La reciente reunión de la ONU sobre la resistencia a los antimicrobianos reiteró que la inacción podría costar 1 billón de dólares al año en gastos sanitarios.
La escasez y dispersión de datos sobre la resistencia a los antimicrobianos dificulta que los gobiernos y las organizaciones mundiales de salud elaboren políticas sólidas.
Una mayor financiación de los planes de acción nacionales permitiría adoptar un enfoque más específico respecto al acceso a los antibióticos.
La Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Resistencia a los Antimicrobianos (RAM), celebrada en septiembre de 2024, sirvió de marco para un diálogo mundial sobre cómo la comunidad internacional abordaría colectivamente el impacto de esta amenaza para la salud pública. Muchos países, en particular Barbados y Malta, que impulsaron las negociaciones de la Declaración política de 2024 sobre la RAM, alzaron la voz para garantizar que los efectos catastróficos de esta pandemia ocuparan un lugar central, especialmente porque la competencia por la financiación con otras prioridades de salud pública no solo es evidente, sino también intensa.
Entre los acuerdos más destacados que contempla la declaración figuran reducir en un 10 % las muertes relacionadas con la RAM para 2030, la importancia de la coordinación multisectorial, el valor del acceso a las herramientas terapéuticas y de inmunización adecuadas, la necesidad de reforzar los sistemas nacionales de vigilancia de la RAM y del uso de antibióticos, y el papel fundamental de la responsabilidad nacional para impulsar la acción. No actuar con rapidez podría costar a los sistemas sanitarios 1 billón de dólares adicionales en gastos sanitarios cada año y 3,4 billones de dólares en pérdidas del producto interno bruto para 2050.
Los debates de septiembre en la ONU también abordaron una serie de cuestiones interconectadas: la necesidad de una cartera de desarrollo de antibióticos más innovadora y de incentivos para desarrollarlos y producirlos; la prevención de infecciones mediante vacunas y medidas de saneamiento más sólidas; y los vínculos entre la salud de las personas, los animales y el medioambiente. La urgencia de reforzar la infraestructura nacional e internacional para promover el uso responsable de los antibióticos y hacer seguimiento de la carga de la RAM también fue un tema central de estos intercambios.
El hilo conductor de estos distintos temas fue la necesidad y el valor incuestionables de contar con datos de buena calidad como base de las soluciones actuales y futuras. La evidencia muestra que las importantes carencias en la disponibilidad de datos estandarizados e interoperables dificultan enormemente que los gobiernos, las autoridades sanitarias, las empresas de ciencias de la vida y las organizaciones mundiales de salud tomen decisiones acertadas sobre políticas, financiación, investigación y diversas intervenciones.
Al mismo tiempo, las complejidades propias de la RAM exigen un nivel de granularidad informativa difícil de alcanzar. Por un lado, para determinar si los antibióticos se prescriben o utilizan correctamente, se deben tener en cuenta los datos derivados de diagnósticos adecuados, el comportamiento de los pacientes y un seguimiento detallado del uso nacional. Por otro, el acceso a los antibióticos necesarios debe responder a las necesidades de salud de la población. Por tanto, obtener una imagen lo más precisa posible del fenómeno es una tarea compleja y con múltiples dimensiones.
Cuando abundan los datos necesarios para resolver el rompecabezas de la RAM, suelen estar fragmentados, no ser adecuados para el propósito previsto, haberse recopilado con metodologías distintas o carecer de indicadores fundamentales sobre la carga de morbilidad. En otros casos, especialmente en países de ingresos bajos y medianos, los datos son escasos, cuando no inexistentes. Esto genera un dilema en el que quienes implementan las medidas suelen quedar atrapados entre «verdades a medias». Por ejemplo, aunque la información sobre los volúmenes de venta de antibióticos muestra tendencias reveladoras sobre el aumento del uso de antibióticos en todo el mundo, como ilustra la infografía siguiente, estos datos no explican cómo evoluciona la RAM ni si el uso de antiinfecciosos responde a las necesidades sanitarias específicas de cada país. De manera similar, el Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos y de su Uso (GLASS) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es uno de los recursos más importantes para compartir datos nacionales sobre la RAM y el uso de antimicrobianos, pero no informa suficientemente a los países sobre la exposición de la población a los antibióticos en los distintos entornos de atención sanitaria.

