• La pandemia ha provocado una avalancha de informes inexactos y desinformación.
• La falta de alfabetización digital y el acceso deficiente a internet han agravado el problema.
• La información precisa sienta las bases para la rendición de cuentas y una mejor gobernanza.
Mientras la pandemia de COVID-19 sigue desarrollándose, también nos encontramos en medio de lo que se ha denominado una "infodemia. Durante los últimos tres meses, nos hemos enfrentado a una avalancha diaria de información sobre el virus, posibles curas y estrategias gubernamentales de mitigación, junto con interminables opiniones de expertos y politización de la crisis, especulaciones sobre cómo será nuestra nueva normalidad a medida que se relajen los confinamientos, y mucho más. Esto puede resultar a menudo abrumador, y es difícil distinguir lo que es importante y nos mantendrá a salvo de lo que podría empeorar aún más una situación ya de por sí muy complicada.
El problema es que, por supuesto, el acceso a internet no equivale al acceso a información fiable. Durante toda la crisis de la COVID-19 ha habido una avalancha de noticias falsas, desinformación e informes irresponsables que pueden ser difíciles de verificar, en medio de otros factores que contribuyen, como la falta de alfabetización digital. Al mismo tiempo, muchas comunidades, especialmente en el Sur global, tienen cada vez más dificultades para conectarse. Los ingresos de los hogares están disminuyendo a nivel mundial como consecuencia del aumento del desempleo debido a los confinamientos y a las limitaciones del trabajo informal y de los vendedores ambulantes. Es probable que esto profundice la brecha existente, ya que el internet de pago por uso, utilizado por muchas personas en países en desarrollo, puede convertirse en un gasto inasumible cuando la vivienda y la seguridad alimentaria están en riesgo. Así, el mundo se enfrenta a una combinación de muchas personas que no están suficientemente conectadas para acceder a la información correcta, y de otras que, estando conectadas, son bombardeadas con información incorrecta.
Este desafío llevó a Accountability Lab a crear lo que denominamos la Campaña CivActs sobre el Coronavirus, que recopila rumores y desinformación y los desmiente mediante boletines creativos con información validada, en formatos accesibles y en idiomas locales. Estos boletines se difunden a través de las redes de base existentes del Lab mediante WhatsApp, correo electrónico y redes sociales, y se envían a emisoras de radio comunitarias para llegar a comunidades con menor conectividad y/o bajas tasas de alfabetización.
En las últimas 10 semanas, hemos creado más de 130 boletines únicos en 11 idiomas en Nepal, Pakistán, Liberia, Nigeria, Malí, Níger y Sudáfrica. Nuestros equipos han abarcado un amplio espectro de temas, como información importante sobre la prestación de servicios, recursos de emergencia, compromisos y gasto gubernamentales, y servicios de apoyo a los que los ciudadanos pueden acceder cuando se vulneran sus derechos humanos durante los confinamientos. Los boletines transmiten datos, pero estos datos resultan impactantes porque el enfoque es creativo y cercano. En Nepal, hemos utilizado la narración de historias para humanizar los problemas que afectan a miles de trabajadores migrantes que han perdido sus medios de vida. Y en Liberia, nuestra red de músicos HipCo está sensibilizando a través de canciones vinculadas a la campaña y desafiando a los jóvenes a crear sus propias versiones.
El proceso crea bucles de retroalimentación activa, esenciales para combatir la pandemia: nuestros equipos recogen rumores sobre el terreno a través de nuestras redes comunitarias y de las redes sociales; realizan investigaciones, verifican datos y cierran el ciclo empaquetando información precisa y difundiéndola ampliamente, mientras trabajan con ciudadanos y funcionarios para resolver problemas.

En primer lugar, el acceso a la información es un componente crucial de la capacidad de una comunidad para exigir rendición de cuentas. En todo el mundo se están asignando grandes sumas de dinero a estrategias de mitigación del coronavirus, y es importante que los ciudadanos comprendan qué se les ha prometido y a qué servicios deberían poder acceder.
En segundo lugar, hemos generado confianza en las comunidades donde hemos trabajado durante los últimos ocho años y, en un momento en que las personas recurren a fuentes en las que confían para orientarse, nos encontramos en una posición que nos permite apoyar una mejor comprensión de la pandemia. Como sabemos, la comunicación proactiva puede fortalecer la confianza entre las comunidades y el gobierno.
Y en tercer lugar, este trabajo construye una plataforma para una gobernanza más receptiva que puede reforzar el contrato social entre las personas y los gobiernos, y garantizar que estemos preparados para futuras pandemias. En Nepal, por ejemplo, actualmente trabajamos con 18 gobiernos locales y municipales para integrar este proceso de retroalimentación en su toma de decisiones; mientras que en Pakistán nuestros boletines se utilizan para orientar el trabajo de varias ONG de gran tamaño y de programas gubernamentales. A medida que estas organizaciones responden mejor a las necesidades de la población, se vuelven más eficaces.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para gestionar los riesgos emergentes derivados de la COVID-19?
En un momento en que la desinformación y los malentendidos son extremadamente peligrosos, todos debemos asumir la responsabilidad de combatir la infodemia. Contrarrestar la desinformación puede compararse con llevar mascarilla: es un pequeño acto que protege a los demás y que puede salvar vidas literalmente. Cada uno de nosotros puede aportar su granito de arena denunciando la desinformación en las plataformas de redes sociales y difundiendo información precisa en nuestros círculos sociales cuando veamos que se comparten noticias falsas. Esta pandemia acabará por superarse; las infodemias son mucho más difíciles de erradicar.
