer y destruir el SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19. Por ello, no son eficaces en personas con un sistema inmunitario que funciona deficientemente, como los pacientes que toman medicamentos para suprimir la función inmunitaria tras un trasplante de órgano.
El virus también puede disfrazarse para evitar que el sistema inmunitario lo reconozca, mutando en nuevas variantes y reduciendo así la eficacia de las vacunas.
Por último, las vacunas no son igualmente accesibles, ya que solo una de cada cuatro personas en los países de bajos ingresos ha recibido al menos una dosis.
Ante estos desafíos, queríamos desarrollar una estrategia para proteger contra la COVID-19 que pudiera complementar la vacunación. Decidimos atacar la “puerta de entrada” que el SARS-CoV-2 utiliza para infectar las células, un receptor llamado ACE2.
La “puerta de entrada” de la infección por SARS-CoV-2
Hay un par de razones clave por las que nos centramos en los receptores ACE2. En primer lugar, bloquear esta puerta de entrada viral no requiere un sistema inmunitario en condiciones óptimas, por lo que este método debería ser eficaz incluso en personas inmunodeprimidas.
En segundo lugar, los receptores ACE2 son producidos por nuestras propias células, por lo que no se ven afectados por los cambios del virus (es decir, las nuevas variantes), lo que, esperamos, hará que este método sea más resistente a medida que el SARS-CoV-2 evolucione.
Por ello, nos sentimos optimistas cuando identificamos un fármaco existente que podía modificar los receptores ACE2. Es posible que este fármaco pueda reutilizarse rápidamente contra la COVID-19.
Esta investigación surgió de un hallazgo fortuito. En el laboratorio Sampaziotis de la Universidad de Cambridge nos centramos en la regeneración hepática y en las enfermedades de los conductos biliares, que son la principal causa de trasplante de hígado en niños.
La bilis es un fluido digestivo producido por el hígado que llega al intestino a través de conductos llamados conductos biliares. Al inicio de la pandemia, estudiábamos los efectos de la bilis en los conductos biliares utilizando versiones en miniatura cultivadas en una placa, conocidas como organoides.
Descubrimos que una molécula sensible a la bilis llamada FXR, abundante en el hígado, controla la expresión de muchas moléculas en las células de los conductos biliares, incluida la ACE2. Cuando se identificó la ACE2 como la puerta de entrada viral para el SARS-CoV-2 decidimos explorar si los fármacos que actúan sobre el FXR podrían reducir los receptores ACE2 y, por tanto, la infección viral.
Identificamos que el ácido ursodesoxicólico (UDCA), un fármaco aprobado clínicamente que se utiliza actualmente para las enfermedades hepáticas, tenía este efecto en los conductos biliares en miniatura. Repetimos con éxito nuestros experimentos utilizando pulmones e intestinos en miniatura en el laboratorio, ya que estos órganos suelen verse afectados por la COVID-19.
Después validamos estos hallazgos en hámsteres para asegurarnos de que los resultados de nuestro laboratorio se cumplían en un organismo vivo. Para comprobar si estos hallazgos podían trasladarse a los seres humanos, utilizamos un par de pulmones humanos donados que no eran aptos para el trasplante. Infectamos ambos pulmones con SARS-CoV-2, pero solo uno de ellos fue tratado con UDCA. Comprobamos que el pulmón que recibió el fármaco no se infectó, mientras que el otro sí.
Mantuvimos los pulmones con vida fuera del cuerpo utilizando un fluido cálido similar a la sangre.Teresa Brevini, cortesía de la autora
El siguiente paso fue comprobar la eficacia del UDCA para reducir los receptores ACE2 en seres humanos. Reclutamos a ocho voluntarios sanos, les administramos UDCA y después tomamos muestras nasales con hisopo. Observamos una reducción de la ACE2 en sus células nasales, principal punto de entrada del virus en el organismo, lo que sugiere que el SARS-CoV-2 tendría menos oportunidades de infectar estas células.
Por último, dado que el UDCA se utiliza ampliamente en la práctica clínica, examinamos datos existentes para comparar los resultados de la COVID entre personas que toman UDCA por sus afecciones hepáticas y los de personas que no lo toman. Comprobamos que las personas que tomaban UDCA tenían menos probabilidades de desarrollar una COVID moderada, grave o crítica que quienes no recibieron el fármaco.
¿Qué podría significar todo esto?
El UDCA lleva 30 años en el mercado y es muy seguro, con pocos efectos secundarios. Además, el fármaco no está sujeto a patente, es económico y fácil de fabricar, almacenar y administrar (se toma en forma de comprimido), lo que facilita su uso durante un brote.
Aunque nuestros resultados sugieren que el UDCA podría proteger contra la COVID, este estudio no es un ensayo clínico y solo aporta datos que respaldan esta hipótesis. El siguiente paso será confirmar nuestros hallazgos en un amplio ensayo clínico aleatorizado. No apoyamos el uso del UDCA contra la COVID hasta que se disponga de una política adecuada basada en pruebas clínicas sólidas.
En el futuro, el UDCA no sustituiría a los tratamientos actuales contra la COVID ni a las vacunas altamente eficaces, pero podría ampliar nuestro arsenal de armas contra el virus. Podría ofrecer una estrategia alternativa que no depende del sistema inmunitario ni está sujeta a la evasión inmunitaria debida a mutaciones virales.

