El número de personas afectadas por la enfermedad de Alzheimer (EA) en todo el mundo ha aumentado drásticamente en las últimas décadas.
Los importantes avances en la atención sanitaria han contribuido al rápido crecimiento de la población de edad avanzada, que corre un mayor riesgo de desarrollar EA. La incidencia de la EA empieza a aumentar a partir de los 65 años y, a los 85, casi la mitad de la población padecerá la enfermedad.
Los países de Oriente Medio y el Norte de África (MENA) se consideran entre las regiones del mundo donde la incidencia de la EA crece con mayor rapidez. La Organización Mundial de la Salud estima que, para 2050, el número de casos de EA en los países de MENA habrá aumentado un 125 %. Un aumento tan pronunciado sin duda ejercerá presión sobre los sistemas sanitarios de estos países e impondrá cargas socioeconómicas a las familias y los gobiernos de la región.
Barreras y cargas
La cultura de Oriente Medio valora los estrechos vínculos entre las personas mayores y las generaciones más jóvenes de la familia. Por lo general, se considera a las personas mayores con el máximo amor, respeto y sabiduría, y se las ve como una fuente de inspiración para la familia. Entre las generaciones más jóvenes existe un sentido del deber y la responsabilidad de cuidar en casa a las personas mayores, incluidas aquellas que desarrollan EA, y ni siquiera se contempla trasladarlas a una residencia de ancianos, aunque haya una en la puerta de al lado.

Este deber suele provocar limitaciones de tiempo en el trabajo y cargas económicas para la familia, y a menudo los familiares carecen de los conocimientos adecuados para atender a las personas con EA. Además, en muchos casos, un diagnóstico de EA u otros trastornos de demencia conlleva cierto estigma y puede levantar una barrera social. Lamentablemente, muchas personas con EA quedan aisladas de la sociedad, privadas de la interacción con familiares lejanos o amigos e impedidas de asistir a actividades sociales. La sensación de aislamiento que acompaña a esta situación puede agravar la carga física y mental de quienes padecen la enfermedad y añadir presión sobre las familias y las personas cuidadoras.
Muchos gobiernos de los países de MENA suponen que cuidar de las personas mayores, incluidas aquellas con EA, es responsabilidad exclusiva de la familia y, por ello, han tendido a desatender la creación de infraestructuras que puedan ofrecer un apoyo más integral a las personas con EA y sus familias. Sin embargo, el fuerte aumento de los casos de EA y las mayores cargas socioeconómicas que soportan las familias que cuidan de personas con EA han propiciado algunos cambios legislativos para mejorar los servicios de cuidados de larga duración para las personas mayores, incluidas aquellas con EA. Aun así, hacen falta más cambios, entre ellos incorporar estos servicios a los futuros presupuestos públicos para garantizar la asignación de fondos adecuados que permitan apoyar y mejorar los servicios para las personas con EA y las personas mayores en general.
Derribar las barreras
Proponemos un plan de cinco «B» para combatir mejor la EA en los países de MENA y derribar las barreras que rodean esta enfermedad:
1. Mejor formación de los profesionales sanitarios de atención primaria para reconocer los primeros signos de la EA y otras afecciones comórbidas, como la depresión y la agitación, e intervenir pronto, antes de que la enfermedad avance hasta un punto sin retorno.
2. Construir infraestructuras y sistemas de apoyo que incluyan residencias de ancianos y centros de cuidados de larga duración para personas con problemas de memoria. Estos centros serían valiosos para ofrecer mejores servicios de salud física y mental a las personas con EA, así como apoyo a sus familiares y cuidadores cuando la atención diaria de estas personas se vuelva más difícil o incluso inviable.
3. Mejores programas educativos para informar al público sobre la EA; para empezar, reconocer que es una enfermedad cerebral y no simplemente un comportamiento errático, conocer sus síntomas y evolución y, más importante aún, entender cómo reaccionar y qué esperar cuando un familiar padece la enfermedad.
4. Más apoyo de los funcionarios gubernamentales y responsables de políticas públicas a los programas sociales y de prevención de enfermedades que promueven estilos de vida saludables. Esto debería incluir la promoción de dietas más saludables, con menos azúcar y alimentos procesados, y de más actividad física, así como la lucha contra la obesidad, la diabetes y el abuso del alcohol y las drogas, que son factores de riesgo importantes para desarrollar EA en etapas posteriores de la vida. Ofrecer incentivos o subsidios a los familiares o cuidadores de personas con EA debería reducir la carga económica de las familias y ayudarles a prolongar la atención que prestan a sus pacientes. Las actividades sociales que promueven el ejercicio mental, como leer, escribir, tocar instrumentos musicales o jugar a videojuegos, deberían beneficiar mucho a las personas mayores y prolongar sus funciones cognitivas.
5. Mayor participación de las personas con EA en programas de investigación centrados en profundizar la comprensión de la genética, los biomarcadores, la fisiopatología y los factores de riesgo de la EA en los países de MENA, así como en aumentar la participación de personas con EA en ensayos clínicos que evalúan nuevos medicamentos para esta enfermedad. Estos programas y ensayos podrían dar lugar a nuevos tratamientos farmacológicos con beneficios clínicos adicionales para las personas con EA en los países de MENA.
Para combatir la EA en los países de MENA, todas las partes interesadas deben colaborar para eliminar el estigma social asociado a la enfermedad, ofrecer apoyo incondicional a las personas con EA, aumentar la concienciación pública sobre la enfermedad, promover estilos de vida saludables e invertir fondos públicos y privados en investigación clínica y servicios de salud a largo plazo para las personas con EA. Si se aplican, estas propuestas deberían ayudar a quienes padecen esta grave enfermedad a vivir sus últimos años con dignidad y respeto, un objetivo que deberían compartir tanto la ciudadanía como los gobiernos de los países de MENA.
Este artículo forma parte de una serie sobre el alzhéimer del Consejo Global sobre el Futuro de las Neurotecnologías y la Ciencia del Cerebro del Foro Económico Mundial.

