Los investigadores estudian si un elemento genético puede explicar por qué algunas personas no han contraído la COVID-19.
Están analizando el ADN de algunas personas que nunca han tenido COVID para buscar mutaciones inusuales.
Comprender las razones por las que algunas personas pueden ser inmunes a un virus concreto también podría ayudar a prevenir futuras infecciones.
Han pasado más de tres años desde la primera infección conocida por COVID. Desde entonces, hemos visto cientos de millones de casos en todo el mundo.
Es probable que usted la haya tenido, al menos una vez, si no varias, al igual que casi todas las personas que conoce. A medida que llegan nuevas oleadas de infecciones, cada vez son menos las personas que nunca han contraído la COVID. Pero, incluso teniendo en cuenta a quienes la han tenido sin darse cuenta, probablemente aún haya personas que han logrado evitar el virus por completo (hasta ahora).
El año pasado escribí sobre personas que aún no se habían infectado. ¿Eran inmunes de alguna manera? ¿Poseían alguna mutación genética ventajosa? ¿Simplemente evitaban el contacto con otras personas y seguían tomando precauciones? ¿O simplemente habían tenido suerte, y su momento inevitablemente llegaría?
Por desgracia, todavía no sabemos por qué algunas personas han logrado evitar la COVID durante tanto tiempo. La ciencia requiere tiempo. En 2020 presenciamos una investigación a una velocidad sin precedentes para comprender el SARS-CoV-2 (el virus que causa la COVID) y desarrollar tratamientos y vacunas. Pero es difícil mantener ese nivel de financiación y colaboración en un mundo con tantas áreas de investigación valiosas.
Dicho esto, algunas investigaciones se centran en particular en si un elemento genético ayuda a explicar por qué ciertas personas nunca han contraído la COVID. Pero, aunque esta investigación es importante, no debemos perder de vista a quienes sufren la enfermedad y sus efectos a largo plazo.
¿Está la inmunidad en los genes?
El COVID Human Genetic Effort, dirigido por investigadores de Estados Unidos, ha reclutado a personas con exposición confirmada al virus, pero que no lo han contraído ellas mismas. Esto incluye, por ejemplo, a profesionales sanitarios o a personas que convivían en un hogar con un caso confirmado de COVID.
Los científicos analizarán su ADN y buscarán mutaciones inusuales que podrían explicar una aparente resistencia a la infección por SARS-CoV-2. Podría tratarse de una mutación en los receptores o enzimas celulares que el virus necesita para entrar en nuestras células, o quizás de una mutación en un gen relacionado con la respuesta inmunitaria a la infección.
Los estudios que buscan detectar anomalías en nuestro ADN, denominados estudios de asociación de genoma completo, ya han logrado identificar mutaciones genéticas que hacen que algunas personas sean resistentes a otras infecciones, como VIH y norovirus (el «virus del vómito de invierno»). Si podemos identificar las razones por las que algunas personas pueden ser inmunes a un virus concreto, en teoría, ese conocimiento podría utilizarse para prevenir la infección.
¿Pero es realmente tan sencillo? A pesar de que entendemos las mutaciones genéticas que protegen a una minoría afortunada de personas frente al norovirus, no existe ninguna vacuna ni tratamiento para este virus. Y los tristemente célebres “bebés CRISPR” (varios niños nacidos en 2018 cuyos genomas habían sido editados con el fin de hacerlos inmunes al VIH), recibieron críticas por dudosa ética, por no mencionar que era ilegal.
Es posible que no sea una mutación en un solo gen, sino una combinación de mutaciones en varios genes, lo que haría que un pequeño número de personas fuera inmune a la COVID. Dirigirse a múltiples genes sin provocar efectos secundarios no deseados puede ser complicado y dificultaría mucho aprovechar este conocimiento para desarrollar fármacos contra la COVID.
Pero comprender las mutaciones genéticas que hacen que alguien sea resistente a la COVID podría aportar información valiosa sobre cómo el SARS-CoV-2 infecta a las personas y provoca la enfermedad. En otras palabras, puede resultar interesante desde el punto de vista científico, pero quizás no tanto desde el clínico.
Aunque pasará algún tiempo antes de que tengamos respuestas de estos estudios, los científicos sí creen que existe un pequeño grupo de personas que son naturalmente inmunes al SARS-CoV-2 debido a sus genes.
¿Hora de cambiar el enfoque?
Como científicos, podemos obsesionarnos con ciertos detalles de nuestra investigación. Siempre es importante recordar que al otro lado de estas enfermedades infecciosas hay personas.
Aunque el SARS-CoV-2 sigue infectando a personas de todo el mundo y muta y evoluciona constantemente hacia nuevas variantes, su gravedad se ha reducido en gran medida gracias a las vacunas eficaces.
Al mismo tiempo, se calcula que dos millones de personas en el Reino Unido declaran sufrir COVID persistente, de las cuales casi una quinta parte presenta síntomas tan graves que la afección limita significativamente sus actividades cotidianas.
Si bien hay algunas teorías sobre qué contribuye a la COVID persistente, entre ellas microtrombos en la sangre y la inflamación crónica, lo cierto es que no sabemos bien por qué a unas personas les afecta y a otras no. Por ello, quizá nuestro enfoque debería pasar de los determinantes genéticos de la inmunidad al SARS-CoV-2 a explorar si algunas personas podrían tener una predisposición genética a una enfermedad crónica potencialmente transformadora de su vida.


