La COVID-19 ha provocado un aumento de la demanda de conectividad a internet.
Sin embargo, solo el 53% de la población mundial está conectada a internet.
Estas son cinco formas en que los gobiernos pueden garantizar la conectividad en colaboración con las empresas, entre ellas, promover la resiliencia de las redes y garantizar el acceso a los servicios digitales y su asequibilidad.
La COVID-19 ha sacudido nuestro mundo. Grandes sectores de la población mundial viven bajo diversas restricciones y medidas obligatorias de distanciamiento. Estamos aprendiendo a vivir de otra manera: a aprender, socializar, comprar, practicar nuestra fe y colaborar de otra manera. Y todo esto lo hacemos en línea.
El papel de la conectividad digital en nuestras vidas ha crecido en los últimos años, pero nunca habíamos sido tan conscientes de cuánto dependemos de ella. Desde obtener la información más reciente y orientación sanitaria hasta respaldar los servicios de salud, adaptar las cadenas de suministro y conseguir equipos de todo el mundo, dependemos de la capacidad de conectarnos a distancia.
Sin embargo, también estamos aprendiendo que no podemos dar por sentada esta conectividad. Los desafíos críticos exigen medidas inmediatas para garantizar la continuidad operativa y que esté disponible para quienes la necesitan, mientras la ola de COVID-19 sigue extendiéndose por todo el mundo.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al brote de coronavirus?
El aumento de la demanda en nuestras redes mundiales ha sido drástico. Se ha disparado el uso tanto de las videollamadas como de los servicios de entretenimiento en streaming: Zoom ha informado de un crecimiento de 20 veces en el número diario de participantes. En algunos países, las llamadas de voz se han triplicado y el uso de aplicaciones de comunicación se ha duplicado.
El repentino cambio a una vida completamente en línea ha provocado una congestión y una presión sin precedentes en la infraestructura crítica de las TIC. También observamos problemas de acceso y asequibilidad en muchos países.
Abordar las desigualdades globales en el acceso a internet
Más allá de la respuesta inmediata a la COVID-19, hay una lección más profunda y duradera. Si bien es cierto que muchos apenas ahora se dan cuenta de cuánto dependemos de la conectividad digital, esto solo es cierto para quienes tienen conexión a internet. Actualmente, esa cifra representa el 53% de la población mundial. Muchos países empiezan a afrontar la ola de COVID-19 sin el lujo de contar con sistemas de información conectados que la mayoría, si no todos, los lectores de este artículo dan por sentados.
Nunca antes se habrá sentido de forma tan drástica y trágica la brecha entre quienes tienen conexión y quienes no. Esta tragedia podría afectar con mayor dureza al 47% de la población mundial que no está conectada y carece de acceso a información y oportunidades básicas.
Cómo aumentar la conectividad
Necesitamos urgentemente una colaboración rápida entre los sectores público y privado para asegurarnos de conectar a las personas que necesitan estar conectadas. Para contribuir a ello, el Banco Mundial, la UIT, la GSMA y el Foro Económico Mundial han puesto en marcha una colaboración acelerada para determinar prioridades inmediatas de cooperación público-privada que los gobiernos puedan llevar adelante hoy en alianza con el sector privado.
Estas cinco prioridades se están difundiendo en todo el mundo, servirán de base para una reunión conjunta de ministros de industria, TIC y finanzas en abril y catalizarán una colaboración sostenida entre los sectores público y privado para ampliar el acceso a internet más allá de la crisis actual.
1. Promover la resiliencia de las redes.
Los gobiernos deben garantizar la continuidad de la cadena de suministro de la industria digital agilizando los procesos aduaneros y logísticos y clasificando los equipos de red como infraestructura esencial. . También deben facilitar, según sea necesario durante la crisis, el acceso de emergencia a recursos de espectro adicionales, acelerar la aprobación de nuevos emplazamientos e instalaciones y permitir el uso compartido voluntario de infraestructura y la provisión de fibra oscura cuando sea necesario.
Por ejemplo, países como Estados Unidos, Irlanda, Jordania, Arabia Saudí, Túnez, Panamá, Brasil y Sudáfrica han proporcionado a los operadores acceso temporal a espectro para ampliar la cobertura y la capacidad de la red.
2. Garantizar el acceso a los servicios digitales y su asequibilidad.
Los gobiernos deben promover un uso inteligente y responsable de los recursos de red por parte del público general en momentos de crisis, sin generar distorsiones sistémicas. Para ello, pueden autorizar la distribución y compra de servicios móviles de prepago en establecimientos comerciales esenciales para los 5.7 mil millones de clientes que no tienen acceso a esas instalaciones.
