Mark Lowcock, Coordinador de Socorro de Emergencia de la ONU, explica cómo la pandemia de coronavirus puede afectar a las naciones en desarrollo.
La ONU ha anunciado un plan de 2000 millones de dólares para hacer frente a la COVID-19 en los países más vulnerables del mundo.
La ONU ha anunciado su plan de 2000 millones de dólares para hacer frente al coronavirus en los países más vulnerables del mundo.
Las Naciones Unidas pusieron en marcha un plan de 2000 millones de dólares para combatir el coronavirus en los países vulnerables y evitar que se propague por el mundo, y advirtieron de que nadie está a salvo si los más pobres quedan expuestos.
El virus, que surgió en China y se extendió rápidamente por Europa, está llegando ahora a África, Asia y América Latina, y afecta a países que ya padecen crisis humanitarias debido a conflictos, desastres naturales y el cambio climático.
Los expertos temen que el virus pueda empujarlos al límite, por lo que se ha lanzado este llamamiento mundial y se advierte a todo el mundo de que nadie está libre de peligro.
"Si la enfermedad no se controla también en estos lugares, el virus seguirá circulando, por lo que nadie estará a salvo hasta que todos lo estén", afirmó el jefe de asuntos humanitarios de la organización a la Fundación Thomson Reuters.
El plan de respuesta humanitaria, con vigencia hasta finales de 2020, será ejecutado por organismos de la ONU, y con la participación directa de grupos de ayuda internacionales y locales que suministrarán desde kits de prueba hasta instalaciones sanitarias.
La Fundación Thomson Reuters habló con Mark Lowcock, jefe de ayuda humanitaria de la ONU, sobre el esfuerzo por proteger a los países en desarrollo frente a una pandemia de rápida propagación que ya ha causado la muerte de más de 20 000 personas.
¿Por qué se necesita el plan y cuáles son los principales objetivos?
El virus... (está) extendiéndose por todas partes, pero aunque hay pocos casos en muchos más países frágiles y débiles, es probable que crezca bastante rápido y de forma muy notable; por ello, lo que estamos haciendo es lanzar un llamamiento de 2000 millones de dólares para ayudar a los 40 países más vulnerables, aproximadamente, que ya tienen enormes necesidades humanitarias.
El objetivo es hacer frente a las consecuencias humanitarias inmediatas de la pandemia, así que lo que haremos será suministrar equipos esenciales, como material de laboratorio para hacer pruebas (de) el virus, y suministros médicos.
Instalaremos estaciones para el lavado de manos en campamentos y asentamientos, y pondremos en marcha campañas de información pública sobre cómo las personas en estos países muy vulnerables pueden protegerse. También estableceremos puentes aéreos y centros de suministro en África, Asia y América Latina para poder trasladar a los trabajadores humanitarios y los suministros allí donde más se necesiten.
Esto se suma a la asistencia humanitaria en curso: el año pasado destinamos 18 000 millones de dólares a este grupo de 40 países, llegamos a más de 100 millones de personas y salvamos millones de vidas. Pero esas vidas están ahora amenazadas por la COVID, y si la enfermedad no se controla también en estos lugares, el virus seguirá circulando, por lo que nadie estará a salvo hasta que todos lo estén.
¿Teme que el coronavirus provoque crisis sanitarias con altos niveles de mortalidad en estos países vulnerables?
Eso es lo que intentamos evitar. Millones de personas son vulnerables, y (estamos) tratando de mejorar la capacidad de esos países para gestionarlo lo mejor que puedan.
Hemos tenido programas exitosos para hacer frente a epidemias en otros lugares: estamos a punto de terminar nuestra campaña contra el último brote de ébola en la República Democrática del Congo; derrotamos el ébola en África Occidental; y vacunamos cada año a millones de niños contra el sarampión.
Hay cosas que podemos hacer. Este es un gran desafío, pero si no empezamos a afrontarlo en la mayoría de los lugares, tendremos que lidiar con él de forma permanente.
¿Prevé problemas para conocer la magnitud de las infecciones en estos países con sistemas de salud deficientes?
Va a ser un desafío absolutamente enorme, porque hablamos de lugares con sistemas muy débiles, con muy pocas instalaciones, muy pocos médicos y enfermeros, y muy pocos suministros... Pero vamos a intentar empezar a abordarlo con este llamamiento y luego ampliarlo.
Los países que más sufrirán serán los que aún no han tenido muchos casos (del virus), pero que probablemente tendrán los mayores problemas; y se trata de unos 40 países, entre ellos Siria, Yemen, Afganistán, Somalia y Venezuela, todos ellos con los mayores desafíos humanitarios actuales, los sistemas más débiles y la menor capacidad.
Creo que los países afectados por conflictos serán muy, muy vulnerables; esa es una de las razones por las que hemos pedido un alto el fuego mundial. Y, por supuesto, algunos de esos países (africanos) también son los que donde (la langosta del desierto) representan una amenaza.
¿Llega a tiempo este plan de respuesta humanitaria mundial o va con retraso?
Creo que el mundo entero va con retraso, aunque (algunos) países han tenido relativo éxito en sus esfuerzos por contener el virus hasta ahora, según parece: China, Corea del Sur y Singapur.
Evidentemente, un país debe centrarse primero en sus propios sistemas y necesidades, pero será una estrategia inteligente para todos los países aportar aunque sea un poco a otros países, porque nadie está a salvo hasta que todos lo estén.
Hacer frente a (la pandemia) exige mantener también la asistencia humanitaria existente, porque si esos países constatan que tienen personas desnutridas o más personas con otras enfermedades, o más problemas de agua potable, serán aún más vulnerables a la COVID-19. Eso supondrá una amenaza no solo para ellos, sino para todos los demás habitantes del planeta.
Estamos decididos a hacer todo lo que esté en nuestra mano; será un desafío enorme, pero debemos empezar ahora, aumentar la escala y prepararnos para el largo plazo.

