¿Cuál es el equilibrio óptimo entre el trabajo presencial y el remoto?

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  • Según un estudio del MIT, el trabajo remoto obstaculiza la creatividad y la innovación.

  • Los autores descubrieron que durante la pandemia de COVID-19 disminuyeron las comunicaciones por correo electrónico entre unidades de investigación.

  • Esto provocó una disminución de los «vínculos débiles», que ayudan a generar nuevas ideas entre colegas y, por tanto, reducen la innovación.

  • Establecer un equilibrio entre el trabajo presencial y el remoto mediante la combinación de interacciones de ambos tipos entre el personal parece ser la solución óptima.

El debate sobre lo que se pierde cuando el trabajo remoto sustituye al trabajo presencial acaba de recibir una inyección de datos muy necesarios. Según un estudio realizado en el MIT, cuando las personas trabajan a distancia, los tipos de relaciones laborales que fomentan la innovación suelen verse gravemente afectados.

Dos años y medio después de que la COVID-19 obligara a cerrar oficinas y laboratorios de investigación de todo el mundo, «por fin podemos usar datos para abordar una pregunta fundamental: ¿Cómo afectó la adopción del trabajo remoto inducida por la pandemia a nuestra creatividad e innovación laboral?», afirma Carlo Ratti, profesor de tecnología y planificación urbanas y director del Senseable City Lab del MIT. «Hasta ahora, solo podíamos hacer conjeturas. Hoy por fin podemos empezar a respaldar esas hipótesis con datos reales».

Los investigadores del MIT, junto con colegas de la Universidad Texas A&M, el Consejo Nacional de Investigación de Italia, la Universidad Técnica de Dinamarca y la Universidad de Oxford, analizaron varios aspectos de una red de correo electrónico anonimizada, formada por 2.834 miembros del personal de investigación, profesores e investigadores posdoctorales del MIT, durante 18 meses a partir de diciembre de 2019. Todos los correos electrónicos se anonimizaron y se examinaron para analizar la estructura de la red según sus remitentes y destinatarios, no su contenido.

Hacia finales de marzo de 2019, la pandemia de COVID interrumpió abruptamente gran parte de la investigación presencial en el campus del MIT. El nuevo estudio muestra que, con el cambio al trabajo remoto, disminuyeron las comunicaciones por correo electrónico entre distintas unidades de investigación, lo que provocó un descenso de los llamados «vínculos débiles», que sustentan el intercambio de nuevas ideas capaces de fomentar la innovación.

Los vínculos débiles se definieron como cualquier conexión entre dos personas que no tenían ningún contacto en común en la red de correo electrónico. En otras palabras, dos personas, A y B, formaban un vínculo débil si no había una tercera persona, C, con quien ambas también se hubieran comunicado. Por otro lado, aumentaron los «vínculos fuertes», es decir, el tipo de comunicación que suele exponernos repetidamente a las mismas ideas. Durante el confinamiento, los investigadores descubrieron que las «redes ego», que se refieren a la red particular de conexiones de una persona, se volvieron más estancadas y que los contactos se parecían cada vez más semana tras semana.

El estudio se publicó en el número del 22 de agosto de Nature Computational Science.

Los investigadores plantearon la hipótesis de que la proximidad física debía influir en la formación de vínculos débiles. Por ello, los vínculos débiles entre investigadores de laboratorios físicamente distantes, que difícilmente se encontrarían por casualidad incluso cuando trabajaban en el campus, no deberían haber disminuido significativamente cuando empezaron a trabajar a distancia. Según el equipo, los datos respaldaron esa hipótesis.

«Nuestra investigación demuestra que la ubicación compartida es un factor crucial para fomentar los vínculos débiles», afirma Paolo Santi, investigador del Senseable City Lab del MIT y del Consejo Nacional de Investigación de Italia. «Nuestros datos mostraron que los vínculos débiles empezaron a desaparecer en el MIT el 23 de marzo de 2020, con un descenso del 38 %», señala. Durante los 18 meses siguientes, ese descenso se tradujo en una pérdida acumulada estimada de más de 5.100 nuevos vínculos débiles.

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La idea de que los «vínculos débiles» favorecen la innovación se remonta a una investigación publicada en 1973 por el sociólogo Mark Granovetter, quien escribió que «es más probable que una innovación inicialmente impopular, difundida por personas con pocos vínculos débiles, quede confinada a unos pocos círculos cerrados. … Según mis argumentos, quienes tienen muchos vínculos débiles son quienes están mejor situados para difundir una innovación tan difícil». La investigación de Granovetter fue «solo el comienzo de una vasta bibliografía sociológica que posteriormente ha confirmado y respaldado sus ideas», afirma Ratti.

En un artículo de comentario que acompaña al estudio, publicado en Nature Computational Science, John Meluso, de la Universidad de Vermont, califica la idea de los «vínculos débiles» como «una de las teorías más antiguas sobre las redes sociales» y señala que aún no está claro qué genera y mantiene esos vínculos. Observa que las técnicas computacionales del nuevo estudio arrojan luz sobre el mecanismo causal de la «proximidad», es decir, la idea de que la cercanía aumenta las probabilidades de crear nuevas conexiones y reforzar las existentes.

Los investigadores estudiaron no solo el abrupto descenso de los vínculos débiles cuando se cerró el campus del MIT, sino también la transición que se produjo cuando los investigadores comenzaron a regresar al campus el 15 de julio de 2021. El equipo descubrió que después de esa fecha se restableció parcialmente la red de vínculos débiles. A partir de estos hallazgos, los investigadores crearon un modelo que predijo que un regreso completo al lugar de trabajo daría lugar a una «recuperación completa de los vínculos débiles».

Ratti y sus colegas sugieren que, a medida que las empresas y organizaciones revisen sus políticas de trabajo remoto tras el confinamiento, deberían buscar formas de fomentar interacciones fortuitas entre departamentos y unidades de investigación para propiciar la difusión de información nueva y diversa. Como explica Ratti, esas interacciones exponen a quienes participan a «una diversidad de personas e ideas». Al mismo tiempo, los autores del estudio reconocieron que el trabajo remoto o híbrido ofrece ventajas a las personas, especialmente en términos de flexibilidad.

«Los empleadores se equivocarían si descartaran la flexibilidad recién adquirida durante los años de la COVID», afirma Ratti. «Nuestro estudio apunta a que establecer un equilibrio entre el trabajo presencial y el remoto mediante la combinación de interacciones de ambos tipos entre colegas parece ser la solución óptima, y podría orientar la transición a una “nueva normalidad” híbrida tras la COVID-19».

Lograr ese equilibrio podría implicar calcular la cantidad mínima de trabajo presencial necesaria para mantener activos los vínculos débiles. También podría implicar transformar los planos tradicionales de oficinas, diseñados para tareas individuales, en «espacios más abiertos y dinámicos que fomenten el llamado efecto cafetería», donde personas de distintos grupos se sienten y conversen juntas, o en espacios para eventos donde puedan reunirse comunidades diferentes, afirma Ratti.

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