Más del 60 % de la fuerza laboral mundial está clasificada como empleada de forma informal.
Carecen de acceso a gran parte del apoyo que necesitan para afrontar la desaceleración provocada por el coronavirus.
En los países más pobres, es posible que ni siquiera puedan mantenerse a salvo con medidas básicas de higiene.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 2.000 millones de personas trabajan en la economía informal. Eso equivale a alrededor del 62 % de la fuerza laboral mundial. Y son los más expuestos a las consecuencias económicas de la pandemia de coronavirus.
Según el Banco Mundial: “Los trabajadores informales tienen, de media, ingresos un 19 % inferiores a los de los trabajadores formales y ahorros limitados.”
También es menos probable que puedan acceder a los programas gubernamentales de ayuda a personas y empresas durante la crisis, que han sumado alrededor de 9 billones de dólares en todo el mundo hasta el momento.
Quienes menos tienen son los que más sufren
Aunque existe en todas las economías —desarrolladas o en desarrollo, de ingresos altos o bajos—, el trabajo informal es especialmente frecuente en los países de ingresos más bajos.
Entre 2010 y 2016, el trabajo informal representó alrededor del 40 % del PIB en el África subsahariana, Europa y Asia Central, y América Latina y el Caribe. Un indicador clave del tamaño relativo del sector del trabajo informal es el número de personas que se clasifican como trabajadores por cuenta propia. El Banco Mundial calcula que entre el 50 % y el 60 % de los trabajadores son autónomos en el África subsahariana, el sur de Asia, y el este de Asia y el Pacífico.
Estas regiones también tienden a carecer de redes de protección social consolidadas. «En el tercio de las EMDE [economías de mercado emergentes y en desarrollo] con mayor informalidad, las prestaciones por desempleo, de media, solo están disponibles para menos del 2,5 % de la población», advierte el Banco Mundial.
Según la OIT, los trabajadores informales también tienen menos probabilidades de contar con un colchón financiero propio, lo que los deja ante opciones difíciles: “‘Morir de hambre o por el virus’ es el dilema, demasiado real, al que se enfrentan muchos trabajadores de la economía informal.”
Hambre, enfermedad e inseguridad hídrica
El efecto acumulado del trabajo informal, la falta de estructuras de apoyo y la pandemia de coronavirus es que el hambre crónica se está convirtiendo en una forma de vida para millones de personas más. El Programa Mundial de Alimentos calcula que el número de personas que padecen hambre profunda podría aumentar hasta 270 millones a finales de año. Eso supone un incremento del 82 % respecto a los niveles previos a la pandemia. Mientras tanto, Oxfam advierte de que 12.000 personas al día podrían morir de hambre como consecuencia de la crisis de la COVID-19.
La pobreza y la enfermedad suelen ir de la mano. En muchos países de bajos ingresos, la escasez de agua es una lucha diaria. El cambio climático, los conflictos y la falta de infraestructuras hacen que millones de personas no tengan acceso a una fuente de agua potable cerca de donde viven.
Si no hay agua limpia, no es posible lavarse las manos, una de las recomendaciones más reiteradas para contener el coronavirus. Y, una vez más, existe una relación entre el saneamiento y el trabajo informal.
En las economías en desarrollo o emergentes con los niveles más altos de trabajo informal, «las instalaciones de saneamiento solo son accesibles para el 34 % de la población», afirma el Banco Mundial. En países similares con menos trabajadores informales, la cifra asciende al 80 %.
Pensar de forma integrada
Para combatir la amenaza que afecta al sector informal se requiere una visión integrada, según aconseja la OIT. Las cuestiones sanitarias y financieras no deben tratarse por separado, sino abordarse mediante un plan de acción coherente.
Garantizar un apoyo financiero adecuado es un factor importante. Por supuesto, permitirá que las personas permanezcan en sus hogares y puedan mantenerse a sí mismas y a sus dependientes. Pero también es necesario garantizarles un acceso rápido a los servicios médicos, así como orientación sobre cómo reducir la probabilidad de que propaguen el virus.


