Dentro de la batalla para contrarrestar la «infodemia» de COVID-19

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  • La «infodemia» de información falsa sobre la COVID-19 puede tener consecuencias peligrosas.

  • Así responden las empresas de medios y tecnología para compartir información precisa y verificar afirmaciones.

  • Persisten los desafíos para garantizar y valorar los contenidos y medios de comunicación precisos.

En la respuesta mundial para combatir la pandemia de COVID-19, cada vez está más claro que la información precisa puede desempeñar un papel importante en la seguridad pública. La proliferación en internet de contenido inexacto, sin fundamento e inventado —que crea una «infodemia» paralela— puede tener consecuencias especialmente graves durante esta emergencia de salud pública, lo que hace más urgente emprender esfuerzos significativos para contrarrestar estas afirmaciones.

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Los peligros de la desinformación

Los tipos de información falsa sobre la COVID-19 varían en temática, alcance y difusión. Entre los contenidos más peligrosos se encuentran los consejos de salud inexactos sobre cómo «prevenir» o «curar» la infección, por ejemplo, tomando un medicamento específico. Por ejemplo, un niño de 5 años en Irán se quedó ciego después de que sus padres le dieran metanol tóxico con la esperanza infundada de que eso lo protegería de la COVID-19. En Nigeria, tres personas sufrieron una sobredosis de cloroquina tras oír afirmaciones de que podía ayudar a tratar el coronavirus. Estas afirmaciones inexactas representan un peligro claro y directo no solo para las personas, sino también para la salud pública.

Además de las inexactitudes sobre salud, también circulan afirmaciones acientíficas sobre la COVID-19 con carga política y racial. Estas historias, que afirman falsamente que las personas de determinados orígenes son más propensas a propagar la COVID-19, han dado lugar a varios casos de discurso de odio, discriminación e incluso agresiones físicas.

Cómo responden las empresas tecnológicas

Conscientes de los riesgos y la gravedad de la situación, las principales redes sociales y empresas tecnológicas emitieron una declaración conjunta en la que anunciaban una respuesta coordinada para combatir «el fraude y la desinformación sobre el virus».

En una reciente llamada del Foro Económico Mundial sobre la Plataforma de Acción contra la COVID-19 con líderes empresariales y gubernamentales, Ruth Porat, directora financiera y vicepresidenta sénior de Alphabet y Google, destacó: «Cada empresa tendrá una fortaleza central diferente que podrá aprovechar para marcar la diferencia. Creo firmemente que lo fundamental es que cada empresa se movilice y contribuya donde pueda. En conjunto, podemos marcar la diferencia».

Aunque las redes sociales ya se habían enfrentado al reto de frenar la difusión de contenido dañino en sus plataformas antes del brote de COVID-19, ahora se hace más hincapié y hay más urgencia en eliminar o bloquear el contenido inexacto, en lugar de limitarse a señalarlo o reducir su visibilidad en el feed de noticias.

Facebook empezó hace poco a eliminar publicaciones que afirman que el distanciamiento físico no ayuda a prevenir la propagación del coronavirus. Facebook también eliminó hace poco una publicación del presidente brasileño Jair Bolsonaro que afirmaba que el medicamento «hidroxicloroquina funciona en todas partes». Google tomó medidas similares cuando prohibió la aplicación de Infowars en la tienda de Android después de que su fundador, Alex Jones, cuestionara la necesidad de la cuarentena para prevenir la propagación de la COVID-19.

También existe ahora una estrecha colaboración entre muchas redes sociales y equipos de expertos en verificación de datos de organismos sanitarios nacionales e internacionales reconocidos para identificar qué afirmaciones son verificablemente falsas y, por tanto, deben eliminarse. «Es fundamental que la gente reciba información precisa de expertos y organizaciones de salud pública en este momento», afirma Nick Clegg, vicepresidente de Asuntos Globales y Comunicaciones de Facebook.

Desde el brote de COVID-19, se ha hecho más hincapié en ofrecer a los usuarios de buscadores y redes sociales información fiable de fuentes confiables mediante banners de alerta y centros de información. «Desde los primeros días de esta emergencia de salud pública, hemos estado trabajando en estrecha colaboración con la Organización Mundial de la Salud y otras autoridades sanitarias nacionales para asegurarnos de que la gente reciba información precisa, y tomando medidas contundentes para impedir la propagación de la desinformación y el contenido dañino», afirma Clegg.

Facebook, YouTube y otras plataformas para compartir contenido también han proporcionado créditos publicitarios a la OMS y a varias ONG para que puedan lanzar campañas rápida y gratuitamente y llegar a los usuarios con información de calidad.

El desafío de las aplicaciones de mensajería

Las aplicaciones de mensajería son otro frente en la batalla contra la ola de desinformación sobre la COVID-19. Dado que estos productos priorizan la privacidad, sus operadores han adoptado un enfoque distinto al de los espacios sociales de plataformas como Instagram o Facebook. Como saben que la desinformación sobre la COVID-19 suele difundirse mediante mensajes en cadena, las dos plataformas de mensajería de Facebook, WhatsApp y Messenger, ahora señalan los mensajes que se han reenviado varias veces.

