La diabetes es una enfermedad de los pobres que crece rápidamente. Así podemos cambiar el rumbo

Client Viola Sanon has her finger pricked for a blood sugar test in the Family Van in Boston, Massachusetts, August 9, 2010. Every week, dozens of residents of this low-income Boston neighborhood stop into the Family Van, an RV manned by healthcare workers affiliated with Harvard Medical School who perform simple, free screenings, including blood pressure, body mass index and blood sugar, which can alert patients if they face an elevated risk for diabetes, hypertension or other chronic conditions. REUTERS/Brian Snyder (UNITED STATES - Tags: HEALTH SOCIETY) - GM1E68A0HLP01
Out of 400 million people with diabetes worldwide, over 300 million live in developing countries.Image: REUTERS/Brian Snyder
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Durante muchos años, la diabetes se consideró una «enfermedad de ricos», presente sobre todo entre las personas mayores de los países desarrollados. La diabetes nunca formó parte de ningún programa de desarrollo, ni recibió mucha atención de los gobiernos o los proveedores de atención sanitaria en los países en desarrollo.

Era casi imposible encontrar una clínica de diabetes en Tanzania o un médico o enfermero con formación en atención de la diabetes en Bangladesh. Si eras ciudadano de Kenia o Fiyi, Haití o Costa de Marfil, tenías pocas probabilidades de recibir tratamiento para la diabetes y muchas de llevar una vida gravemente afectada por ella.

Hasta hace poco, ninguna organización internacional de desarrollo, ningún banco ni gobierno nacional consideraba que la diabetes fuera un problema importante de salud pública, y a menudo tampoco lo hacían los expertos médicos. La mayor parte del apoyo sanitario en los países más pobres se centraba en la malaria, el sida y la tuberculosis, o en brotes agudos de enfermedades.

Un cambio drástico

En los últimos años, la situación de la enfermedad ha cambiado drásticamente en los países en desarrollo. Hoy se sabe que, de los 400 millones de personas con diabetes en todo el mundo, más de 300 millones viven en países en desarrollo. Para 2035, o incluso antes, estas cifras habrán aumentado en al menos otros 100 millones – si no se toman las medidas necesarias.

¿Por qué es importante?

Lo cierto es que la diabetes supone un gran problema para una persona pobre y su familia: es una enfermedad crónica que requiere atención y medicación a largo plazo. Si no hay atención disponible, la diabetes y sus complicaciones (como los accidentes cerebrovasculares, la hipertensión, la ceguera, la amputación del pie y la insuficiencia renal) afectarán a la capacidad para trabajar y mantener un hogar y una familia. Incluso cuando hay atención disponible, suele ser demasiado costosa para las personas pobres. La diabetes en una familia y un hogar conduce a la pobreza, que también afectará a la siguiente generación.

Si multiplicamos estas situaciones por 300 millones o más, las consecuencias para las personas con diabetes, sus familias y comunidades, así como para las empresas, el crecimiento económico y el desarrollo, son insoportables.

Medidas necesarias

Pero, entonces, ¿cuáles son las «medidas necesarias»? ¿Sabemos qué hacer para frenar la diabetes en los países pobres?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado una guía titulada Combatir las enfermedades no transmisibles: mejores inversiones y otras intervenciones recomendadascon propuestas claras, sencillas y costoeficaces, centradas en los países en desarrollo. Estas son algunas de las más importantes:

  • Reducir el consumo de azúcar procedente de bebidas azucaradas, especialmente entre niños y jóvenes, mediante campañas informativas sobre alimentación saludable y un aumento de los impuestos, para prevenir la obesidad, que es la principal causa de la diabetes.

También es fundamental formar a los proveedores de atención sanitaria de los centros de salud locales para que puedan:

  • Proporcionar atención básica para la diabetes con el fin de mejorar el control de la glucemia de las personas con diabetes.

  • Ayudar a las personas con diabetes a controlar mejor la glucemia en casa y realizar visitas domiciliarias para dar continuidad a este apoyo.

  • Proporcionar cuidado de los pies a las personas con diabetes para evitar amputaciones.

  • Ofrecer pruebas de detección de problemas oculares a las personas con diabetes al menos una vez al año para evitar la ceguera.

  • Proporcionar atención y educación a las embarazadas o a las mujeres en edad fértil que tienen diabetes, a fin de garantizar el control de la glucemia durante el embarazo y evitar así complicaciones para la madre y el niño durante el parto y después.

El gran problema hoy es que, aunque se conocen las mejores inversiones y otras soluciones para la atención y la prevención de la diabetes —y ya se aplican con éxito sobre el terreno en muchos países en desarrollo; véanse ejemplos aquí—, la financiación disponible está muy lejos de ser suficiente.

Los países en desarrollo y los desarrollados se comprometen a gastar solo una pequeña parte de lo que se necesita. Esto debe cambiar si se quiere evitar que la carga de la diabetes frene el crecimiento económico y mantenga a las personas atrapadas en la pobreza.

Todo el mundo coincide en que las soluciones consisten en prestar mucha más atención a la prevención de la diabetes y a su diagnóstico temprano, y en ofrecer atención eficaz y de bajo costo a nivel comunitario local.

Más recursos

Pero se necesitan urgentemente muchos más recursos, porque hoy numerosos países en desarrollo no pueden ampliar a mayor escala las «mejores inversiones» y otras soluciones.

Durante los últimos 15 años, la Fundación Mundial de la Diabetes (WDF) ha financiado proyectos en más de 100 países para mejorar la atención y la prevención de la diabetes, procurando siempre llegar a las poblaciones más pobres. Trabajamos en asociación con ministerios de salud, organizaciones de la sociedad civil, universidades y el sector privado de los países en desarrollo, y buscamos socios internacionales en todo el mundo.

Hasta ahora se han financiado más de 500 proyectos que han apoyado la aplicación de las mejores inversiones y muchas otras soluciones, hoy más extendidas que nunca.

Nuestros numerosos socios en todo el mundo han demostrado que, efectivamente, es posible aplicar las mejores inversiones para ofrecer atención para la diabetes a las personas más pobres, además de sensibilizar y difundir conocimientos sobre su prevención. Se necesitan compromisos en todos los niveles para ampliar los programas eficaces de atención y prevención de la diabetes y convertirlos en la norma, en lugar de la excepción, en el mundo en desarrollo.

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