Los antibióticos se prescriben de forma inadecuada para tratar la COVID-19, lo que aumenta la amenaza de la resistencia a los antimicrobianos, según una investigación

Antibiotics are designed to target bacteria and have no effect on viruses.
Antibiotics are designed to target bacteria and have no effect on viruses.Image: Unsplash/victoriabcphotographer
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  • Los antibióticos se utilizan para tratar infecciones bacterianas y no tienen efecto sobre las enfermedades virales.

  • Sin embargo, su uso indebido y excesivo está generando resistencia a los antibióticos: las bacterias evolucionan con el tiempo hasta que estos medicamentos dejan de ser eficaces contra ellas.

  • Un estudio reciente ha hallado una asociación entre el aumento de los casos de COVID-19 y el incremento de las ventas de antibióticos, pese a que la coinfección bacteriana en pacientes con COVID-19 es inferior al 10%.

  • Dos microbiólogos explican que para abordar el problema se necesita más sensibilización pública, una vigilancia mundial más exhaustiva, mejores políticas de control de infecciones y mejores condiciones de saneamiento.

Los antibióticos son medicamentos diseñados para tratar infecciones causadas por bacterias (por ejemplo, infecciones cutáneas). No funcionan contra infecciones causadas por otros microbios, como los virus (entre ellos, los que causan la COVID y la gripe) o los hongos (por ejemplo, la candidiasis).

Además de tratar infecciones bacterianas, los antibióticos también tienen otros usos importantes, como prevenir infecciones durante una intervención quirúrgica mayor.

Las bacterias existen desde hace miles de millones de años y son expertas en sobrevivir. Desde principios del siglo XX, cuando los antibióticos se introdujeron como medicamentos para combatir infecciones, las bacterias han encontrado varias formas de protegerse y evitar que las maten.

Cuando los antibióticos se usan de forma indebida o excesiva, las bacterias tienen más oportunidades de desarrollar y perfeccionar estas herramientas de protección. Esto contribuye a un problema llamado resistencia a los antibióticos o resistencia a los antimicrobianos: las bacterias evolucionan con el tiempo hasta que los antibióticos dejan de ser eficaces contra ellas. Esto dificulta el tratamiento de las infecciones, ya que los médicos disponen de menos antibióticos entre los que elegir, lo que a su vez aumenta el riesgo de enfermedad grave y muerte.

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Pero ¿cómo ha afectado la pandemia de COVID al uso de antibióticos y al problema de la resistencia a estos medicamentos? Un estudio reciente que analizó datos de ventas de productos farmacéuticos de 71 países sugiere que, a medida que aumentaron los casos de COVID, también lo hicieron las ventas de antibióticos.

Los investigadores examinaron las ventas de cuatro familias de antibióticos que se suelen recetar para las infecciones respiratorias (cefalosporinas, penicilinas, macrólidos y tetraciclinas) entre marzo de 2020 y mayo de 2022.

Recopilaron datos mensuales de ventas de estos antibióticos por cada 1.000 personas y, a partir de una base de datos independiente también reunieron datos sobre las infecciones por COVID. Para comparar, los investigadores utilizaron las tendencias mundiales de ventas de antibióticos de 2018.

Como era de esperar, observaron una fuerte caída de las ventas de antibióticos en abril y mayo de 2020. Probablemente se debió a que se propagaron menos infecciones mientras la población estaba sometida a estrictas medidas de confinamiento y, quizá, a que algunas personas evitaban acudir a los servicios de salud.

Sin embargo, las ventas de antibióticos aumentaron gradualmente después. El resurgimiento de las infecciones virales respiratorias no relacionadas con la COVID al flexibilizarse los confinamientos pudo haber contribuido al aumento de las ventas de antibióticos a partir de 2021. En mayo de 2022, las ventas habían vuelto a situarse justo por debajo de los niveles prepandémicos.

Mediante modelos estadísticos, los investigadores hallaron una asociación entre el aumento de los casos de COVID y el incremento de las ventas de antibióticos.

La COVID y los antibióticos

Las investigaciones ya habían identificado picos estacionales en el uso de antibióticos que coinciden con la temporada invernal de virus. Esto es preocupante porque los antibióticos están diseñados para combatir las bacterias y no tienen efecto sobre los virus como los que causan el resfriado común o la gripe.