WhatsApp ha limitado el número de veces que se puede reenviar un mensaje. También ha introducido el Servicio de alerta sanitaria de la OMS para notificar a sus usuarios las últimas novedades sobre la COVID-19, y ha lanzado chatbots en varias jurisdicciones para que la gente pueda consultar sus dudas sobre la COVID-19 a las autoridades sanitarias nacionales.

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Normas estrictas para los anuncios y monetización limitada

Las empresas tecnológicas también han tomado medidas para frenar a quienes buscan aprovecharse del público para obtener beneficios durante esta crisis. Al principio, casi todos los buscadores y redes sociales prohibieron la publicidad de productos y servicios que mencionaran la infección por coronavirus. Google, sin embargo, ahora permite a los anunciantes que trabajan directamente en asuntos relacionados con la pandemia, como organismos gubernamentales, hospitales, personal médico y ONG, mencionar la COVID-19, dado que es «un tema constante e importante de la conversación cotidiana», según Marc Beatty, de Google.

Sin embargo, la mayoría de las plataformas en línea ya no publican anuncios de mascarillas, desinfectantes y otros equipos de protección. Al calificar las pandemias actuales de «evento delicado», YouTube ha condicionado la monetización de todo contenido de vídeo relacionado con la COVID-19 al cumplimiento estricto de los requisitos de veracidad y sensibilidad. Iniciativas como la Alianza Mundial para Medios Responsables están reuniendo a todo el ecosistema mediático para retirar la monetización del contenido dañino, más allá de la COVID-19.

Muchos organismos reguladores y gubernamentales, incluidos los de la FTC y la FDA, la UE y Health Canada están tomando medidas enérgicas contra anunciantes y vendedores de productos fraudulentos relacionados con la COVID-19, pero el enorme volumen y la amplitud de las afirmaciones siguen siendo un gran desafío.

¿Están funcionando estas medidas?

Un estudio de Oxford que analizó una muestra de 225 piezas de desinformación de enero a marzo concluyó que el 59% de las publicaciones que verificadores independientes calificaron de falsas o engañosas seguían en Twitter, el 27% en YouTube y el 24% en Facebook.

En un reciente artículo de The Washington Post, muchas plataformas señalaron que los datos quizá no reflejaran plenamente la aplicación de algunos cambios recientes en las políticas, pues correspondían a un periodo en que estas se estaban definiendo o ajustando parcialmente. Según los directivos, con el tiempo muchas plataformas han aplicado sus políticas con mayor rigor a medida que las recomendaciones de los organismos sanitarios cambiaban rápidamente.

Un hallazgo interesante del estudio fue el importante papel que desempeña la desinformación difundida desde las altas esferas: políticos, celebridades y otras figuras públicas destacadas generaron el 69% de toda la interacción en redes sociales, una medida clave del alcance en estas plataformas.

La gente busca noticias precisas

Muchos medios de comunicación también han intensificado sus esfuerzos para desmentir los mitos sobre el coronavirus. Por ejemplo, la BBC publicó un artículo que desmiente mitos y recopila las principales ideas erróneas; la CBC explicó por qué no se puede hacer una mascarilla N95 con un sujetador; y The New York Times advirtió que beber alcohol industrial no protege contra el coronavirus.

Sin embargo, aunque se ha registrado un aumento significativo de las suscripciones a noticias relacionadas con la COVID-19 por parte de clientes que quieren mantenerse informados, las organizaciones de noticias también están experimentando caídas espectaculares de los ingresos publicitarios, ya que sectores enteros reducen su inversión en marketing. Muchas marcas temen perjudicar la percepción de su marca al asociarla con la cobertura del coronavirus, una afirmación que contradice las investigaciones actuales. Otras empresas que publican anuncios impiden que aparezcan junto a la cobertura del coronavirus, y «coronavirus» es ahora la palabra más habitual en las listas de bloqueo de los editores de noticias.

Image: Foro Económico Mundial

Según un análisis de Piano, empresa que ayuda a los medios de comunicación a crear audiencias y aumentar sus ingresos, estos desafíos ponen de relieve la necesidad de encontrar un equilibrio entre el acceso abierto a la información y las estrategias para generar ingresos. Encontrar modelos de negocio viables que garanticen que los editores reciban una compensación por el valor que ofrecen a los consumidores es una prioridad fundamental del sector para frenar la proliferación de contenido dañino.

Queda por ver si estas tácticas, y de qué manera, pueden aplicarse a otros ámbitos de contenido una vez superada esta crisis. El apoyo a los medios de comunicación en esta lucha contra los actores malintencionados y los usuarios mal informados, junto con la cooperación mundial entre los sectores público y privado, será fundamental para el éxito futuro.

Farah Lalani es la responsable del proyecto y Juraj Majcin es becario de Impulsar la seguridad mundial de los contenidos digitales en el Foro Económico Mundial, donde se estudia el futuro de la moderación de contenidos.

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