Como muestra la siguiente infografía, resolver este dilema requiere combinar de forma estandarizada múltiples fuentes de datos mediante informes nacionales de evaluación de los antibióticos, que podrían convertirse en un pilar central para formular políticas nacionales sobre antibióticos. Este esfuerzo implicaría, primero, identificar un método común para conectar conjuntos de datos diversos y, segundo, incorporar información sobre la salud de la población que vincule el uso de antibióticos con el perfil de enfermedades —o la carga de infecciones— de cada país. Distribuir las cantidades adecuadas de antibióticos según estas estimaciones no solo favorecería un uso más responsable, sino que también garantizaría que los objetivos nacionales de acceso respondan a necesidades respaldadas por evidencia.

Sin embargo, las evaluaciones nacionales de antibióticos no pueden existir de forma aislada. Para que tengan un efecto positivo en la orientación del uso de antibióticos, deben servir de base para formular políticas nacionales sobre antibióticos que guíen, entre otras cosas, la financiación, las adquisiciones, las mejoras de los sistemas sanitarios y el fortalecimiento de las prácticas clínicas.
Desde mediados de la década de 2000, siguiendo las orientaciones de la OMS, muchos países emprendieron la elaboración de planes de acción nacionales contra la RAM (PAN), cuyo propósito principal es gestionar el uso de antibióticos, reforzar la vigilancia, mejorar la prevención y el control de infecciones y aumentar la concienciación. Pese a este propósito inicial, según un análisis realizado por IQVIA, solo el 35 % de los PAN disponibles actualmente presenta estrategias integrales y específicas sobre el acceso a los antibióticos y su uso. Por tanto, elaborar políticas podría ser una evolución natural de los PAN o, al menos, una de sus principales aspiraciones. La Declaración política de 2024 sobre la RAM aboga por aumentar la financiación de estos planes —y por la importancia de hacerlos más sólidos— como componente fundamental de la acción local.
Permitir que los países asuman la responsabilidad de su respuesta nacional a la RAM abre la puerta a un enfoque más específico del acceso a los antibióticos y su uso, y permite renovar distintos componentes de la cadena de valor vinculada al control y tratamiento de las infecciones. Asimismo, los datos más precisos que sustentan las políticas nacionales en forma de informes de evaluación nacionales pueden servir como referencia clave para estimar los objetivos mundiales de acceso a los antibióticos. Al aplicar este enfoque basado en datos, como resume la infografía siguiente, se desencadenan numerosos efectos positivos.

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La elaboración de informes nacionales de evaluación de antibióticos y de las políticas que estos respaldarían solo es posible mediante la colaboración de múltiples socios públicos y privados, de modo que puedan reunirse los conjuntos de datos pertinentes o establecerse los procesos necesarios para recopilarlos. Mientras los países se preparan para impulsar sus respuestas nacionales mediante PAN reforzados, existe una oportunidad invaluable para avanzar mediante alianzas más receptivas. Solo mediante el trabajo coordinado y el despliegue de las capacidades de las distintas partes interesadas podrán los sistemas sanitarios y otros actores del ámbito de Una sola salud cumplir los compromisos de la Declaración política de 2024 sobre la RAM. Estos objetivos buscan reducir las muertes en todo el mundo y, sobre todo, crear capacidades nacionales que permitan gestionar la RAM.
Los autores desean reconocer las contribuciones del Dr. Mike Sharland, profesor de Enfermedades Infecciosas Pediátricas en City St. George’s University, Londres, como coautor del documento técnico que inspiró este artículo.
