Un estudio en el Reino Unido reveló que el 80 % de las personas pensaba que el tiempo transcurría más rápido o más despacio de lo habitual durante el primer confinamiento del país.
Los resultados muestran que esta percepción probablemente estaba relacionada con la interacción social de cada persona, su edad y su satisfacción general.
Una semana rápida se asociaba con ser más joven y estar más satisfecho socialmente.
Una semana lenta se asociaba con ser mayor y estar menos satisfecho socialmente.
¿Te parece que 2020 duró una eternidad? ¿Se te hizo largo el confinamiento? ¿Recuerdas siquiera cómo pasabas el tiempo cuando no vivías bajo las restricciones por el coronavirus? No eres la única persona. Para muchos, 2020 ha sido el año en que la convulsión causada por el coronavirus hizo que se perdiera la constancia del tiempo.
Objetivamente, el tiempo transcurre a un ritmo constante y lineal. Sin embargo, subjetivamente, el tiempo fluctúa con nuestras actividades y emociones. A veces vuela; otras, se arrastra tan despacio que casi parece detenerse.
Esto queda respaldado por una investigación que realicé en abril, que analizó cómo los primeros meses de la pandemia de coronavirus habían afectado la percepción del paso del tiempo. Me interesaba especialmente la rapidez con que parecía transcurrir el tiempo durante el confinamiento en comparación con la «normalidad» (aquel tiempo tan lejano, antes del confinamiento).
Encuesté a 604 personas sobre la rapidez con que sentían que transcurría el tiempo ese día y esa semana, en comparación con antes del confinamiento. También respondieron preguntas sobre su estado de ánimo, su vida familiar y cuánto tenían que hacer, para contextualizar los factores que hacían más probable que el tiempo se acelerara o se ralentizara para distintas personas.
Tempus fugit?
Mis resultados mostraron que durante el confinamiento hubo una distorsión generalizada de la percepción del tiempo: más del 80 % de las personas dijeron que sentían que transcurría de forma distinta. Sin embargo, el confinamiento no distorsionó el tiempo de la misma manera para todos. Para el 40 % de las personas, el tiempo se aceleró durante el confinamiento; para el 40 % restante, se ralentizó.
¿A qué se debió? Mi análisis sugiere que la velocidad a la que se percibía el tiempo durante el día dependía de la edad de cada persona, de lo satisfecha que estuviera con su nivel de interacción social, de su estrés y de cuánto tuviera que hacer. En general, los días pasaban más rápido para las personas jóvenes que estaban satisfechas socialmente, tenían muchas cosas que hacer y experimentaban poco estrés. En cambio, el día transcurría más despacio para las personas mayores, sobre todo para las de más de 60 años, que estaban insatisfechas socialmente, estresadas y tenían pocas tareas con las que mantenerse ocupadas.
Se observaron patrones similares en la velocidad subjetiva de la semana. Una semana rápida se asociaba con ser más joven y estar más satisfecho socialmente, mientras que una semana lenta se asociaba con ser mayor y estar menos satisfecho socialmente.
Un segundo estudio, aún no publicado, que realicé durante el confinamiento de noviembre reveló que, de las 851 personas encuestadas, más del 75 % percibió una distorsión del tiempo y el 55 % afirmó que el inicio del primer confinamiento parecía haber ocurrido hacía más de ocho meses. Un segundo confinamiento más lento se asociaba con el aislamiento preventivo, la insatisfacción con la interacción social y mayores niveles de depresión y aburrimiento.
El Reino Unido no es el único país en el que se perdió la percepción del tiempo durante el confinamiento. Estudios realizados en Francia, Italia y Argentina también muestran una distorsión generalizada del paso del tiempo durante los periodos de restricciones estrictas por la COVID-19.
A diferencia de lo ocurrido en el Reino Unido, en Francia e Italia el confinamiento transcurrió más despacio de lo normal para la mayoría de las personas, en vez de dividirse en partes iguales, 40/40, como en mi estudio de abril. Sin embargo, al igual que en el Reino Unido, el aburrimiento fue un factor importante para predecir la ralentización del tiempo en Italia y Francia. En Francia, el tiempo también transcurría más despacio a medida que aumentaba la tristeza.
Las emociones y el tiempo
¿Por qué ser mayor, estar aburrido y estresado, e insatisfecho socialmente hace que el tiempo transcurra más despacio? Es difícil responder a esta pregunta.
A diferencia de los demás sentidos, no tenemos un órgano evidente para percibir el tiempo. En cambio, experimentamos el tiempo como parte de otras percepciones sensoriales, como la vista y el oído, y esto ha dificultado identificar con precisión cómo lo procesa el cerebro.
Una posibilidad es que, cuando estamos aburridos e insatisfechos socialmente, tenemos mucha capacidad cognitiva disponible y utilizamos parte de ella para prestar más atención al tiempo. Esta mayor atención hace que el tiempo transcurra más despacio de lo normal, simplemente porque somos más conscientes del tiempo de lo habitual. Otra posibilidad es que la consecuencia emocional del confinamiento haya alterado la manera en que el cerebro procesa el tiempo.
En particular, las emociones negativas asociadas con el aislamiento, el aburrimiento, la tristeza y el estrés podrían haber contribuido a que el tiempo se ralentizara. Sin embargo, los efectos dispares de la depresión y la ansiedad observados en distintos estudios sugieren que la influencia de las emociones en la percepción del tiempo es compleja.
¿Y qué ocurrirá en 2021? ¿Recuperará el tiempo su ritmo habitual? Es difícil decirlo. Ahora que se están administrando las primeras vacunas, quizá tengamos más esperanzas que nunca de que la normalidad esté a la vuelta de la esquina. En realidad, puede que falten muchos meses para que vuelva la normalidad.
En cualquier caso, aunque no podemos cambiar el tiempo que realmente lleva completar el programa de vacunación, sí podemos hacer algunas cosas para que la espera se haga más corta. Si nos mantenemos ocupados, reducimos el estrés, interactuamos en persona o por internet todo lo posible y controlamos nuestros niveles de estrés, podemos hacer que el regreso a la normalidad transcurra más rápido de lo habitual.

