Reconstruir tras la COVID-19 no debe significar volver a como estaban las cosas

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• La respuesta, la recuperación y la reconstrucción son las tres etapas posteriores a una catástrofe.

• La participación ciudadana es fundamental en las dos últimas etapas para garantizar que den prioridad a las necesidades de la población.

• Los líderes atados a los sistemas existentes suelen descuidar una reconstrucción adecuada.

Como persona que ha participado en la construcción comunitaria y en el trabajo posterior a desastres durante casi 40 años, sé que, por lo general, tras una catástrofe se producen tres etapas: respuesta, recuperación y reconstrucción.

La respuesta es la forma en que la sociedad reacciona en el periodo inmediatamente posterior. ¿Puede la gente acceder a refugio, alimentos y suministros médicos? ¿Puede acceder con rapidez y facilidad a los sistemas preexistentes, como la ayuda de emergencia? ¿Tiene esperanza de poder recuperarse en un plazo razonable?

Después viene la recuperación. Esta consiste en el establecimiento de fondos de ayuda y de redes coordinadas de atención. Incluye medidas de política pública, la movilización de voluntarios y alianzas intersectoriales que marcan la diferencia al aprovechar los recursos del sector privado junto con el conocimiento comunitario de las organizaciones de la sociedad civil. En el caso de la COVID-19, la recuperación también incluye volver a trabajar con seguridad.

Es fundamental que la gente participe en el proceso de toma de decisiones durante la recuperación, porque sus necesidades son cruciales para la tercera etapa, la reconstrucción. La reconstrucción no debe consistir en levantar un hogar en el mismo lugar que antes. Debe centrarse en una planificación a largo plazo que ayude a las personas a salir más fortalecidas, repensando nuevos sistemas que hagan que las personas y las comunidades en su conjunto sean más resilientes y prósperas.

United Way lleva más de 130 años participando en la construcción comunitaria y en la respuesta a desastres. Nosotros empezamos en Estados Unidos a finales del siglo XIX porque los ciudadanos de Denver, Colorado, se unieron tras una devastadora inundación. Crecimos en la primera mitad del siglo XX gracias al poder de “War Chests” y “Community Chests”, que permitían a la gente reunir dinero para causas sociales importantes. Hoy operamos en más de 40 países y territorios de todo el mundo, uniendo al sector público, las empresas privadas y las organizaciones sin ánimo de lucro para afrontar los desafíos socioeconómicos más difíciles de cada comunidad.

Hemos combinado las lecciones de nuestro pasado con soluciones innovadoras actuales para dar forma al núcleo de nuestro trabajo de respuesta, recuperación y reconstrucción frente a la COVID-19. Desde marzo, United Way ha recaudado unos 900 millones de dólares a través de fondos locales, nacionales y mundiales, ha establecido alianzas innovadoras con algunas de las mayores empresas del mundo para recaudar fondos y concienciar sobre los desafíos continuos que plantea la COVID-19, y ha sido un defensor fundamental de las familias en dificultades y del sector sin ánimo de lucro durante estos tiempos difíciles.

Sin embargo, pronto la respuesta y la recuperación darán paso —y deben hacerlo— a la reconstrucción. Desafortunadamente, a lo largo de mi carrera he comprobado que la reconstrucción suele ser el paso que pasan por alto los líderes políticos y económicos cuyos intereses se ven favorecidos por las estructuras del sistema existente. Sin embargo, si queremos evitar, o al menos reducir al mínimo, futuras calamidades, nuestra comunidad mundial debe adoptar estos conceptos fundamentales al repensar nuestra sociedad y reconstruirla:

1. Fortalecer la equidad y la resiliencia comunitarias

Las perturbaciones globales, ya sean de origen humano o natural, serán cada vez más frecuentes. Las naciones, las comunidades y las personas deben estar preparadas para soportarlas y recuperarse. Eso significa garantizar que todos tengan los niveles necesarios de seguridad sanitaria y económica para evitar la dependencia, controlar su destino y resurgir más fuertes.

2. Pensar de abajo arriba, no de arriba abajo

La resiliencia está determinada de forma intrínseca por las necesidades únicas de cada comunidad. Por ello, la mejor forma de garantizar que las personas y las comunidades puedan valerse por sí mismas es adoptar soluciones desarrolladas a nivel comunitario. Durante demasiado tiempo, las instituciones de la sociedad civil, incluida United Way, se han guiado por modelos lógicos elaborados en centros centralizados en lugar de por ideas y prioridades que surgen de la gente sobre el terreno. Eso debe cambiar.

3. Evitar el pensamiento de «volver a la normalidad»

La COVID-19 ha puesto al descubierto sistemas deficientes en Estados Unidos y en otros lugares, porque ha actuado como un huracán lento y poderoso que causa daños por todas partes, en lugar de limitar sus efectos a un solo lugar. Si el huracán Katrina arrancó el techo de las deficiencias de Nueva Orleans, en Estados Unidos, el coronavirus está destruyendo los cimientos mismos de toda la casa de la sociedad. Las cadenas de suministro just-in-time y los sistemas de desempleo desbordados no necesitan parches: deben desmantelarse y reconstruirse, poniendo en primer lugar las necesidades actuales de las personas, y no las del sector privado ni las de la burocracia.

La respuesta de la sociedad a la COVID-19 está revelando qué comunidades son resilientes y qué sistemas ayudan a las personas a prosperar. Desafortunadamente, desde las pruebas de detección del virus hasta el apoyo a los desempleados, demasiados sistemas están fallando porque demasiadas instituciones políticas, económicas y sociales no están diseñadas para poner a las personas en primer lugar. Han caído víctimas del statu quo o, peor aún, de intereses especiales.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para gestionar los riesgos emergentes de la COVID-19?

A medida que avanzamos hacia la etapa de reconstrucción de la COVID-19, ignoremos el instinto de volver a como estaban las cosas. En todo el mundo, cientos de millones de personas viven en la pobreza o están atrapadas sin un camino para ascender en la escalera socioeconómica. En cambio, escuchemos a las personas y a los líderes más cercanos al terreno, apoyemos y ampliemos sus mejores ideas, y reconstruyamos nuestra sociedad más fuerte que antes. Exijamos que los líderes nacionales, empresariales y de la sociedad civil reexaminen la forma en que trabajan, tanto individual como colectivamente, para empoderar a las personas que mejor conocen sus comunidades y pueden generar un progreso sostenido hacia mayores oportunidades para todos.

Aprendamos lecciones importantes de la COVID-19 y estemos mejor preparados para lo que viene después.

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