Más de 117 millones de niños de todo el mundo podrían quedarse sin vacunarse contra el sarampión debido a la suspensión de los programas de inmunización durante la pandemia de COVID-19, advierte UNICEF.
Las organizaciones sanitarias ya estaban preocupadas por el aumento de las enfermedades infecciosas prevenibles antes del brote de coronavirus.
La lucha contra la COVID-19 podría provocar un aumento aún mayor de los casos de sarampión, polio y otras enfermedades, lo que desbordaría unos servicios sanitarios ya sobrecargados.
Se insta a los gobiernos a intensificar los esfuerzos para localizar a los niños sin vacunar y evitar brotes de enfermedades «antiguas» cuando se levanten los confinamientos.
En este momento, la máxima prioridad para la mayoría de los gobiernos del mundo es esta: combatir la COVID-19.
Sin embargo, se advierte que esta atención podría abrir la puerta a la propagación de otras enfermedades infecciosas, al suspenderse las vacunaciones previstas. Según UNICEF, más de 117 millones de niños de 37 países podrían quedarse sin vacunarse contra el sarampión debido a la suspensión de los programas de inmunización durante la pandemia de coronavirus.
Se prevé que aumenten dos enfermedades: el sarampión y la polio. Se insta a los países a aplazar los programas de vacunación que podrían ser «esenciales para salvar vidas».
En aumento
Incluso antes de la llegada de la COVID-19, las organizaciones sanitarias mundiales estaban cada vez más preocupadas por el aumento de las enfermedades infecciosas prevenibles, en particular el sarampión.
Joanna Rea, directora de Incidencia de UNICEF Reino Unido, dice que las tendencias son preocupantes:
«A pesar de que existe una vacuna segura y eficaz desde hace más de 50 años, los casos de sarampión se dispararon en los últimos años y causaron más de 140.000 muertes en 2018, en su mayoría de niños y bebés; todas ellas eran prevenibles».
Hay especial preocupación por Afganistán, la República Democrática del Congo, Somalia, Filipinas, Siria y Sudán del Sur, países que combaten brotes de sarampión, cólera o polio mientras responden al mismo tiempo a los casos de COVID-19. Cada año, unos 20 millones de niños ya se quedan sin vacunas esenciales, según la ONU.
Pero el problema es aún más amplio. La tasa mundial de vacunación infantil contra enfermedades como la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP3), así como contra el sarampión, también permanece estancada en torno al 86 % desde 2010; se necesita un 95 % para prevenir brotes.
Y estas «brechas de vacunación» no afectan solo a los países en desarrollo; ante el aumento de las tasas de sarampión debido a problemas como la desconfianza en las vacunas, se ha advertido que países como Estados Unidos y el Reino Unido también están en riesgo.
Vacunaciones en pausa
La preocupación ahora es que la urgente necesidad de combatir la pandemia mundial empeore la situación de otras enfermedades.
Según UNICEF, las campañas de vacunación se han suspendido o aplazado en 24 países, ya que las autoridades sanitarias locales concentran todos sus recursos en el coronavirus. Además, es posible que no se realicen las vacunaciones previstas en otros 13 países.
Y eso no incluye a los bebés recién nacidos que podrían quedarse sin los servicios habituales de inmunización.
Consecuencias
¿Qué tan graves podrían ser las consecuencias de quedarse sin vacunar?
Joanna Rea, de UNICEF Reino Unido, lo tiene claro: «Los niños menores de 12 meses tienen más probabilidades de morir por complicaciones del sarampión y, si no se detiene la circulación del virus, su riesgo de exposición al sarampión aumentará cada día».
La Iniciativa Mundial para la Erradicación de la Polio (GPEI) ha aconsejado a los países que retrasen los programas de inmunización hasta el segundo semestre de 2020. «Tomamos esta decisión con profundo pesar, sabiendo que más niños podrían quedar paralizados por la polio como resultado».
Decisiones difíciles
Entonces, ante esta terrible disyuntiva, ¿qué deberían hacer los gobiernos?
Según la GPEI, por ahora es correcto suspender las vacunaciones sistemáticas, dada la necesidad de evitar una mayor propagación de la COVID-19.
Sin embargo, se teme que, tras ganar la batalla contra el nuevo enemigo, los agotados servicios sanitarios se vean desbordados por los casos de sarampión, polio y cólera.
«Los brotes anteriores han demostrado que, cuando los sistemas sanitarios se ven desbordados, la mortalidad por enfermedades prevenibles mediante vacunación y otras afecciones tratables también puede aumentar drásticamente», según la Organización Mundial de la Salud (OMS). De hecho, durante el brote de ébola de 2014-2015, «el aumento de las muertes por sarampión, malaria, VIH/sida y tuberculosis atribuibles a fallos del sistema sanitario superó las muertes por ébola».
Por este motivo, UNICEF afirma que la cuestión es compleja y advierte que, aunque los gobiernos deben dar prioridad a la lucha contra el coronavirus, también deben intentar mitigar el impacto del regreso de enfermedades antiguas. «Instamos a los líderes a intensificar los esfuerzos para localizar a los niños sin vacunar, de modo que se pueda proporcionar vacunas contra el sarampión a las poblaciones más vulnerables en cuanto sea posible», afirma Rea.
«Si no actuamos colectivamente ahora para proteger la educación de los niños, nuestras sociedades y economías soportarán las consecuencias mucho después de haber vencido a la COVID-19», advierte Robert Jenkins, director mundial de Educación de UNICEF. «En las comunidades más vulnerables, el impacto se prolongará durante generaciones».
