Los países han buscado formas de hacer frente a la demanda de camas hospitalarias provocada por el coronavirus.
Estadios, centros de congresos e instalaciones médicas fuera de servicio se han convertido en hospitales para hacer frente al aumento de casos.
Aunque no se necesiten, estas medidas ayudarán a los países a prepararse para futuros brotes.
Cuando el coronavirus se convirtió en pandemia, una cosa parecía segura: los hospitales tendrían dificultades para atender la demanda mundial.
A medida que aumentaban los ingresos hospitalarios, los hospitales adaptaron espacios alternativos, como instalaciones médicas fuera de servicio y centros de convenciones, para atender a pacientes sin afecciones potencialmente mortales, ofrecer atención de salud conductual y alojar al personal clínico y el equipo excedente. Aunque en muchas zonas ha disminuido la demanda de más camas hospitalarias, algunas organizaciones y ciudades están mejor equipadas y preparadas para habilitar el espacio necesario si se produce una segunda ola del virus.
«Según los datos que recibíamos en marzo, teníamos motivos de sobra para creer que los sistemas de salud se verían desbordados por las hospitalizaciones debidas a la COVID-19», afirma Jay Johnson, director gerente de JLL Healthcare, con sede en Atlanta. «Se hizo mucho hincapié en disponer de centros adicionales, listos para atender el exceso de pacientes. Muchos están cerrando ahora gracias al efecto positivo del distanciamiento social, pero sin duda hemos aprendido lecciones que podremos aplicar si el virus vuelve a propagarse en el futuro».
Reconvertir instalaciones médicas fuera de servicio
¿Un objetivo evidente para convertirlo en un centro para pacientes con coronavirus? Los antiguos hospitales que ya no están en uso.
En la ciudad de Chicago, varias entidades públicas y privadas se unieron para convertir dos antiguos hospitales y un antiguo edificio de consultorios médicos en centros de atención operativos en cuestión de semanas. Los contratistas generales organizaron equipos que trabajaron las 24 horas del día, los siete días de la semana; todos llevaban mascarilla y practicaban el distanciamiento social.
Este tipo de operaciones requiere una planificación integral en todos los niveles, afirma George Mills, director de Operaciones Técnicas de Healthcare Solutions, con sede en Chicago.
«Hay pacientes contagiados que entran por una zona y otros pacientes que están a punto de recibir el alta», explica. «Una parte importante de la planificación de estas conversiones consistió en restringir las rutas de circulación para reducir al mínimo los puntos de conflicto y eliminar la necesidad de que el personal decidiera quién debía ir a cada lugar».
Los antiguos centros hospitalarios —el Metro South Hospital de Blue Island y el Westlake Community Hospital de Melrose Park— habían cerrado. Durante el último mes y medio, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y los equipos de Clark Construction y Bulley & Andrews retiraron las alfombras e instalaron suelos, derribaron paredes, construyeron módulos y montaron nuevos sistemas de circulación del aire a presión.
Blue Island era un hospital de 400 camas que reabrió con 574; Westlake reabrió con 230.
La tercera instalación, un edificio de oficinas de 250.000 pies cuadrados que antes estaba afiliado al Sherman Hospital de Elgin, se convirtió en un centro de tratamiento de 274 camas.
Centros de convenciones reconvertidos
Los centros de convenciones, que de otro modo permanecían vacíos durante los confinamientos, también se adaptaron para atender a pacientes con coronavirus.
En marzo, cuando la ciudad de Nueva York se convirtió en el epicentro del virus en Estados Unidos, las autoridades locales se asociaron con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y la Guardia Nacional para convertir el Jacob K. Javits Convention Center en un centro médico temporal. Durante abril, el mes en que la ciudad registró su mayor número de casos, el Javits Center atendió a más de 1.000 pacientes.
Al 1 de mayo, el centro estaba cerrado y ya se había dado el alta al último paciente. Sin embargo, se conservarán los equipos y suministros por si es necesario reabrirlo ante un segundo repunte del virus.
