Una nueva investigación ha descubierto que llevar una dieta saludable podría aumentar hasta en 10 años la esperanza de vida de los adultos jóvenes.
Para calcular su impacto en la esperanza de vida, desarrollaron una «dieta óptima» que consiste en legumbres, cereales integrales, frutos secos y menos carne roja.
Los investigadores también calcularon una «dieta de enfoque viable», un punto intermedio entre una dieta occidental típica y una óptima que aun así beneficia la esperanza de vida.
Todo el mundo quiere vivir más. Y a menudo nos dicen que la clave para conseguirlo es adoptar hábitos de vida más saludables, como hacer ejercicio, evitar fumar y no beber demasiado alcohol. Los estudios también han demostrado que la dieta puede aumentar la esperanza de vida.
Un nuevo estudio ha descubierto que comer de forma más saludable podría prolongar la esperanza de vida entre seis y siete años en adultos de mediana edad y, en el caso de los adultos jóvenes, aumentarla unos diez años.
Los investigadores reunieron datos de numerosos estudios sobre alimentación y longevidad, junto con datos del estudio Carga Mundial de Morbilidad, que ofrece un resumen de la salud de la población de muchos países. Al combinar estos datos, los autores pudieron estimar cómo variaba la esperanza de vida en función de los cambios graduales en el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, cereales refinados, frutos secos, legumbres, pescado, huevos, lácteos, carne roja, carne procesada y bebidas azucaradas.
Los autores pudieron elaborar una dieta óptima para la longevidad y compararla con la dieta occidental típica, que suele incluir grandes cantidades de alimentos procesados, carne roja, productos lácteos con alto contenido en grasa, alimentos con mucho azúcar y productos envasados, así como un consumo bajo de frutas y verduras. Según su investigación, una dieta óptima incluía más legumbres (frijoles, guisantes y lentejas), cereales integrales (avena, cebada y arroz integral) y frutos secos, y menos carne roja y procesada.
Los investigadores descubrieron que seguir una dieta óptima a partir de los 20 años aumentaría en más de una década la esperanza de vida de mujeres y hombres de Estados Unidos, China y Europa. También observaron que cambiar de una dieta occidental a la dieta óptima a los 60 años aumentaría la esperanza de vida en ocho años. En las personas de 80 años, podría aumentar casi tres años y medio.
Dado que no siempre es posible cambiar por completo la dieta, los investigadores también calcularon qué ocurriría si las personas pasaran de una dieta occidental a otra situada a medio camino entre la dieta óptima y la occidental típica. Descubrieron que incluso este tipo de dieta, a la que llamaron «dieta de enfoque viable», podría aumentar la esperanza de vida de las personas de 20 años en algo más de seis años en el caso de las mujeres y algo más de siete años en el de los hombres.
Estos resultados muestran que hacer cambios duraderos en la dieta a cualquier edad puede aportar importantes beneficios a la esperanza de vida. Sin embargo, las mayores ganancias se obtienen si esos cambios comienzan pronto.
¿Una visión completa?
Las estimaciones de esperanza de vida de este estudio proceden de los metaanálisis más exhaustivos y recientes (estudios que combinan los resultados de múltiples estudios científicos) sobre alimentación y mortalidad.
Aunque en muchos casos los metaanálisis ofrecen las mejores pruebas por la cantidad de datos analizados, también aplican supuestos a esos datos, lo que puede hacer que se pasen por alto diferencias importantes entre estudios. También cabe señalar que las pruebas sobre la reducción del consumo de huevos y carne blanca eran de menor calidad que las disponibles para los cereales integrales, el pescado, las carnes procesadas y los frutos secos.
El estudio tampoco tuvo en cuenta algunos aspectos. En primer lugar, para observar estos beneficios, las personas debían cambiar su dieta en un plazo de diez años. Por tanto, no se sabe con certeza si seguirían obteniendo beneficios para su esperanza de vida si modificaran su dieta durante un período más largo. El estudio tampoco tuvo en cuenta los problemas de salud previos, que pueden afectar a la esperanza de vida. Esto significa que los beneficios de la dieta para la esperanza de vida reflejan únicamente un promedio y pueden variar de una persona a otra en función de diversos factores, como los problemas de salud existentes, la genética y el estilo de vida, incluidos el tabaquismo, el consumo de alcohol y el ejercicio.
Sin embargo, las pruebas examinadas por los investigadores seguían siendo sólidas y procedían de numerosos estudios sobre este tema. Estos hallazgos también coinciden con investigaciones anteriores que han demostrado que las mejoras moderadas pero duraderas en la dieta y el estilo de vida pueden aportar importantes beneficios para la salud—incluida una mayor longevidad.
Aún no se conocen del todo los mecanismos que explican por qué la dieta puede prolongar la vida. Sin embargo, la dieta óptima identificada por los investigadores en este estudio incluye muchos alimentos ricos en antioxidantes. Algunas investigacionesrealizadas en células humanas sugieren que estas sustancias pueden ralentizar o prevenir el daño celular, una de las causas del envejecimiento. Sin embargo, la investigación en este ámbito sigue en curso, por lo que no se sabe con certeza si los antioxidantes que consumimos como parte de la dieta tendrán el mismo efecto. Muchos de los alimentos incluidos en este estudio también tienen propiedades antiinflamatorias, que podrían retrasar la aparición de diversas enfermedades y el proceso de envejecimiento.
Por supuesto, cambiar por completo la dieta puede ser difícil. Pero incluso incorporar algunos de los alimentos que, según se ha demostrado, aumentan la longevidad puede aportar algún beneficio.

