Estudios recientes muestran que, entre 12 y 18 meses después de contraer COVID-19, hasta el 46% de las personas todavía presenta una reducción clínica del sentido del olfato.
Pero ¿qué efectos tiene la pérdida prolongada del olfato en la vida cotidiana?
Según un neurocientífico, entre los problemas pueden figurar dificultades relacionadas con la seguridad alimentaria, el peso, las relaciones y la salud mental.
El entrenamiento olfativo puede mejorar las funciones olfativas con el tiempo.
Al principio de la pandemia, varios estudios mostraron que alrededor de la mitad de las personas con COVID perdieron el sentido del olfato (lo que se denomina anosmia) en algún momento durante el curso de la infección. Aproximadamente otro 20% a 35% experimentó una reducción clínica de su capacidad para oler (hiposmia).
Aunque indicios más recientes sugieren que ómicron quizá no provoque pérdida del olfato tanto como las variantes anteriores, dado que más de 500 millones de personas han tenido al menos una de las variantes hasta la fecha, siguen siendo muchos millones de personas las que probablemente han experimentado esta afección en alguna medida.
Efectos de la pérdida prolongada del olfato
Para la mayoría, se trata solo de una pérdida temporal de la función. Sin embargo, una proporción considerable experimentará problemas más duraderos. Estudios recientes muestran que, entre 12 y 18 meses después del diagnóstico inicial de COVID, el 34% al 46% de las personas todavía presenta una reducción clínica del sentido del olfato. Sin embargo, la mayoría de estas personas no es consciente de ello.
Un problema relacionado es la parosmia, en la que cambia la percepción de los olores de una persona, que a menudo le parecen más desagradables. Las investigaciones sugieren que hasta el 47% de las personas que han tenido COVID podrían verse afectadas. Al igual que con la pérdida del olfato, es probable que la mayoría de las personas con parosmia se recuperen con el tiempo. Sin embargo, algunas podrían tener problemas más duraderos.
La COVID no es la única afección que puede provocar pérdida del olfato. Por ejemplo, también puede deberse a otros virus o infecciones, traumatismos craneales o diversas enfermedades neurodegenerativas. Aunque las pruebas sobre la pérdida del olfato tras la COVID siguen siendo incipientes, los datos de otros tipos de disfunción olfativa permiten hacernos una idea de algunos efectos que la pérdida prolongada del olfato puede tener en la vida cotidiana.
1. Seguridad alimentaria
Las personas con esta deficiencia tienen más probabilidades de ingerir alimentos en mal estado, porque es sobre todo el olor lo que nos advierte cuando algo se ha echado a perder. Esto puede aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por los alimentos.
2. Gusto
Aparte de las sensaciones gustativas básicas (dulce, salado, amargo, ácido y umami), casi todo lo que percibimos como sabor se debe a los olores que llegan a los receptores olfativos de la nariz a través del conducto retronasal situado en la parte posterior de la garganta. Lamentablemente, sin el sentido del olfato, la mayoría de lo que comes tendrá poco o ningún sabor. Si se elimina la capacidad de percibir los olores, una manzana sabrá igual que una patata si cierras los ojos.
3. Apetito
Además de darnos placer al comer, los olores de los alimentos también estimulan el apetito. Esto significa que, cuando no podemos oler los aromas de la cena que se cocina en el horno, es menos probable que nos entre hambre.
4. Variaciones de peso
La combinación de la pérdida del apetito y del placer de comer hace que la mayoría de las personas con un trastorno olfativo recién adquirido pierda peso al principio. Sin embargo, nuestro cuerpo está diseñado para mantenernos con vida. Las personas que han perdido el olfato pronto empiezan a buscar placer en otros estímulos sensoriales al comer, como la textura, por ejemplo, lo crujiente de los alimentos fritos. Y, en lugar de esperar a tener hambre, muchas simplemente comen con más frecuencia. Estos cambios inconscientes en el comportamiento alimentario suelen provocar un aumento de peso, que puede dar lugar a problemas cardíacos a largo plazo y otros problemas de salud relacionados.
5. Relaciones
Hay algunas consecuencias de la pérdida del olfato en las que quizá no pienses de inmediato. Por ejemplo, una persona que no puede oler no podrá controlar su propio olor corporal. Esto puede generar timidez e inseguridad en situaciones sociales.
Varios estudios han demostrado que un sentido del olfato deficiente está relacionado con una reducción de las interacciones sociales declaradas, del número de amistades y del disfrute sexual. Esto último también podría estar relacionado con la pérdida de la capacidad para percibir el olor de la pareja.
6. Salud mental
Un tercio de las personas que buscan tratamiento para sus problemas olfativos afirma experimentar una disminución de su calidad de vida y bienestar general en comparación con antes de tener esos problemas. Esto probablemente se deba a una combinación de los factores descritos anteriormente. Las personas con disfunción olfativa suelen informar de síntomas de depresión, y no es raro que los relacionen con sus problemas olfativos.
Opciones de tratamiento para la pérdida del olfato
Lamentablemente, existen pocos tratamientos para las personas con disfunción olfativa. Para los problemas olfativos causados por virus, el único tratamiento con algún efecto demostrado es el entrenamiento olfativo. Es algo parecido a la fisioterapia para la nariz y consiste en una terapia de exposición: se pide al paciente que huela distintos olores durante unos 20 minutos, cada mañana y cada noche, a lo largo de un periodo de dos a tres meses. Aunque los pacientes rara vez se recuperan por completo, los estudios han demostrado que el entrenamiento olfativo mejora las funciones olfativas con el tiempo.
Dicho esto, la pandemia de COVID ha impulsado la investigación olfativa, y actualmente se están probando varios tratamientos nuevos interesantes en ensayos preclínicos. Es posible que dentro de unos años veamos una variedad de nuevos tratamientos para la disfunción olfativa.
Mientras tanto, ¿qué debes hacer si crees que tu sentido del olfato no funciona como debería? Puedes empezar a entrenarlo por tu cuenta utilizando olores habituales del hogar. Si no observas una mejora apreciable después de seis semanas de entrenamiento, ponte en contacto con un profesional de la salud para que te evalúe.


