El coronavirus podría desencadenar una pandemia de hambre, a menos que se tomen medidas urgentes

A worker carries a sack of wheat flour at a World Food Programme food aid distribution center in Sanaa, Yemen February 11, 2020. REUTERS/Khaled Abdullah - RC2GYE9AYX0I
Food could be in short supply due to the pandemic.Image: REUTERS/Khaled Abdullah
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  • Según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, se prevé que la pandemia de coronavirus eleve este año a 265 millones el número de personas que padecen hambre aguda.

  • El secretario general de la ONU, António Guterres, afirma que la crisis es un «llamamiento a la acción» y que se necesita urgentemente más ayuda.

«Pendiendo de un hilo». Así describió Arif Husain, economista jefe del Programa Mundial de Alimentos (PMA), a millones de personas que no tienen suficiente comida, y eso fue antes del impacto del coronavirus.

Le preocupa que la COVID-19 pueda alterar tanto el suministro de alimentos que empuje a las personas más vulnerables «al límite».

¿Qué probabilidades hay de que se produzcan estos resultados? ¿Y qué puede hacer el mundo para ayudar?

Se prevé que este año se duplique el número de personas afectadas por la inseguridad alimentaria aguda en 2019. Image: PMA

Catástrofe potencial

El PMA define la «inseguridad alimentaria» como «la falta de acceso seguro a cantidades suficientes de alimentos inocuos y nutritivos para el crecimiento y desarrollo normales de las personas y para llevar una vida activa y saludable».

O, como lo expresa gráficamente el director ejecutivo del PMA, David Beasley: «821 millones de personas se acuestan con hambre todas las noches en todo el mundo; padecen hambre crónica».

Pero, pese a esta situación, esas personas no son su principal preocupación aquí. En cambio, quienes podrían sufrir las consecuencias colaterales de la COVID-19 son las personas en situación de «inseguridad alimentaria aguda», en la que la falta de alimentos «reviste una gravedad que amenaza la vida, los medios de subsistencia o ambos». Beasley advierte que el mundo está «al borde de una pandemia de hambre».

El año pasado, 135 millones de personas de países de ingresos bajos y medios padecían inseguridad alimentaria aguda. Esa cifra casi podría duplicarse y alcanzar los 265 millones en 2020, según el reciente Informe mundial sobre las crisis alimentarias del PMA (elaborado junto con otros 15 socios humanitarios y de desarrollo). Y el coronavirus es en gran medida el culpable.

El factor coronavirus

La COVID-19 «es un duro golpe para millones de personas más que solo pueden comer si ganan un salario», afirma Arif Husain, del PMA. «Los confinamientos y la recesión económica mundial ya han devastado sus ahorros.

«Basta un golpe más, como la COVID-19, para empujarlas al límite».

Advertencias de la historia

La ONU reconoce que, hasta ahora, el suministro de alimentos ha resistido relativamente bien durante la pandemia.

Sin embargo, eso podría cambiar. Las últimas proyecciones del PMA, incluidas en su Informe mundial sobre las crisis alimentarias, se basan en las lecciones del pasado reciente.

En 2008, por ejemplo, cuando empezaron a hacerse sentir los efectos de la crisis bancaria mundial, hubo disturbios por el precio de los alimentos y huelgas por los precios en más de una docena de países, al verse afectadas la disponibilidad y las reservas.

Otra preocupación es el comportamiento de los mercados y de las personas cuando las respuestas al coronavirus de los países que son «graneros del mundo» alteran las cadenas de suministro mundiales y provocan compras de pánico.

«¿Qué pasaría si los grandes compradores creen que no podrán recibir cargamentos de trigo o arroz en mayo o junio? Eso podría desencadenar una crisis mundial de suministro de alimentos», dijo un analista del mercado de cereales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Las plagas agrícolas, como estas langostas en Kenia, contribuyen a la «tormenta perfecta» de factores que generan inseguridad alimentaria aguda.Image: REUTERS/Baz Ratner

Los más expuestos

Entonces, si se materializa el peor escenario, ¿quiénes podrían correr más riesgo por las consecuencias de la COVID-19?

Lamentablemente, quienes ya son más vulnerables, los que están «pendiendo de un hilo». El informe del PMA identifica los 32 países que necesitaron más ayuda alimentaria en 2019; ahora están en el punto de mira.

«Los efectos económicos y sanitarios de la COVID-19 son más preocupantes para las comunidades de países de África y Oriente Medio, porque el virus amenaza con perjudicar aún más la vida y los medios de subsistencia de personas que ya están expuestas al riesgo por los conflictos», afirma David Beasley, del PMA.

Junto con Siria, Yemen es motivo de especial preocupación. El PMA ya lo describe como «la peor crisis alimentaria del mundo».

Ahora, afirma que los efectos combinados de los conflictos, la crisis macroeconómica, las perturbaciones relacionadas con el clima y las plagas agrícolas —en particular, las langostas del desierto— podrían crear una tormenta perfecta.

Es hora de actuar

Es evidente que lamentarse no basta. El secretario general de la ONU, António Guterres, afirma que el informe del PMA debe ser un «llamamiento a la acción».

«Tenemos las herramientas y los conocimientos necesarios. Lo que necesitamos es voluntad política y un compromiso sostenido de los dirigentes y los países». Pero ¿cómo se traduce eso en la práctica?

Según el PMA, la primera prioridad es el dinero: crear reservas de alimentos y efectivo en los países con mayor riesgo.

Se pide a los donantes de ayuda que aceleren la entrega de los 1.900 millones de dólares ya comprometidos, y se necesitan rápidamente otros 350 millones de dólares para establecer una red de centros logísticos y sistemas de transporte que lleven los alimentos adonde se necesitan.

Algunas de las mayores empresas alimentarias del mundo también instan a los gobiernos a actuar manteniendo abiertas las fronteras y a no responder a la COVID-19 interrumpiendo el suministro de alimentos.

Economistas y destacadas figuras políticas también participan en el debate e instan a los líderes mundiales a ayudar a los más pobres en su lucha contra el coronavirus, o pagar las consecuencias.

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