Al 6 de mayo, se habían confirmado más de 3,6 millones de casos de COVID-19 y más de 250.000 muertes.
Sin embargo, ahora es imposible conocer las cifras reales.
Las diferencias en la recopilación de datos, así como los retrasos en el registro de las muertes, contribuyen a la incertidumbre.
Examinar el número total de muertes por cualquier causa y compararlo con los promedios esperados puede ofrecer una imagen más clara.
Este año, las cifras han adquirido un papel más destacado en nuestras vidas. Desde las recomendaciones de distanciamiento social de dos metros hasta la tasa de infección R0, las estadísticas sobre el coronavirus están presentes en nuestra vida cotidiana. Entre las cifras más preocupantes están las relativas a los casos y las muertes.
Cuando remita la pandemia de COVID-19, ¿podremos medir todo el alcance de sus daños? ¿Sabremos cuántas personas mató realmente? A la luz de la atención diaria que reciben las cifras concretas de casos, estas preguntas pueden parecer extrañas. Pero esas cifras no cuentan toda la historia y probablemente omiten muchas muertes. Para obtener una imagen más completa, debemos examinar el número total de muertes por cualquier causa y comparar esas cifras con las esperadas para el periodo, según los promedios históricos y las previsiones.
Por ejemplo, en la semana que terminó el 3 de abril, el Reino Unido registró 3.475 muertes por COVID-19. Esa misma semana se registraron 16.387 muertes por todas las causas en Inglaterra y Gales (las otras partes del Reino Unido tienen oficinas estadísticas independientes). Fue el mayor número de muertes en una sola semana desde enero de 2000: 6.082 muertes más de las que cabría esperar, en promedio, en esa época del año.
En estas circunstancias, sería natural suponer que al menos algunas de esas «muertes excedentes» podrían atribuirse a la pandemia. (Algunas podrían deberse a otros factores que hayan cambiado, como los niveles de obesidad). Sin embargo, según las prácticas actuales, ninguna de estas muertes excedentes se incluye en las cifras de mortalidad por COVID-19.
Entre enero y abril de 2020, los datos de Inglaterra y Gales incluyen unas 27.000 muertes excedentes, según un análisis realizado por The Financial Times. Eso supone un aumento del 52 %. Las cifras de muertes por todas las causas de otros países también registraron enormes aumentos durante el mismo periodo: Italia (90 %), España (72 %), Bélgica (60 %). En general, las ciudades han sido las más afectadas.
Italia acaba de revisar su cifra de muertes relacionadas con el coronavirus. Fue uno de los países más afectados y el primero de Europa en imponer un confinamiento a escala nacional. Al 6 de mayo, Italia había confirmado 213.000 contagios y 29.315 muertes.
Pero, según ISTAT, el organismo oficial de estadísticas de Italia, las cifras de muertes excedentes pintan un panorama aún más sombrío. En marzo, las muertes en todo el país aumentaron un 49 % con respecto al promedio de los cinco años anteriores. Al desglosar la cifra por regiones, ese 49 % resulta aún más preocupante. En el norte de Italia, las muertes aumentaron un 95 %, mientras que en la región de Lombardía, que incluye la ciudad de Milán, el número de muertes aumentó un 186 %.
Retrasos y diferencias
Según el Proyecto Europeo de Seguimiento de la Mortalidad (EuroMOMO), se ha producido «un marcado aumento de la mortalidad excedente por todas las causas en el conjunto de los países europeos participantes, coincidente con la actual pandemia de COVID-19». Sin embargo, en todo el mundo no existe un enfoque uniforme para recopilar las cifras.
Basta con observar los distintos enfoques adoptados para realizar pruebas (muy extendidas en Corea del Sur, por ejemplo, pero mucho menos en el cercano Japón) para ver lo difícil que resulta hacer comparaciones directas. Cuantas más pruebas se realizan, mayor es la probabilidad de detectar contagios. Por eso, el número total de casos de un país depende de cuántas pruebas realiza.
Incluso cuando se confirman muertes por COVID-19, a menudo pasa tiempo entre el registro de una muerte y la incorporación de su causa a las estadísticas nacionales. Por ejemplo, la República de Irlanda sufre lo que EuroMOMO denomina «retrasos muy importantes en el registro de muertes durante marzo y abril de 2020».
Los problemas para contabilizar con precisión también dificultan la elaboración de previsiones fiables. Estados Unidos avanza actualmente hacia una relajación de las restricciones del confinamiento. Los modelos matemáticos anteriores indicaban que el número de muertes por COVID-19 en el país se situaría entre 59.300 y 114.200. Sin embargo, una previsión revisada del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington ofrece un panorama mucho más sombrío.
Según el IHME, para principios de agosto, la cifra mínima prevista de muertes es de 95.092 y podría llegar a 242.890 en el extremo superior de la previsión. Se considera que la cifra prevista intermedia, de 134.475, es el resultado más probable. Al 6 de mayo, Estados Unidos había registrado 71.078 muertes por coronavirus.
A pesar de los retrasos y las diferencias, todas las muertes realmente causadas por el coronavirus se contabilizarán en las estadísticas generales de muertes por todas las causas. Identificar la brecha entre los promedios esperados y las muertes registradas ayudará a revelar una cifra de muertes más precisa. Pero obtener esas cifras llevará tiempo y requerirá más análisis.


