El proyecto Exemplars in Global Health recopila datos sobre los países que han logrado los mayores avances en salud con recursos limitados.
Tiene en cuenta ámbitos como el retraso del crecimiento, las muertes de menores de 5 años y los trabajadores comunitarios de salud.
Perú, Ruanda y Senegal se encuentran entre las naciones que han dado grandes pasos.
“Siempre que se analiza un problema de salud, lo primero que hay que hacer es ver qué país lo resolvió mejor”.
Así lo afirma Bill Gates, al hablar de Exemplars in Global Health, un proyecto de investigación internacional que trabaja para identificar países con recursos limitados que han superado a sus pares en áreas clave de la salud.
La iniciativa, respaldada por Gates Ventures, trabaja con una red local e internacional de académicos, expertos en salud y líderes de universidades, organismos de investigación y organizaciones, entre ellas el Banco Mundial y UNICEF. Recopila y analiza datos sobre el desempeño de los países en varios ámbitos, como el retraso del crecimiento, la mortalidad infantil y los trabajadores comunitarios de salud.
Mediante este trabajo, que incluye una plataforma en línea y una comunidad de expertos para ayudar a las naciones a utilizar los datos e invertir en programas de salud eficaces, busca ayudar a otros países a replicar los éxitos.
Estos son algunos de los países “modelo” y los notables avances que han logrado.
Perú
Entre 2000 y 2015, esta nación sudamericana redujo tanto la mortalidad neonatal como la de menores de 5 años en más de un 50 %. Implementó una atención de base comunitaria, definió prioridades claras para la salud nacional y trabajó para atender las necesidades sanitarias de un país diverso mediante la investigación y la innovación. Entre las intervenciones clave figuraron campañas de vacunación eficaces y equitativas centradas en zonas de alto riesgo.
Ruanda
En las décadas posteriores al genocidio que devastó el país, Ruanda logró una reducción del 67 % de las muertes de menores de 5 años. Aumentó la formación y la rendición de cuentas en todos los niveles de su sistema de salud, se comprometió a garantizar el acceso a la atención sanitaria para todos e invirtió en estrategias centradas en las necesidades de la comunidad, como el desarrollo de un manejo integrado de casos de diarrea y neumonía. También puso en marcha importantes programas para abordar la malaria y la desnutrición, y situó a los trabajadores comunitarios de salud en el centro de los esfuerzos para implementar estas intervenciones.
Liberia
Tras dos guerras civiles y una epidemia de ébola, esta nación de África Occidental actuó con rapidez para diseñar, probar y poner en marcha un sistema de salud comunitario que atendiera a sus ciudadanos más vulnerables, quienes llevaban más de una generación sin acceso a la atención. Un liderazgo gubernamental sólido y un plan financiero detallado respaldaron esta visión. Hoy, alrededor del 70 % de sus 700 000 residentes rurales tiene acceso a la atención, mientras que la proporción de mujeres que dan a luz con asistencia de personal cualificado pasó del 55 % al 90 %.
Brasil
Brasil cuenta con uno de los mayores programas de trabajadores comunitarios de salud del mundo, que ayuda a casi dos tercios de su población a acceder a la atención. No siempre fue así. Cuando, a mediados de los años ochenta, salió del régimen militar, existían graves problemas de acceso a la atención sanitaria. Sin embargo, respaldado por mecanismos de financiación innovadores, como incentivos para que los municipios adoptaran estrategias clave, la descentralización del sector sanitario y el énfasis en la apropiación comunitaria, su programa de trabajadores comunitarios de salud ha ayudado a reducir la mortalidad de menores de 5 años en un 75 %ha ayudado a reducir la mortalidad de menores de 5 años en un 75 %. El país también ha logrado una inmunización casi universal.
Senegal
Senegal mejoró sus tasas de cobertura en nutrición, salud y educación para reducir a la mitad su tasa de retraso del crecimiento –situación en la que una mala salud provoca que un niño tenga una talla inferior a la esperada para su edad– del 34 % al 17 %. El proyecto señala que el país ha reducido el retraso del crecimiento más de lo que cabría esperar en función de su crecimiento económico, y que su experiencia será relevante para muchas naciones similares que luchan contra sus propias crisis de retraso del crecimiento.
Etiopía
En 1992, cuando era uno de los países más pobres del mundo, Etiopía se propuso reducir su tasa de retraso del crecimiento. En 2016, esta tasa había pasado del 67 % al 38 %. En ese período, la productividad agrícola más que se duplicó, las matrículas en la educación primaria se cuadruplicaron, las tasas de inmunización más que se duplicaron y la defecación al aire libre disminuyó más de un 50 %. La creación por parte del Gobierno de sistemas de salud de base comunitaria capaces de prestar servicios a gran escala fue determinante.
Nepal
Los enfoques de base comunitaria también contribuyeron a que Nepal redujera las muertes de menores de 5 años en más de un 50 % entre 2000 y 2015. Asimismo, fortaleció su red de centros de salud, se centró en la salud neonatal y se apoyó en datos e investigaciones locales. Durante dos décadas, el país también ha reducido a la mitad su tasa de retraso del crecimiento.
Bangladés
A comienzos de los años setenta, cuando Bangladés era el país más pobre del mundo, su extensa población rural tenía un acceso muy limitado a la atención sanitaria. Hoy, 130 000 trabajadores comunitarios de salud, en su mayoría mujeres, prestan educación sanitaria y atención a más de 100 millones de personas. La mortalidad de menores de 5 años se ha reducido en un 56 %, y ha aumentado el porcentaje de niños rurales con acceso a una vacuna fundamental contra la difteria y el tétanos. El apoyo constante del Gobierno y el seguimiento riguroso de los problemas ayudaron a afrontar estos desafíos.
República Kirguisa
En el caso de la República Kirguisa, en Asia Central, las inversiones en servicios básicos de salud para todos, la distribución de pequeñas parcelas de tierra agrícola a las familias para impulsar la seguridad alimentaria y la elaboración de políticas estratégicas fueron claves para reducir el número de niños con retraso del crecimiento. Entre 1997 y 2014, la cifra pasó de más de 200 000 a 95 000. El país también experimentó una rápida disminución de la pobreza en ese período, pero fueron las políticas destinadas a garantizar que los más vulnerables tuvieran acceso a la nutrición y a la atención las que marcaron la diferencia.
