Quizás nunca conozcamos la verdadera tasa de mortalidad de la COVID-19. Esta es la razón

A protective mask hangs on a cross at the burial area provided by the government for victims of the coronavirus disease (COVID-19) at Pondok Ranggon cemetery complex, as the outbreak continues in Jakarta, Indonesia, September 24, 2020. REUTERS/Willy Kurniawan TPX IMAGES OF THE DAY - RC2W4J9XZGCO
Over 1 million how now died from COVID-19 around the world.Image: REUTERS/Willy Kurniawan
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  • Las muertes por COVID-19 superan ya el millón en todo el mundo, pero los científicos siguen luchando por determinar la tasa de letalidad del virus.

  • La tasa de letalidad es el porcentaje de personas diagnosticadas con el virus que acaban muriendo a causa de la enfermedad.

  • Los expertos estiman que el coronavirus mata al 0,5 % a 1 % de las personas infectadas, pero esta cifra varía mucho según la edad.

  • El aumento de las pruebas y la mejora de los tratamientos desde el inicio de la pandemia han hecho que la letalidad disminuya, pero aún queda mucho por saber.

Las muertes globales por COVID-19 han alcanzado el millón, pero los expertos todavía luchan por determinar una métrica crucial de la pandemia: la tasa de letalidad, es decir, el porcentaje de personas infectadas con el patógeno que mueren.

Esta es una mirada a los problemas que rodean a una mejor comprensión de la tasa de mortalidad por COVID-19.

¿Cómo se calcula la tasa de mortalidad?

Una tasa de mortalidad real compararía las muertes con el número total de infecciones, un denominador que sigue siendo desconocido porque es difícil medir el alcance total de los casos asintomáticos. Muchas personas que se infectan simplemente no presentan síntomas.

Los científicos han afirmado que el número total de infecciones es exponencialmente superior al número actual de casos confirmados, que ahora asciende a 33 millones en todo el mundo. Muchos expertos creen que el coronavirus probablemente mata al 0,5 % a 1 % de las personas infectadas, lo que lo convierte en un virus muy peligroso a nivel mundial hasta que se identifique una vacuna.

Los investigadores han empezado a desglosar ese riesgo por grupos de edad, a medida que aumentan las pruebas de que las personas más jóvenes y los niños tienen mucha menos probabilidad de experimentar enfermedades graves.

“La tasa de mortalidad de las personas menores de 20 años es probablemente de una de cada 10.000. Por encima de los 85 años, es de alrededor de una de cada 6”, afirmó el Dr. Christopher Murray, director del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington en Seattle.

¿Qué es la “tasa de letalidad de casos”?

Se ha observado una aparente disminución de las tasas de mortalidad al medirlas frente al número de nuevas infecciones confirmadas mediante pruebas de coronavirus. En lugares como Estados Unidos, esa “tasa de letalidad de casos” ha caído drásticamente del 6,6 % en abril a algo más del 2 % en agosto, según las estadísticas de Reuters.

Pero los expertos afirman que la disminución se debe en gran medida a que se realizan más pruebas que al principio de la pandemia, lo que permite detectar a más personas con enfermedad leve o sin síntomas. También se atribuye a las mejoras en el tratamiento de los enfermos graves y en la protección de algunos de los grupos de mayor riesgo la mejora de la supervivencia.

“Somos mucho más conscientes de las posibles complicaciones y de cómo reconocerlas y tratarlas”, afirmó el Dr. Amesh Adalja, del Centro de Seguridad Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore. “Si es un paciente que contrae la COVID-19 en 2020, preferiría mucho más contraerla ahora que en marzo.”

¿Qué significa eso para las personas y los gobiernos?

Eso pone de relieve la necesidad de mantener la vigilancia, ya que algunos países empiezan a experimentar una segunda oleada de infecciones.

Por ejemplo, los investigadores de Francia estiman que la tasa de letalidad de casos de ese país se redujo un 46 % a finales de julio en comparación con finales de mayo, impulsada por un aumento de las pruebas, una mejor atención médica y una mayor proporción de infecciones en personas más jóvenes, que tienen menos probabilidades de sufrir enfermedades graves.

“Ahora estamos observando un nuevo aumento de las hospitalizaciones y de los ingresos en UCI (unidad de cuidados intensivos), lo que significa que esta discrepancia está a punto de terminar”, afirmó Mircea Sofonea, investigador de la Universidad de Montpellier en Francia. “Tendremos que entender por qué.”

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