El Centro de Inteligencia Sanitaria de Ruanda es fruto directo de años de inversiones deliberadas y meditadas en los elementos fundamentales que conforman una columna vertebral digital.
La experiencia de Ruanda es un ejemplo emblemático de lo que ha aprendido el Fondo Mundial: para garantizar un valor sostenible, la innovación digital debe integrarse en sistemas sólidos y resilientes.
La IA en salud debe reforzar las prioridades nacionales, fortalecer la infraestructura pública y generar un valor cuantificable.
En abril de 2025, el Ministerio de Salud de Ruanda presentó su nuevo Centro de Inteligencia Sanitaria. Este impresionante logro tecnológico y operativo ya está ayudando al Gobierno a identificar los factores que impulsan la mortalidad materna, dirigir con mayor precisión los recursos para la prevención del VIH, garantizar que se realicen pruebas a gran escala a los contactos domiciliarios de las personas con tuberculosis y mantener la vigilancia ante los brotes de enfermedades, incluida laviruela símica.
El Centro de Inteligencia Sanitaria es fruto directo de años de inversiones deliberadas y meditadas en los elementos fundamentales que conforman una columna vertebral digital: electricidad fiable y conectividad a internet, centros de salud digitalizados, un sólido personal de salud comunitaria, sistemas nacionales robustos de historias clínicas electrónicas y vigilancia, y esfuerzos persistentes para llegar hasta el último tramo.
Con estos cimientos, el Centro de Inteligencia Sanitaria convierte datos que antes permanecían en sistemas dispersos y poco aprovechados en información oportuna y útil. Al transformar la información en acciones, el centro permite tomar decisiones más rápidas y precisas hasta el último tramo, algo fundamental para las actuales iniciativas de implementación de la inteligencia artificial (IA) en el sistema de salud.
La experiencia de Ruanda es un ejemplo emblemático de lo que ha aprendido el Fondo Mundial mediante sus inversiones y su trabajo con gobiernos, empresas tecnológicas e iniciativas regionales: para garantizar un valor sostenible, la innovación digital debe integrarse en sistemas sólidos y resilientes. Impulsar herramientas novedosas sin planificar un entorno preparado para su implementación puede generar entusiasmo con proyectos piloto, pero rara vez se traduce en los avances deseados. Los productos independientes —sistemas verticales de pacientes específicos para cada enfermedad, múltiples sistemas de historias clínicas electrónicas o de seguimiento de productos— suelen costar más, fragmentan la capacidad nacional, reducen el mercado para futuras soluciones y, en última instancia, pueden erosionar la confianza pública.
En cambio, cuando los líderes nacionales invierten en elementos básicos como infraestructura, estándares de datos, personal cualificado, mercados para productos esenciales y plataformas interoperables, los beneficios de la innovación se multiplican, especialmente cuando los socios públicos y privados se alinean y colaboran en torno a esas prioridades. Construir desde la base crea las condiciones para ampliar responsablemente la IA, detectar antes las amenazas para la salud y dirigir los recursos allí donde puedan salvar más vidas. El Centro de Inteligencia Sanitaria de Ruanda no es solo una muestra de lo que puede hacer la salud digital, sino también un recordatorio de lo que permiten unos cimientos sólidos y unas alianzas coherentes.
Como asistentes a la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de garantizar que la IA en salud refuerce las prioridades nacionales, fortalezca la infraestructura pública y genere un valor cuantificable para las personas. No podemos permitirnos tratar las herramientas de IA como soluciones independientes que fragmentan sistemas ya sobrecargados. Deben seleccionarse, implementarse y financiarse de manera que se alineen con los sistemas nacionales de datos, las normas de contratación específicas y las estrategias de TIC (tecnologías de la información y las comunicaciones), y que saquen partido de ellos.
El Fondo Mundial lleva más de dos décadas realizando inversiones en el ámbito digital y en datos. Estas tres lecciones destacan:
1. Integrar la IA en sistemas digitales nacionales dirigidos por los propios países impulsará los mayores cambios.
La IA aporta el mayor valor cuando impulsa la toma de decisiones a nivel de sistema, apoyándose en flujos de datos fiables, estándares compartidos y plataformas coordinadas que atienden múltiples prioridades sanitarias. Economías emergentes como Etiopía, Zimbabue y Zambia están liderando, junto con sus socios, la sustitución de plataformas digitales aisladas y específicas para cada enfermedad por plataformas interoperables diseñadas para ser sostenibles a largo plazo.
2. La infraestructura digital básica es un bien público que requiere mantenimiento.
La IA requiere instituciones sólidas, una gobernanza transparente y financiación sostenible. Cuando los países y sus socios se alinean en torno a arquitecturas nacionales, la IA se vuelve adaptable, segura y resiliente, y respalda tanto los servicios habituales como la preparación ante futuras amenazas.
3. El codiseño y la inversión público-privados son un estímulo y se necesitan a gran escala.
Mediante financiación público-privada combinada, asistencia técnica y socios de implementación, el Fondo Mundial ayuda a los países a ampliar los diagnósticos basados en IA, fortalecer la vigilancia y modernizar las cadenas de suministro. Estas inversiones movilizan recursos nacionales y la participación del sector privado, y convierten proyectos piloto prometedores en sistemas funcionales bajo el liderazgo de los países.
La IA no tendrá éxito mediante experimentos a corto plazo. Lo tendrá cuando invirtamos en sistemas escalables, sostenibles e integrados que ayuden a los países a tomar decisiones más rápidas y con mayor impacto: decisiones que salvan vidas.