Muchas de las recetas de antibióticos en estos casos son inadecuadas. Sin embargo, desde el punto de vista clínico puede ser difícil distinguir una infección viral de una bacteriana, especialmente en las primeras etapas. Esto quizá explique por qué a veces se empieza a administrar antibióticos a los pacientes mientras se esperan los resultados de las pruebas de laboratorio.

En determinadas situaciones, los antibióticos son adecuados. Por ejemplo, las infecciones pulmonares virales pueden dañar las vías respiratorias y debilitar las respuestas inmunitarias protectoras. Esto puede permitir que las bacterias se adhieran a las células de las vías respiratorias y las invadan, causando una infección bacteriana secundaria.

Al comienzo de la pandemia de COVID, probablemente se recetaban antibióticos basándose en la experiencia previa con la gripe, donde se había informado de tasas de infección bacteriana secundaria de hasta el 65%. Pero, a medida que avanzó la pandemia, los datos indicaron que la coinfección bacteriana en pacientes con COVID era inferior al 10%. Se publicaron pautas específicas para la prescripción de antibióticos a pacientes con COVID.

Sin embargo, pese a las crecientes pruebas de que la coinfección bacteriana en pacientes con COVID es poco frecuente, las investigaciones han demostrado que la prescripción de antibióticos a pacientes con COVID se ha mantenido elevada. Este último estudio aporta más pruebas de que se recetan antibióticos con frecuencia a pacientes con COVID.

Este último estudio aporta más pruebas de que se recetan antibióticos con frecuencia a pacientes con COVID.Image: Unsplash/Sam Moghadam Khamseh

Algunas limitaciones

Al igual que otros estudios amplios sobre el consumo de antibióticos, este estudio utiliza los datos de ventas de antibióticos como indicador de su uso. Estos datos de ventas ya se recopilan en bases de datos de varios países y son más fáciles de obtener que los datos sobre las recetas de antibióticos en muchos países, que quizá no se registren electrónicamente. Sin embargo, por la naturaleza de los datos, no podemos determinar cuántos de los antibióticos adquiridos se recetaron de forma adecuada.

Además, no se incluyeron datos sobre infecciones no relacionadas con la COVID, que pueden influir en la prescripción de antibióticos y en las tasas de resistencia. La suspensión de los programas sistemáticos de vacunación infantil durante la pandemia probablemente aumentó el riesgo de infecciones bacterianas en algunos países, lo que hizo necesarias más recetas de antibióticos. Esto pudo haber contribuido a las tendencias observadas.

Al interpretar estos resultados, también es importante señalar que los continentes no estuvieron representados por igual. Se excluyeron algunos países grandes, como Bangladesh.

Por último, los protocolos de pruebas varían entre países, por lo que los datos sobre los casos de COVID pueden presentar algunas incoherencias. Además, el acceso a los antibióticos es desigual en todo el mundo, especialmente en los países de ingresos bajos y medios, lo que probablemente influyó en las tasas de ventas de algunos países.

El desafío de la resistencia a los antibióticos

La resistencia a los antibióticos es una amenaza mundial para la salud pública, que afecta a las personas, los animales y el medioambiente.

La prescripción inadecuada de antibióticos para la COVID podría estar contribuyendo al problema. Para abordarlo, es necesario armonizar más las pautas y los protocolos clínicos, en especial vinculando el diagnóstico de las infecciones virales respiratorias con las pautas para recetar antibióticos. El apoyo al desarrollo de pruebas de diagnóstico rápido para confirmar o descartar la coinfección también daría a los profesionales clínicos la confianza necesaria para evitar los antibióticos en algunos pacientes.

En términos más generales, abordar el problema de la resistencia a los antibióticos requiere aumentar la sensibilización pública, reforzar la vigilancia mundial del uso de antibióticos y de la resistencia, mejorar las políticas de control de infecciones y optimizar el saneamiento.

Esto depende de un enfoque coordinado «Una sola salud»: un esfuerzo mundial conjunto entre diversos sectores para ofrecer soluciones en materia de salud humana, animal y medioambiental. Esta estrategia debe abordar las desigualdades en salud y requerirá intervenciones adaptadas, especialmente en los países de ingresos bajos y medios.

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