Coronavirus: 5 razones para tener esperanza en el futuro

Reku Matsui, 8, and Yaya Matsui, 12, pose for a photograph while holding pictures that they drew during the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, as they stand on the balcony of their home in Tokyo, Japan, April 19, 2020. "I miss being with my grandmother and my grandfather. Also, I want to go to my grandmother's house," said Reku, who drew a picture of himself standing in between his two smiling grandparents. Yaya, who drew a picture of herself and a friend said "what I want to do the most right now is hang out with my friends." REUTERS/Kim Kyung-Hoon SEARCH "CORONAVIRUS DRAWING" FOR THIS STORY. SEARCH "WIDER IMAGE" FOR ALL STORIES. TPX IMAGES OF THE DAY - RC2BAG9KZSI9
Reasons to smile?Image: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
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  • Un profesor de biología examina nuestra reacción ante la pandemia de coronavirus.

  • Hay mucha negatividad, pero desde controlar el virus hasta la colaboración mundial, hay motivos para tener esperanza.

  • Es importante debatir abiertamente dónde reside el equilibrio moral entre los costes y los beneficios del distanciamiento social.

Gran parte de la cobertura mediática de la COVID-19 se centra en las cosas malas que ocurren. Es muy fácil acusar a la gente de haberlo hecho mal cuando se juzga con la perspectiva de lo ocurrido y eso genera buenos titulares, pero ¿es justo?

Lo que desde fuera puede parecer un fiasco suele ser muy plausible si se observa en tiempo real y en su conjunto. Centrarse en los problemas inevitables que surgen en una situación cambiante, en lugar de intentar ver el panorama general, no ayuda realmente a informar al público ni a proporcionarle datos.

Por ejemplo, muchos comentarios sobre las pruebas de detección de la COVID-19 están mal fundamentados. Las pruebas son un asunto complejo que depende tanto de cómo se distribuyen y utilizan como del tipo de pruebas o de cuántas hay disponibles. Debemos tener claro qué preguntas planteamos sobre las pruebas y qué grado de fiabilidad cabe esperar de las respuestas.

Las pruebas son fundamentales para relajar las medidas actuales de distanciamiento social; por eso, para que esto tenga éxito, es fundamental que la población conozca mejor sus fortalezas y debilidades. En definitiva, solo lograremos que funcione la flexibilización de las restricciones si las personas disponen de la información que necesitan para decidir qué es seguro y qué no.

Casos confirmados acumulados en los 10 países con el mayor número absoluto de muertes. Image: Universidad Johns Hopkins

Los medios de comunicación tienen un papel fundamental en la difusión de estos mensajes importantes. El interrogatorio incisivo al Gobierno tiene su lugar, pero resulta contraproducente si provoca una respuesta defensiva, consume recursos y distrae en general de resolver el problema fundamental causado por esta terrible enfermedad. La COVID-19 no es un problema político, aunque algunas personas quieran convertirlo en uno. Si lo politizamos, lo único que saldrá ganando será el propio virus, el SARS-CoV-2.

Para contrarrestar la negatividad, propongo que también prestemos atención a los aspectos positivos, para que la gente pueda ver lo que se ha hecho, lo que está dando resultado y cómo podrían ser las cosas en el futuro si nos enfrentamos a una segunda ola del virus.

1. La COVID-19 está bajo control en muchos países

El valor de R0 —el número medio de personas a las que contagia una persona con la enfermedad— era de aproximadamente 3 cuando comenzó la pandemia. Ahora está por debajo de 1 en muchos países y probablemente también en el Reino Unido. Esto significa que la enfermedad está bajo control y en retroceso. Aunque aún queda mucho por hacer para controlar esta enfermedad, no debemos restar importancia a este logro ni a lo que significa.

Si eso no hubiera ocurrido en el Reino Unido y otros lugares, los problemas actuales con los equipos de protección individual, los respiradores y las camas hospitalarias, por no hablar del sufrimiento personal, habrían sido minúsculos en comparación. En cambio, nuestros hospitales están funcionando, en general, dentro de su capacidad aunque en determinados momentos haya habido puntos de saturación en distintos lugares.

2. Lo hemos conseguido al abandonar temporalmente nuestro modo de vida

Puede que esto no parezca algo positivo, pero, dadas las profundas divisiones que existen en la sociedad del Reino Unido —ilustradas de forma muy clara durante el Brexit—, resulta extraordinario haber presenciado esta unidad de acción que habría sido impensable hace apenas unos meses.

No creo que ningún científico del comportamiento hubiera previsto hasta qué punto todos nos uniríamos para controlar esta enfermedad. La rápida transición a una estrategia de distanciamiento social ha sido un éxito inmenso, aunque haya sido difícil.

3. Ahora sabemos mucho más sobre cómo gestionar esta enfermedad

En el caso de un virus cuya existencia desconocíamos hace cinco meses, gracias a un enorme esfuerzo de recopilación de datos entre bastidores, ahora lo conocemos casi molécula por molécula. Por mucho que deseemos una vacuna y pruebas útiles, contamos con métodos para controlar la COVID-19 que ahora sabemos que pueden funcionar.

También sabemos mucho más sobre los retos que nos esperan. Por ejemplo, podemos prever un repunte de la enfermedad en invierno. Aunque pueda ser un problema, si tenemos la voluntad de hacerlo, podemos mantener la COVID-19 bajo control incluso sin una vacuna ni pruebas. Eso no es un logro menor.

4. Hemos aprendido a actuar al unísono a una escala mundial enorme

La respuesta mundial ante el grave problema de la COVID-19 ha sido extraordinaria. Ha evitado una catástrofe para la humanidad y demuestra que tenemos capacidad organizativa para abordar los grandes problemas que afrontan las personas y el planeta.

5. Sabemos mucho más sobre nuestras vulnerabilidades y cómo gestionarlas

Cada país aprende sobre la marcha. En el Reino Unido, seguiremos adaptándonos y ajustándonos a la «nueva normalidad». Es necesario modificar la política de distanciamiento social, basándose también en conocimientos fiables sobre cuánto podría hacer que cualquier cambio volviera a elevar la cifra R0 hacia 1.

Costes y beneficios

Sopesar todo esto frente a las desventajas del distanciamiento social para las personas vulnerables y la economía siempre será una decisión difícil, basada en consideraciones morales. Implicará una gestión adaptativa —aprender qué funciona mediante la experimentación con distintos métodos— y paciencia. Pero también será necesario debatir abiertamente dónde reside el equilibrio moral entre costes y beneficios.

Este debate debe tener en cuenta el éxito fundamental que estamos logrando; los ataques y las acusaciones no lo mejorarán. El creciente ruido de las críticas de los editorialistas y los responsables de política de los medios, así como la tendencia a destacar lo malo por encima de lo bueno, parecen extrañamente reñidos con la historia que revela el panorama general y con la postura moral adecuada en estos tiempos difíciles.

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