El número de casos confirmados de coronavirus en EE. UU. supera ya el total de casos de China e Italia, lo que lo convierte en el país más afectado del mundo.
Las muertes por el virus en EE. UU. superan ya las 1.000.
Crece la preocupación por la falta de camas y respiradores suficientes en el país.
Los contagios de coronavirus en EE. UU. han superado los 82.000, por encima de los totales nacionales de China e Italia, mientras Nueva York, Nueva Orleans y otros focos de contagio afrontan un aumento de las hospitalizaciones y la inminente escasez de suministros, personal y camas para enfermos.
Con centros médicos que se quedan sin respiradores y mascarillas de protección, y con una capacidad limitada de pruebas diagnósticas, la cifra de muertes por COVID-19, la enfermedad respiratoria provocada por el virus, en EE. UU. ha superado los 1.200.
«Cualquier escenario realista desbordará la capacidad del sistema sanitario», declaró el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, en una rueda de prensa. Describió el déficit previsto del estado en respiradores —máquinas que respiran por las personas que no pueden respirar por sí mismas— como «astronómico».
«No es que los tengan guardados en un almacén», añadió Cuomo. «No hay ninguna reserva disponible».
Al menos un hospital de la ciudad de Nueva York, el New York-Presbyterian/Columbia University Medical Center de Manhattan, ha iniciado una prueba para compartir un único respirador entre dos pacientes.
Mientras que esta semana Nueva York era el epicentro del coronavirus en Estados Unidos, la siguiente gran oleada de contagios parecía dirigirse a Luisiana, donde la demanda de respiradores ya se ha duplicado. En Nueva Orleans, la ciudad más grande del estado, se cree que las celebraciones del Mardi Gras de finales del mes pasado propiciaron el brote.

El gobernador de Luisiana, John Bel Edwards, afirmó que Nueva Orleans se quedaría sin respiradores el 2 de abril y, posiblemente, sin camas el 7 de abril «si no aplanamos pronto la curva de infecciones».
«No es una conjetura, no es una teoría endeble», declaró Edwards en una rueda de prensa. «Esto es lo que va a ocurrir».
Alrededor del 80 % de los pacientes de cuidados intensivos de Luisiana están ahora conectados a respiradores, frente al índice habitual del 30-40 %, afirmó Warner Thomas, director ejecutivo de Ochsner Health System, el grupo hospitalario del estado.
La escasez de mascarillas de protección, guantes, batas y gafas para médicos y enfermeras —hay numerosos informes de personal sanitario que reutiliza mascarillas viejas, las fabrica por su cuenta o incluso usa bolsas de basura para protegerse— se ha convertido en un problema nacional.
«Nuestras enfermeras de todo el país no tienen el equipo de protección personal necesario para atender a pacientes de COVID, ni a ninguno de sus pacientes», declaró Bonnie Castillo, responsable del mayor sindicato de enfermeras de EE. UU., National Nurses United, a MSNBC.
Un hito preocupante para Estados Unidos en su conjunto: al menos 82.153 personas en todo el país estaban infectadas a fecha del jueves, según un recuento de Reuters basado en datos de las agencias estatales y locales de salud pública. China, donde la pandemia mundial surgió a finales del año pasado, tenía el segundo mayor número de casos, 81.285, seguida de Italia, con 80.539.
Al menos 1.204 estadounidenses han fallecido por COVID-19, una enfermedad que ha resultado especialmente peligrosa para las personas mayores y quienes padecen enfermedades crónicas subyacentes, según muestra el recuento de Reuters.
Se necesitan más camas
En el estado de Nueva York, Cuomo afirmó que un objetivo clave era ampliar con rapidez el número de camas hospitalarias disponibles, de 53.000 a 140.000.
Los hospitales de Nueva York se apresuran a cumplir la directriz de Cuomo de aumentar la capacidad en al menos un 50 %. En la sede del Mount Sinai Hospital en el Upper East Side, se están construyendo habitaciones dentro de un atrio para liberar más espacio para camas.
En el Elmhurst Hospital, en el distrito neoyorquino de Queens, unas cien personas, muchas de ellas con mascarillas y con las capuchas subidas, hacían cola tras unas barreras frente a la entrada de urgencias, a la espera de entrar en una carpa para someterse al cribado del coronavirus.
La oficina forense de la ciudad ha instalado camiones refrigerados frente al Elmhurst y el Bellevue Hospital para almacenar temporalmente los cuerpos de los fallecidos.
Deborah White, vicepresidenta de medicina de urgencias del Jack D. Weiler Hospital, en el distrito del Bronx, afirmó que el 80 % de las visitas a su servicio de urgencias correspondía a pacientes con síntomas similares a los del coronavirus.
La escasez de respiradores y el aumento de las hospitalizaciones ya han suscitado la perspectiva de racionar la atención sanitaria.
Preguntado por las directrices que se están redactando sobre cómo asignar respiradores a los pacientes en caso de escasez, el gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, dijo a los periodistas que estos debates bioéticos le «atormentaban», pero que eran inevitables.
Fuera de Nueva York y Nueva Orleans, parecían surgir otros focos de contagio en el país, entre ellos Detroit.
Brandon Allen, de 48 años, compraba víveres en Detroit para su madre, de 72 años, que ha dado positivo y se autoaislaba en casa.
«Es surrealista», declaró Allen. «La gente de mi entorno se está muriendo. Sé de un par de personas que han fallecido. Sé de un par de personas que luchan por sus vidas. Cada día oyes de alguien más que lo tiene».
Récord de solicitudes de desempleo
Desesperados por frenar la transmisión del virus limitando el contacto físico entre personas, los gobiernos estatales y locales han dictado órdenes de confinamiento que afectan a cerca de la mitad de la población estadounidense. Un efecto secundario importante ha sido el estrangulamiento de la economía y una oleada de despidos.
El Departamento de Trabajo de EE. UU. informó el jueves de que el número de estadounidenses que solicitaron prestaciones por desempleo la semana anterior se disparó hasta un récord de casi 3,28 millones, casi cinco veces el máximo semanal anterior de 695.000 durante la recesión de 1982.
El Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de EE. UU., afirmó que el clima más cálido puede ayudar a contener el brote en el país a medida que se acerca el verano, aunque el virus podría reaparecer en invierno.
«Esperamos tener un respiro al llegar a abril, mayo y junio», declaró Fauci en la emisora pública WNYC.
El gobernador del estado de Washington, Jay Inslee, afirmó que podría prorrogar una orden de confinamiento que, en principio, vence el 6 de abril, animado por lo que calificó de «mejora muy modesta» en el área de Seattle.
Washington fue el primer gran foco de COVID-19 en EE. UU. y se encuentra entre los estados más golpeados. Hasta el jueves, el estado registraba unos 3.200 casos y 147 muertes.
En el Coachella Valley de California, una región con gran presencia de jubilados, especialmente vulnerables, 25 miembros de la Guardia Nacional del estado ayudaron a una organización sin ánimo de lucro a repartir alimentos a personas confinadas en sus casas, ya que la mayoría de los voluntarios habituales son personas mayores.
Más de 10.000 militares han sido desplegados en 50 estados para prestar ayuda humanitaria durante la pandemia.

