La educación en casa de los niños durante la crisis de la COVID-19 está cambiando nuestro enfoque de la educación.
Los expertos creen que las innovaciones que utilizan los docentes durante el brote podrían propiciar cambios duraderos, y que la tecnología desempeñará un papel más importante en las escuelas en el futuro.
Pero los avances en el aprendizaje electrónico no deben dejar atrás a quienes se encuentran en desventaja educativa.
En todo el mundo, las escuelas de más de 100 países están cerradas para proteger contra la propagación del coronavirus, lo que afecta a la educación de casi 1.000 millones de niños. Para quienes tienen más suerte, la educación en casa ocupará el lugar del aula.
En algunas partes del mundo, corresponderá a los padres mantener la educación de sus hijos lo mejor que puedan. Sin embargo, las tecnologías digitales se utilizan cada vez más para impartir clases a los niños en casa.
Antes de que la pandemia cerrara las escuelas, solo una minoría de niños recibía educación en casa. En Estados Unidos, se estima que 1,7 millones de niños recibían educación en casa de una población escolar nacional de 56,6 millones de alumnos.

Hoy, la situación es muy distinta. En todo el mundo, las escuelas utilizan plataformas existentes de empresas como Microsoft y Google, así como aplicaciones de videoconferencia como Zoom, para impartir clases a sus alumnos. En el Reino Unido, las clases virtuales de gimnasia impartidas por el instructor de fitness Joe Wicks han demostrado ser extremadamente populares.
Mientras tanto, Francia ha creado «Ma classe à la maison» (mi clase en casa), a la que se puede acceder desde dispositivos como un ordenador portátil o un teléfono inteligente. Ofrece cuatro semanas de cursos con lo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) describe como «contenido pedagógico validado».
¿Una revolución educativa?
La OCDE hace un seguimiento de cómo la tecnología está reemplazando la enseñanza presencial. «Resulta especialmente inspirador ver cómo surgen formas de trabajar totalmente nuevas, que van más allá de sustituir simplemente las escuelas físicas por sus equivalentes digitales», afirma Tracey Burns, de la Dirección de Educación y Competencias de la OCDE.
En Japón, empresas del sector privado ofrecen cursos gratuitos en línea a los niños confinados, a través de una plataforma digital gubernamental que permite a los estudiantes y a sus padres elegir qué curso seguir.
«A medida que cierran más escuelas, debemos prestar especial atención a las personas más vulnerables, no solo en lo físico, sino también en lo académico y lo psicológico», afirma Burns. «Todas las respuestas deben diseñarse para evitar que se profundicen las desigualdades educativas y sociales.
«A medida que los sistemas se vuelcan masivamente al aprendizaje electrónico, cobran más peso las brechas digitales en materia de conectividad, acceso a dispositivos y niveles de competencia».”
Burns afirma que es demasiado pronto para decir que las escuelas tradicionales serán reemplazadas por el aprendizaje electrónico en un futuro próximo. Pero Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, considera que la crisis es una oportunidad para replantearnos cómo organizamos la educación.
Sostiene que ya no se debería considerar a las escuelas y a los docentes como «sistemas de transmisión de conocimientos», y que se debería empoderar a los docentes para que asuman más responsabilidad por lo que enseñan y por cómo lo enseñan.
Empoderar a los docentes
«Conozco a muchas personas que dicen que no podemos dar más autonomía a los docentes y a los responsables de educación porque carecen de la capacidad y la experiencia necesarias para ejercerla», añadió Schleicher. «Pero es poco probable que quienes solo reciben el encargo de recalentar hamburguesas precocinadas lleguen a ser grandes chefs.
«Limitarse a perpetuar nuestro enfoque prescriptivo de la enseñanza no será suficiente en este momento de crisis, que exige a los docentes no solo reproducir sus clases en otro medio, sino encontrar respuestas completamente nuevas a qué aprende la gente, cómo aprende, dónde aprende y cuándo aprende».”
Basándose en los resultados de la encuesta internacional sobre la enseñanza TALIS de la OCDE, afirma que la tecnología debería desempeñar un papel mucho más importante en el aula. «La tecnología no solo puede cambiar los métodos de enseñanza y aprendizaje; también puede elevar la función de los docentes, que pasan de transmitir conocimientos recibidos a trabajar como cocreadores de conocimiento», afirma.
En la encuesta, docentes de todo el mundo señalaron que la falta de tecnología digital en el aula obstaculizaba el aprendizaje. Algo más de la mitad de los docentes podía permitir que sus alumnos utilizaran ordenadores para proyectos o tareas de clase.
Solo el 60% de los docentes había recibido formación para su desarrollo profesional en el uso de la tecnología, y casi el 20% afirmó que necesitaba urgentemente formación en este ámbito. Pero la pandemia de coronavirus nos ha permitido vislumbrar cómo podría evolucionar la educación, y esto podría cambiar. Puede que las escuelas nunca vuelvan a ser las mismas cuando reabran tras la COVID-19.

