La pandemia ha dado lugar a muchas nuevas teorías conspirativas, y la UNESCO quiere educar a las personas para identificarlas y desmentirlas.
Ciertos grupos son más propensos a ser objeto de ataques, entre ellos determinadas religiones y personas con distinta orientación sexual.
Las contramedidas incluyen señalar la información falsa, ponerse en contacto con el autor y evitar difundirla aún más.
Desde quienes cuestionan los alunizajes hasta las teorías sobre el asesinato de JFK, no hace falta buscar mucho para encontrar una teoría conspirativa. Y aunque algunas de las más descabelladas nos puedan parecer risibles, el problema es que no siempre son fáciles de reconocer.
Internet es el caldo de cultivo perfecto para ellas, y la incertidumbre generada por el brote de coronavirus les permite prosperar.
Por ello, la UNESCO, la agencia de la ONU que apoya la educación, las ciencias y la cultura, ha lanzado una campaña para ayudar a las personas a identificar, desmentir y denunciar las teorías conspirativas y evitar su propagación.
La UNESCO trabaja con la Comisión Europea, Twitter y el Congreso Judío Mundial, y ha creado una serie de infografías para ayudar a las personas a informarse mejor.
Cómo prosperan las teorías conspirativas
Las teorías conspirativas suelen surgir como una sospecha basada en que alguien se beneficia de un suceso o situación. Después, se fuerzan las «pruebas» para que encajen con la teoría. Puede resultar difícil refutarlas, porque quien lo hace suele ser visto como parte de la conspiración.
Las teorías pueden propagarse rápidamente, sobre todo en las redes sociales, donde las personas caen fácilmente en ellas. Otros las difunden porque quieren provocar o manipular deliberadamente. Las teorías conspirativas suelen dirigirse contra un grupo entero o discriminarlo, cuando se percibe que se beneficia de algo. Algunos grupos son especialmente propensos a ser objeto de ataques, entre ellos personas de determinadas religiones u orientaciones sexuales. Por ejemplo, diversas conspiraciones han acusado falsamente a grupos, entre ellos personas de presunto origen asiático, judíos y musulmanes de propagar la COVID-19 en Europa.
Como consecuencia, las conspiraciones pueden polarizar a las sociedades, agravar las tensiones existentes y alimentar el extremismo violento.
Cómo frenar su propagación
Para frenar la propagación de las teorías conspirativas es clave educar a las personas para que estén atentas a la información engañosa y enseñarles a desconfiar de determinadas fuentes. Sin embargo, no existe una regla infalible sobre la mejor manera de identificar o reaccionar ante información potencialmente perjudicial y engañosa. Puede resultar especialmente difícil cuando las teorías llegan de amigos o familiares.
La relación con la COVID-19
La incertidumbre y la preocupación crean el entorno perfecto para que nazcan las conspiraciones. Aunque todavía no se ha confirmado dónde o cómo surgió la COVID-19, abundan las teorías. En gran medida, ignoran las pruebas científicas e intentan encontrar razones que expliquen por qué se produjo la pandemia y quién se beneficia de ella.