Por ejemplo, Chile ha trabajado en un «plan solidario» para ofrecer acceso asequible a internet en colaboración con el sector privado. Egipto ha ofrecido tarjetas SIM gratuitas a estudiantes y se ha comprometido a asumir el costo de aumentar un 20% las descargas mensuales de todos los abonados. Y Tailandia ha diseñado un programa de asistencia pública para que los usuarios de telefonía móvil puedan registrarse y obtener 10 gigabytes de datos gratuitos.
3. Apoyar el cumplimiento de los principios de distanciamiento social y, a la vez, ofrecer conectividad esencial
Para prevenir la propagación del coronavirus, es fundamental apoyar la compra anticipada de acceso a internet de banda ancha para funcionarios públicos y otros grupos específicos que trabajan desde casa, a fin de garantizar la continuidad operativa de los servicios gubernamentales y respaldar las finanzas de los operadores en un momento de crisis. Por ejemplo, muchos países han apoyado el teletrabajo de los empleados públicos, entre ellos Nigeria.
4. Aprovechar la salud electrónica, la telemedicina y los macrodatos para abordar la crisis sanitaria.
Los gobiernos pueden ayudar a aprovechar la telemedicina, los servicios digitales y las aplicaciones para impulsar la salud electrónica y respaldar los sistemas de salud, sobre todo en zonas que necesitan atención médica a distancia. Pueden garantizar un diálogo estrecho entre las autoridades nacionales y los operadores sobre el uso de datos móviles para vigilar el brote, respetando directrices estrictas y pertinentes en materia de privacidad.
Por ejemplo, Pakistán ha colaborado con operadores móviles para enviar a los abonados mensajes SMS con información sanitaria relacionada con la COVID-19, y Côte d'Ivoire ha trabajado con operadores móviles para desarrollar un recurso de información sobre salud pública disponible en sitios web y en una aplicación.
En Estados Unidos, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) estableció un programa de 200 millones de dólares llamado Programa de telesalud COVID-19 cuyo objetivo es ayudar a los proveedores de atención sanitaria a adquirir servicios de telecomunicaciones, conectividad de banda ancha y los dispositivos necesarios para prestar servicios de telesalud. La FCC también estableció el Programa Piloto de Atención Conectada para proporcionar hasta 100 millones de dólares en apoyo del Fondo de Servicio Universal (USF, por sus siglas en inglés) existente, ayudar a sufragar los costos en que incurren los proveedores de atención sanitaria al prestar servicios de atención conectada y evaluar cómo puede utilizarse el fondo a largo plazo para apoyar la telesalud.
5. Garantizar que los marcos institucionales sean adecuados para su propósito.
Los gobiernos también deben apoyar a los ministros de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y de telecomunicaciones para que elaboren planes de acción de emergencia y aborden los obstáculos pertinentes que impiden la inversión del sector privado y el acceso universal.
Internet para todos en el mundo posterior a la COVID-19
Más allá de la respuesta a la pandemia, la mayoría de las personas cree ahora que saldremos de esta crisis con expectativas, comportamientos y normas diferentes. Volveremos al trabajo, reconstruiremos y crearemos nuevas empresas. Seguiremos afrontando grandes desafíos existenciales en forma de cambio climático y problemas de sostenibilidad relacionados. Al saber en la práctica cómo son las grandes perturbaciones globales, abordaremos los desafíos de sostenibilidad con un renovado fervor, y los macrodatos y la analítica desempeñarán un papel fundamental en nuestros esfuerzos basados en la ciencia, mientras que las plataformas digitales serán esenciales para la colaboración en la distribución y la innovación.
En todos nuestros objetivos, tanto individuales como colectivos, dependeremos aún más de lo digital en nuestras vidas.
Si no abordamos rápidamente el desafío de llevar a todas las personas un acceso universal a internet de alta calidad, no podremos construir economías inclusivas. No podremos movilizar todos nuestros recursos para hacer frente a futuras pandemias o al cambio climático. Y no podremos brindar a los jóvenes de todo el mundo acceso a la riqueza del conocimiento humano para que puedan aprender, innovar y liderar en el futuro.
Debemos actuar con urgencia para mantener el flujo de nuestra savia vital de información y conectividad global mientras afrontamos la crisis actual. Pero también debemos mantener esa urgencia para ampliar el acceso a todos.


