Medellín busca reducir sus emisiones de carbono al tiempo que reactiva su economía tras la COVID-19.
Prevé ampliar los carriles para bicicletas casi un 50 % en tres años y más que duplicar el número de líneas de transporte público interconectadas para 2030.
El alcalde describió la ciudad como una urbe con una profunda capacidad de resiliencia y una historia de reinvención.
Mientras la segunda ciudad de Colombia, Medellín, se prepara para reactivar su economía tras la pandemia de coronavirus, al mismo tiempo pretende reducir las emisiones de carbono un 20 % para 2030 y se centra en el transporte.
Los responsables municipales afirman que ampliarán los carriles para bicicletas casi un 50 % en tres años, hasta alcanzar los 145 kilómetros, y que más que duplicarán el número de líneas de transporte público interconectadas, que incluyen trenes terrestres, tranvías y líneas de teleférico, hasta llegar a 26 para 2030.
Asimismo, la ciudad trabaja para ofrecer 50 000 bicicletas eléctricas que los residentes podrán alquilar a bajo coste y pretende electrificar todo el transporte público antes de que termine la década.
"Medellín tiene una historia de reinvención y una profunda capacidad de resiliencia", declaró el alcalde Daniel Quintero a la Fundación Thomson Reuters en una entrevista.
"Estoy realmente convencido de que, dentro de 10 años, será muy inusual que alguien compre un automóvil diésel", afirmó.
Medellín es una de las decenas de ciudades del mundo que aspiran a aprovechar la reactivación económica tras los confinamientos para impulsar simultáneamente medidas medioambientales.
Desde el uso de fondos de estímulo para instalar estaciones de carga de vehículos eléctricos hasta la reserva de espacios antes limitados a los automóviles para peatones y ciclistas, las ciudades esperan ahorrar dinero y generar resiliencia luchando conjuntamente contra las crisis climática y vírica.
"Lo que está ocurriendo está provocando transformaciones enormes en las personas y las instituciones en general", afirmó Quintero.
"Pandemia de drogas"
En Medellín, los responsables municipales se basan en su experiencia de lucha contra una pasada "pandemia" de violencia desenfrenada relacionada con las drogas para afrontar nuevos desafíos, según Quintero.
"Hemos tenido que levantarnos después de la peor pandemia, que fue la violencia de las décadas de 1980 y 1990, cuando más de 100 000 jóvenes perdieron la vida durante la guerra contra las drogas", declaró el alcalde, quien inició su mandato de cuatro años en enero.
Pero, debido a lo que Medellín ya ha vivido, afirma estar "100 % convencido" de que los residentes de la ciudad, con 2,5 millones de habitantes, asumirán el reto que supone el coronavirus y el cambio climático.
"Esta crisis, y lo que está ocurriendo, ha supuesto una llamada urgente al cambio una vez más", afirmó el alcalde, de 40 años.
La COVID-19 ha puesto de manifiesto marcadas desigualdades entre ricos y pobres en una ciudad donde la mitad de los residentes trabaja en el sector informal y cobra en efectivo a diario, muchos como vendedores ambulantes y personal de limpieza.
"Hoy el virus afecta a los sectores de bajos ingresos, precisamente aquellos que sufrieron con dureza la violencia de los años 80 y 90. Por eso lo entendemos como una llamada urgente a una nueva transformación", afirmó Quintero.
La transformación que contempla implica que Medellín se convierta en una "ciudad ecológica" mejor conectada, más verde y con una mayor orientación tecnológica, según Quintero.
Es un enfoque que se basa en décadas anteriores de experiencia, gracias a las cuales esta ciudad rodeada de montañas ha recibido premios y ha adquirido la reputación de ser un pionero de la innovación urbana.
Los alcaldes sucesivos se han centrado en la renovación urbana para mejorar los barrios marginales dominados por bandas, que ahora cuentan con nuevas escuelas, bibliotecas públicas, gimnasios al aire libre y parques ajardinados.
La ciudad también ha construido un sistema de transporte por teleférico, muy imitado, que transporta a los residentes por las laderas de las colinas y conecta a los habitantes de los barrios marginales con el resto de la ciudad.
La transformación de Medellín tras la COVID-19 se centrará en la educación como pilar clave para impulsar el cambio, con el objetivo de preparar a los estudiantes para empleos con enfoque digital y tecnológico, respaldada por niveles de inversión "históricos" en escuelas, según Quintero.
"Es con la educación como podemos transformarnos", afirmó, y añadió que la enseñanza debe inculcar a los jóvenes un sentido de responsabilidad individual y colectiva para proteger el planeta.
"Hablamos de una transformación del currículo que conecte a niños, niñas y jóvenes con las nuevas realidades del mundo... con los grandes desafíos climáticos y medioambientales que tiene hoy el mundo", declaró Quintero.
Aire más limpio
Como parte del impulso de Medellín para convertirse en una "ciudad ecológica", los responsables municipales se han centrado en promover energías más limpias para ayudar a reducir las emisiones y la contaminación.
Situada en medio de un valle profundo, Medellín ha tenido dificultades para reducir la contaminación atmosférica. Incluso con pocos automóviles en circulación durante el confinamiento por el virus, la ciudad ha sufrido niveles tóxicos de contaminación, según Quintero.
Las autoridades entienden ahora que la contaminación también se debe a la quema ilegal de bosques, otro desafío urgente que debe abordarse, afirmó.
Medellín se ha fijado el ambicioso objetivo de electrificar todo el transporte público para 2030, y Quintero afirma que quiere que la ciudad sea la primera de América Latina en alcanzar esa meta.
Para cumplir su objetivo, la ciudad planea introducir una amplia gama de cambios, entre ellos aumentar su flota de autobuses eléctricos hasta 130 para 2023, frente a los 65 actuales.
En conjunto, el país pretende reducir sus emisiones de carbono un 20 % entre 2015 y 2030, según los responsables.
Quintero afirmó que los Gobiernos desempeñan un papel crucial en la promoción de los cambios en el transporte que desean ver a medida que bajan los costes de la energía limpia.
"La misión más difícil es... crear un cambio de cultura, y tenemos que avanzar un poco más rápido de lo que avanza el mercado", declaró el alcalde.

