• La mayoría de los países caribeños se verán expuestos a la caída repentina del turismo.
• El Gobierno necesitará la ayuda del sector privado para cubrir el vacío.
• Una condición para reanudar la actividad podría ser contratar a trabajadores turísticos en suspensión temporal como limpiadores y encargados de tomar la temperatura.
Todos estamos en la misma tormenta de la COVID-19, pero no todos los países están en el mismo barco. Aquí, en las Bahamas, el 70% de nuestro PIB procede del turismo. Las economías basadas en el turismo, como la nuestra, en toda la región caribeña cuentan con redes de protección social limitadas. Esto significa que nuestra gente, nuestra economía y nuestro futuro tienen muchas más probabilidades de verse arruinados por la COVID-19 que las naciones con economías más diversificadas. Hoy, los aeropuertos y hoteles de aquí están cerrados, el desempleo en toda la región se dispara y nadie sabe cuándo podrán regresar los empleos del sector turístico.
Los países caribeños de Barbados, Belice y las Bahamas se encuentran entre los más expuestos del mundo a la repentina paralización del turismo mundial. “Este shock pandémico no se parece a ningún otro que estos Estados soberanos hayan experimentado en su historia”, afirmó Julia Smith, analista de S&P Global Ratings. S&P prevé que el turismo en el Caribe probablemente disminuya en un 60-70% de abril a diciembre en comparación con el año pasado. De hecho, debido a la COVID-19, la agencia de calificación rebajó este mes la calificación de las Bahamas y Belice a grado especulativo, mientras que rebajó las perspectivas crediticias de Aruba, Barbados, la República Dominicana y Jamaica a negativas.
Para dimensionar el problema, estos países están acostumbrados a recibir de tres a seis cruceros al día. Eso supone entre 12.000 y 20.000 nuevos turistas que llegan a sus costas cada día. Actualmente no tienen ningún crucero y no han recibido ninguno desde febrero. Ahora mismo, el 95% de las 80.000 habitaciones de hotel de la zona hotelera de Cancún están vacías. Sin los ingresos del sector turístico entre Cancún y Cozumel, países tan grandes como México están sufriendo.
El dinero del turismo es muy importante por una razón: inyecta efectivo (dólares) en la economía. Sin turistas que paguen (en efectivo) parasailing, buceo, pesca de altura, taxis, comestibles, etc., los países dependientes del turismo corren el riesgo de quedarse sin dólares estadounidenses, que necesitan para importar alimentos y combustible y para hacer frente al servicio de la deuda. Sin turismo, no hay efectivo.
Estas economías necesitan diversificarse, pero esto no puede hacerse de la noche a la mañana; mientras tanto, cada noche temo que estos países estén al borde de disturbios civiles. Las economías dependientes del turismo se están derrumbando.
Las economías dependientes del turismo necesitan crear miles de empleos para los trabajadores del sector turístico en suspensión temporal. Los necesitan con urgencia. A diferencia de la UE, el Reino Unido o Estados Unidos, los Gobiernos del Caribe no pueden permitirse ofrecer regímenes de subsidios salariales para suspensiones temporales. Con niveles de desempleo que superan los máximos de la posguerra en Estados Unidos, los analistas miran a la Gran Depresión en busca de orientación. Algunos comentaristas afirman que combatir la COVID-19 es similar a librar una guerra. Pero esto está lejos de una economía de guerra, en la que la producción funciona a pleno rendimiento y todos son necesarios para trabajar.
¿Qué se puede hacer? Este es un plan que permitiría al sector privado trabajar con el Gobierno para ganar la guerra contra el desempleo sin ninguna inversión adicional. Los empleos reales se basan en necesidades reales. Para reabrir nuestras economías, incluso a nivel nacional, necesitaremos el equivalente a un pequeño ejército de trabajadores que realicen tareas sanitarias —pruebas, controles de temperatura y rastreo de contactos—, así como la desinfección adicional que será necesaria en las empresas y los espacios públicos.
Si se pidiera al sector privado de los países caribeños que compartiera la carga del Gobierno en la creación de empleo, se podrían crear miles de empleos de la noche a la mañana de forma mutuamente beneficiosa. Los líderes de las naciones caribeñas podrían considerar exigir que la condición para que puedan reabrir negocios de mucho tránsito, como supermercados, tiendas de mejoras para el hogar, bancos minoristas, centros comerciales, grandes edificios de oficinas, compañías de ferris, gimnasios, etc., sea la contratación de limpiadores y encargados de tomar la temperatura con COVID procedentes del sector turístico reconvertido, con una tarifa horaria fija durante el horario de apertura.
Si esa fuera la condición que permitiera al sector privado volver a hacer negocios, serían los directivos de las empresas quienes harían cola frente al edificio del sindicato de trabajadores hoteleros para contratar a limpiadores y encargados de tomar la temperatura por la COVID. Los Gobiernos podrían dejar claro que se trata de una medida temporal que se mantendrá hasta que la COVID-19 esté bajo control y los hoteles reabran.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al brote de coronavirus?
Reorientar el potencial humano daría dignidad y propósito a miles de trabajadores del sector turístico, además de ayudar a estas naciones fiscalmente frágiles. Permitiría a las empresas reabrir antes. Los clientes se sentirían más seguros saliendo a gastar, lo que pondría en marcha de nuevo la economía nacional. Y sí, todos se benefician, incluso las calificaciones crediticias de la región.
