El coronavirus puso el foco en el lavado de manos, pero la higiene básica es fundamental para frenar una variedad de enfermedades.
La higiene en el hogar desempeña un papel importante en la reducción de la propagación de la resistencia antimicrobiana.
La resistencia a los antibióticos es una de las mayores amenazas para la salud mundial.
Uno de cada seis teléfonos móviles tiene restos de materia fecal. En todo el mundo, las personas se lavan las manos después de usar el inodoro aproximadamente una de cada cinco veces. Un puesto de trabajo de oficina tiene 400 veces más microbios que el asiento de un inodoro.
Las mejores prácticas de higiene cotidiana no solo frenan la propagación de la COVID-19, sino que también desempeñan un papel fundamental en la reducción del riesgo de infecciones comunes y en la disminución del uso de antibióticos. La higiene en el hogar y en la comunidad debe incluirse como parte de los planes para reducir cientos de miles de muertes al año por resistencia antimicrobiana (RAM), según un nuevo documento elaborado en nombre del Global Hygiene Council.
Según el documento, entre noviembre de 2019 y marzo de 2020 hubo 16.500 muertes relacionadas con el SARS-CoV-2; en ese mismo período, 258.000 personas habrían muerto a causa de la RAM.
El agua limpia, el saneamiento y una higiene focalizada pueden reducir significativamente la circulación de bacterias resistentes en los hogares y las comunidades, independientemente del desarrollo social y económico general de un país, afirman los autores. Y, aunque gran parte del enfoque en la lucha contra la RAM se ha centrado en las medidas de los proveedores de atención sanitaria, es necesario reducirla también en la comunidad. “No podemos permitir que la higiene en los hogares y en la vida cotidiana se convierta en el eslabón débil de la cadena”, afirma el documento.
Pasos para la higiene en el hogar
Lavarse las manos es una de las formas más sencillas y eficaces de prevenir enfermedades. Las manos son el principal vehículo de gérmenes nocivos, y lavarlas con jabón reduce casi a la mitad el riesgo de enfermedades diarreicas.
Aunque muchos organismos patógenos mueren rápidamente, especialmente en superficies secas, hay otros, como el rinovirus —causante del resfriado común— y el norovirus —que provoca diarrea y vómitos—, que sobreviven más tiempo. Lugares como los fregaderos de cocina, las esponjas y los paños, que suelen estar húmedos, pueden convertirse en un caldo de cultivo.
También existen ciertas actividades domésticas que suelen estar especialmente relacionadas con la propagación de microbios nocivos, como la manipulación de alimentos, el uso del inodoro, el cambio de pañales, el lavado de ropa, el cuidado de mascotas y la eliminación de basura.
Frenar la propagación
Seguir prácticas básicas de limpieza y limitar la propagación de enfermedades permitirá a los médicos reducir el uso de antibióticos y frenar el desarrollo de cepas resistentes a los fármacos. Esta resistencia se ha desarrollado en gran medida como consecuencia de la prescripción excesiva y el uso indebido de antibióticos, agravado por su uso en la agricultura. La mala higiene permite que las cepas resistentes se multipliquen y se propaguen.
La resistencia a los antibióticos se ha identificado como una de las mayores amenazas para la salud mundial, con un número creciente de infecciones, como la neumonía, la gonorrea y la salmonelosis, cada vez más difíciles de tratar como consecuencia.