En el Reino Unido, un centro universitario de exposiciones y congresos de Bristol se convirtió en un hospital de cuidados intensivos con 300 camas.
En Chicago, los equipos se movilizaron para realizar una conversión similar en McCormick Place, el mayor centro de convenciones de la ciudad, en solo dos semanas. El plan era levantar allí un hospital temporal con capacidad para hasta 3.000 camas. En aquel momento, el gobernador de Illinois, J.B. Pritzker, dijo que el mejor escenario posible sería que no hiciera falta usar las instalaciones, pues eso significaría que el estado había aplanado la curva y que se habían enfermado menos personas de las previstas. Desde entonces se ha desmontado gran parte de las instalaciones al aplanarse la curva, aunque se mantendrá la unidad con tiendas de presión negativa por si se necesitan cuando se reanuden las cirugías programadas en los hospitales.
Meredith O’Connor, directora ejecutiva de Brokerage de JLL, que lideró el equipo que puso en marcha la solución de gestión de instalaciones en menos de dos semanas, afirma que el plan de acción que han elaborado será de gran valor en el futuro.
«La gente no se da cuenta de cuántos elementos intervienen en el funcionamiento eficaz de un centro satélite como ese», afirma. «Es fundamental evaluar primero y pronosticar la carga de pacientes según distintos escenarios de propagación. La gestión logística también es clave para diseñar estas conversiones a gran escala».
Soluciones inmobiliarias creativas para centros de atención improvisados
Las autoridades y los hospitales también han tenido que pensar de forma creativa para atender necesidades médicas urgentes.
En Wuhan, China, donde comenzó el brote, las autoridades construyeron 16 hospitales temporales en estadios deportivos, gimnasios y centros de exposiciones. Cerraron el 10 de marzo, lo que demostró la flexibilidad de las soluciones de atención rápida.
Ante el vertiginoso aumento del número de pacientes en Italia, una red internacional de arquitectos e ingenieros se unió para convertir contenedores de transporte de 20 pies de largo en unidades de dos camas para un hospital de Milán. Cada contenedor, denominado CURA (Connected Units for Respiratory Ailments, Unidades conectadas para afecciones respiratorias), cuenta con todo el equipamiento de una UCI, además de extractores para crear presión negativa del aire.
Para que proyectos como estos tengan éxito, las funciones de todas las personas involucradas deben estar bien definidas y planificarse adecuadamente a fin de integrarlas eficazmente en el esfuerzo general, afirma Roger Herritz, responsable nacional de atención sanitaria de Projects and Development Services de JLL, con sede en San Francisco.
«El éxito de la respuesta a esta pandemia depende por completo del trabajo en equipo», afirma. «En los proyectos de Estados Unidos, FEMA aportó la financiación y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército actuó como gestor del proyecto».
Qué viene ahora
Algunos modelos sugieren que relajar el distanciamiento social podría desencadenar otra ola que volvería a provocar crisis de salud pública en distintas ciudades.
Aunque lugares como Nueva York y Chicago han empezado a reducir sus instalaciones médicas temporales, el futuro del coronavirus es incierto. Los gobiernos locales y regionales de todo el mundo se han comprometido a mantenerse alerta y responder a nuevos repuntes.
Es importante que los proveedores de servicios de salud y los gobiernos locales «mantengan la capacidad de ampliar rápidamente los centros de atención si llega una futura ola de contagios, especialmente si es más grave que el brote inicial», afirma Johnson.
También es fundamental planificar la futura disolución de cualquier espacio temporal, afirma Johnson. Por ejemplo, será necesario limpiar y desinfectar adecuadamente todos los espacios antes de devolverlos a sus usos originales.
«Al habilitar nuevos espacios de atención, alojamiento y almacenamiento en distintos edificios, podemos ayudar a reabrir las economías locales con estrategias bien fundamentadas y meditadas», afirma. «Ya hemos superado este desafío una vez y, sin duda, podremos volver a hacerlo».


