Los famosos taxis negros de Londres están en apuros.
La COVID-19 ha provocado que un quinto de los taxis salga de la circulación.
1.000 conductores ya han abandonado el sector.
El transporte en todo el mundo se enfrenta a una crisis, ya que los pasajeros permanecen en casa.
Toda gran ciudad tiene sus iconos: en Londres, son el Big Ben, los autobuses rojos y los taxis negros. Lo único es que ya no quedan muchos taxis en las calles.
La pandemia, al paralizar el turismo, ha reducido drásticamente la demanda de viajes en taxi en ciudades de todo el mundo, y Londres no es una excepción. Sume la competencia de la aplicación de viajes compartidos Uber y se entenderá por qué los emblemáticos taxis de Londres atraviesan una mala situación.
Una quinta parte de los taxis negros de Londres ha sido retirada de la circulación, según la Asociación de Conductores de Taxi de Londres (LTDA), y muchos languidecen en campos a las afueras de la capital, a la espera de que regresen tiempos mejores. Los ingresos por tarifas solo representan el 20-25% de los niveles previos a la COVID, según la LTDA, y casi 1.000 taxistas londinenses han dejado de conducir desde que estalló la pandemia.

Los aviones se detuvieron de forma permanente
No es ni de lejos el único medio de transporte afectado.
En todo el mundo, los aeropuertos e incluso los aeródromos remotos están repletos de aviones comerciales estacionados. Algunos no volverán a volar nunca y están siendo desguazados en cementerios de aviones de todo el planeta. La asociación comercial IATA afirma que el número de pasajeros ha descendido en dos tercios este año debido a la pandemia.

Donde los vuelos siguen despegando, los aviones más recientes y eficientes en consumo de combustible, como el Boeing 787 Dreamliner y el A350 han reemplazado a los modelos más antiguos. A pesar de que las aerolíneas han reducido la capacidad mundial en casi dos tercios, los aviones seguían estando en promedio apenas medio llenos en todo el mundo, según la IATA.
En algunas rutas, los vuelos de carga han superado en número a los de pasajeros. Una semana de abril, United Airlines operó 95 vuelos intercontinentales de carga, pero solo 42 de pasajeros.
El tren que ahora sale... está vacío
En todo el mundo, los trenes también están casi vacíos. «Veo bajar de los trenes más personal de limpieza que pasajeros», un trabajador de la estación de Tokio declaró a Bloomberg. El Gobierno del Reino Unido ha accedido a subvencionar a las operadoras ferroviarias para mantener en funcionamiento trenes casi vacíos.

Mientras tanto, en Hong Kong, que fue la ciudad turística líder del mundo en 2019, con 56 millones de visitantes, cientos de autobuses turísticos permanecen acumulando polvo en un puerto de contenedores. La ciudad ha prohibido la visita de todos los no residentes desde febrero, lo que ahoga la industria turística.
Completamente abandonados
El destino de algunos cruceros es aún peor. Mientras muchos buques permanecen fondeados en bahías resguardadas, con sus camarotes vacíos y en un silencio sepulcral, algunos ya están en manos de los desguazadores.
Hasta que la pandemia paralizó todas las travesías, los cruceros eran el sector de la industria turística mundial de crecimiento más rápido. En la década hasta 2019, el número de pasajeros y los ingresos casi se duplicaron.
Carnival Corporation, que afirma haber transportado casi la mitad de los 30 millones de pasajeros de cruceros del mundo en 2019, ha cancelado travesías hasta 2021 en todas sus marcas, entre las que se incluyen Aida, Cunard, Costa, Holland America y P&O Cruises; también está vendiendo al menos ocho de sus barcos.
Nadie cree que la recuperación vaya a ser rápida ni fácil. La IATA afirma que podría tardar hasta 2024 en que el tráfico aéreo vuelva a los niveles previos a la COVID. Las compañías de cruceros están depositando sus esperanzas en ofertas y descuentos para la temporada 2022 para reactivar su industria.
El Foro Económico Mundial insta a todas las partes interesadas a reconstruir mejor tras la pandemia. Su reciente Cumbre de Pioneros del Cambio debatió la oportunidad, rara pero estrecha, que existe para reflexionar y reimaginar el mundo en pos de una mayor resiliencia y sostenibilidad.
