A principios del siglo pasado, se utilizaban tintes con frecuencia para desinfectar heridas. Durante la Primera Guerra Mundial, se salvaron miles de vidas gracias a la «terapia con flavinas», que utilizaba tintes como el verde brillante y la acriflavina. Los tintes se aplicaban en heridas de bala o de metralla para matar las bacterias en el lugar de la lesión; por ejemplo, las bacterias que causan la gangrena gaseosa. Pero ahora se están recuperando estos tintes para tratar infecciones bacterianas, con un nuevo giro: la luz.
Cuando los primeros antibióticos, más eficaces, comenzaron a producirse en masa en la década de 1940, las flavinas cayeron en desuso. Poco más de medio siglo después, la resistencia a los antibióticos es ya un problema mundial y el flujo de nuevos antibióticos se ha reducido a un goteo. Por eso no es de extrañar que los científicos estén retomando las antiguas formas de matar patógenos.

El nuevo enfoque que están desarrollando académicos del Reino Unido y Europa utiliza moléculas de tinte y luz para matar bacterias, hongos, virus y protozoos. Los tintes, también llamados fotoantimicrobianos, están relacionados químicamente con las flavinas mencionadas y con tintes y colorantes de uso extendido en los laboratorios hospitalarios. Cuando se ilumina estas moléculas, producen formas reactivas de oxígeno muy tóxicas para las células microbianas simples.
Los fotoantimicrobianos matan los dos tipos principales de bacterias: las grampositivas y las gramnegativas. Los antibacterianos que lo hacen se denominan de amplio espectro y suelen utilizarse cuando se desconoce la causa de una presunta infección bacteriana. Los fotoantimicrobianos también pueden tratar enfermedades fúngicas, como el pie de atleta o la candidiasis, y enfermedades protozoarias, contra las que no se pueden utilizar antibióticos. Además, este enfoque es igualmente aplicable a la medicina humana y veterinaria.
La resistencia es inútil
La resistencia a los antibióticos es un problema creciente, ya que las bacterias pueden adaptarse y desarrollar resistencia a los nuevos fármacos. Sin embargo, los fotoantimicrobianos no actúan como ningún antimicrobiano convencional, y las bacterias no tienen mecanismos de resistencia frente al oxígeno reactivo.
El oxígeno reactivo generado por los fotoantimicrobianos actúa en muchos puntos del microbio, mientras que los antibióticos simplemente se adhieren a un punto de la célula. Por tanto, al atacar más puntos y no existir mecanismos de resistencia conocidos, es mucho menos probable que las bacterias desarrollen resistencia a los fotoantimicrobianos con el tiempo.
Las infecciones localizadas, es decir, las que se encuentran en un volumen definido de tejido, ya sea dentro del cuerpo o en su superficie externa, son objetivos excelentes para los fotoantimicrobianos: tanto el agente colorante como la fuente de luz pueden dirigirse con precisión al lugar necesario. La endoscopia y la fibra óptica podrían utilizarse en zonas internas más profundas, ampliando el uso de los fotoantimicrobianos desde la amigdalitis y las infecciones del oído medio hasta las quemaduras, las úlceras diabéticas e incluso las infecciones pulmonares o de las vías urinarias. Sin embargo, su limitación reside en las infecciones sistémicas como la septicemia, debido a la dificultad de iluminarlas en todo el cuerpo, aunque esto se está investigando.
Actualmente, su uso principal, aunque esporádico, corresponde a los dentistas, que los emplean para tratar las caries y las enfermedades de las encías. También se están probando en hospitales canadienses para la «descolonización nasal» con el fin de combatir el SARM. Pero los fotoantimicrobianos también deberían utilizarse mucho más para combatir infecciones «menores» que pueden provocar neumonía, meningitis y septicemia; esto sería una medida excelente para preservar antibióticos valiosos.
Los medicamentos actuales para tratar enfermedades infecciosas están fallando a un ritmo alarmante. El reciente informe O’Neill —una investigación encargada por el Gobierno del Reino Unido sobre el estado de la resistencia a los antimicrobianos— señaló que se necesitan nuevos tipos de tratamiento. La Organización Mundial de la Salud y el director médico del Reino Unido también han hablado del peligro de la resistencia a los antibióticos, equiparándolo en magnitud al terrorismo internacional y al calentamiento global.
¿Por qué no se utiliza de forma generalizada?
Este nuevo enfoque puede tratar bacterias peligrosas y resistentes a los antibióticos, como el SARM. ¿No debería interesar, entonces, a quienes supervisan nuestras defensas frente a la amenaza de la resistencia a los antibióticos? Al parecer, no. A pesar de los muchos intentos por atraer el interés de los gobiernos, el sector sanitario y la industria farmacéutica, quienes trabajamos en este ámbito solemos no recibir respuesta; se desconocen los motivos.
¿Se trata simplemente de conservadurismo médico? ¿Hay problemas con las manchas temporales que dejan los medicamentos de colores (en una época en que una enorme cantidad de personas lleva tatuajes)? Puede que la idea de usar tintes y activarlos con luz disuada a algunas personas, pero la luz visible —por lo general roja— que se utiliza aquí no tiene efecto en las células humanas sin un tinte, y cualquier mancha en los tejidos desaparece pronto. Pero si el sector sanitario y las grandes farmacéuticas no se implican ni responden, no podemos hacer mucho.
Como recomiendan varios informes recientes, debemos reducir el uso de antibióticos convencionales para ralentizar el desarrollo de la resistencia. Debemos seguir siendo capaces de combatir las infecciones bacterianas en el futuro, y los enfoques alternativos, como los fotoantimicrobianos, podrían ayudar a soportar parte de la carga.
En 1900, cuando se informó por primera vez del efecto fotoantimicrobiano, la resistencia a los antimicrobianos no era un problema, pues no existían antibióticos ni antimicrobianos. Resulta irónico que los fármacos que relegaron las flavinas a la categoría de meras curiosidades de laboratorio quizá puedan salvarse ahora gracias a estos tintes y otros relacionados.

