Por qué mejorar la vida de las mujeres es clave para un envejecimiento saludable

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• La COVID-19 ha afectado de forma desproporcionada a las personas mayores, tanto directa como indirectamente.

• La región de Asia y el Pacífico se enfrenta actualmente a los efectos del envejecimiento de la población.

• Centrarse en la educación y la salud de las mujeres es una vía clave para afrontar el envejecimiento de la población.

En un período relativamente corto, la COVID-19 ha devastado la vida de millones de personas en todo el mundo. Para cientos de millones más, el costo que ha provocado la pandemia podría tener efectos duraderos durante décadas.

Quizá uno de los aspectos más insidiosos de este virus sea el daño que causa a las personas mayores, que se enfrentan a amenazas múltiples y acumulativas: son físicamente más vulnerables, corren mayor riesgo de sufrir los efectos del aislamiento social y se exponen de forma considerable a los graves y probablemente duraderos choques socioeconómicos de la pandemia.

La COVID-19 ha demostrado ser sumamente peligrosa para las personas con afecciones de salud subyacentes, desde diabetes y asma hasta enfermedades cardíacas y cáncer. En la mayoría de los países se registra una tasa de mortalidad desproporcionada entre las personas mayores. Más allá de la salud física, la pandemia sigue cobrando un alto precio a las personas mayores, y en particular a las mujeres, en términos de salud psicosocial y bienestar económico.

Las mujeres entre los «más ancianos de los ancianos»

En la región de Asia y el Pacífico, estos efectos son especialmente agudos y se suman a los desafíos existentes que plantea el acelerado envejecimiento de la población, algo que conviene tener presente el 1 de octubre, el Día Internacional de las Personas Mayores. Asia y el Pacífico alberga actualmente a más de la mitad de la población mundial mayor de 60 años. A nivel mundial, se prevé que el número de personas mayores supere los 2000 millones en 2050. Para entonces, casi dos tercios de las personas mayores del mundo, cerca de 1300 millones, vivirán en Asia y el Pacífico, donde una de cada cuatro personas tendrá más de 60 años.

Las mujeres, que por lo general viven más que los hombres, constituyen actualmente la mayoría (alrededor del 54 %) de las personas mayores en Asia y el Pacífico, pero representan una mayoría aún mayor, del 61 %, de la población de «más ancianos de los ancianos», es decir, las personas de 80 años o más.

A nivel mundial, se prevé que el número de personas mayores supere los 2000 millones en 2050Image: OMS

Clave para un envejecimiento saludable

Incluso antes de la crisis de la COVID-19, las mujeres mayores en la mayoría de los países de Asia y el Pacífico ya se enfrentaban a desafíos importantes, agravados por el hecho de que muchas sociedades han pasado de modelos tradicionales centrados en la familia nuclear a estructuras mucho más fluidas y fragmentadas.

Como resultado, muchas mujeres mayores, que tienen una mayor tendencia a vivir solas, se enfrentan a la pobreza y tienen más probabilidades de carecer del apoyo de la familia y de otras formas de asistencia. La mayoría de las personas mayores no tiene acceso fiable y sostenido a un cuidador. Ante la inexistencia o la escasez de redes de protección, muchas ya han caído en la pobreza durante la pandemia o están a punto de hacerlo.

La pandemia ha puesto de manifiesto con urgencia la necesidad de que los gobiernos y la sociedad civil aborden el complejo cambio demográfico que supone el envejecimiento de la población con soluciones y programas estratégicos. Para lograrlo con éxito, necesitamos un enfoque de ciclo de vida para un envejecimiento saludable, con especial énfasis en las niñas y las mujeres, sólidamente basado en la igualdad de género y los derechos humanos.

El caso de una viuda aislada

Para entenderlo, consideremos a una mujer de unos setenta años que nació y creció en el pequeño pueblo donde vive. Como ocurre con tantas mujeres de su generación, la obligaron a casarse muy joven, con una educación mínima. Tuvo hijos a una edad temprana, los embarazos no fueron planificados y el parto era arriesgado. Su marido, muchos años mayor que ella, murió hace mucho tiempo y la dejó viuda, sin preparación para incorporarse al mercado laboral ni para valerse por sí misma. Sus hijos se marcharon del pueblo a la ciudad, lo que aumentó su aislamiento. Este es el escenario al que se enfrentan hoy muchas mujeres mayores, con los riesgos, cargas y efectos añadidos de la COVID-19.

Las poblaciones de los países asiáticos son las que envejecen más rápidamenteImage: OMS

Pero imaginemos que, de adolescente, esta mujer hubiera podido tomar el otro camino: terminar la escuela y la educación superior; conseguir un empleo remunerado; casarse de adulta y por elección propia; tener hijos sanos y poder invertir en su bienestar; y, en última instancia, disfrutar de una vejez segura.

«Dividendo de la longevidad»

Si se aborda de manera integral y se respalda con mejores políticas, sistemas sociales más resilientes e igualdad de género, la vida de las personas mayores, especialmente de las mujeres, puede mejorar de forma significativa. Esto también permitiría a las sociedades aprovechar la valiosa experiencia y los conocimientos de las personas mayores a medida que envejecen, cosechando un «dividendo de la longevidad» gracias a personas mayores sanas y activas que pueden seguir participando en la familia y en la comunidad.

De hecho, el compromiso de crear un mundo mejor en una sociedad que envejece ya se ha expresado en el Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento de 2002. Este acuerdo respalda la elaboración de políticas basadas en la evidencia que ayuden a construir «una sociedad para todas las edades». Además, el histórico Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), así como la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) subrayan la base de este enfoque del envejecimiento saludable.

Ahora debemos priorizar colectivamente una mayor acción, financiación y ejecución.

En el seno del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), nuestro mandato incorpora claramente la necesidad de facilitar y fortalecer la autonomía de las personas mayores, incluidas las mujeres, permitiendo su participación en beneficio de la sociedad y de ellas mismas. El Programa de Acción de la CIPD es nuestra base y nuestro principio rector.

Como la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva, cada vez son más los países que recurren a nosotros para pedir asesoramiento y asistencia sobre cuestiones relacionadas con el envejecimiento de la población. El UNFPA se compromete a ayudar a los gobiernos en plena colaboración con la sociedad civil y las comunidades.

¿Qué es la brecha de género?

Este año, 2020, se pone en marcha el Decenio del Envejecimiento Saludable y también el Decenio de Acción para alcanzar los ODS. Mientras Asia y el Pacífico, junto con el resto del mundo, busca «reconstruir mejor» tras los devastadores efectos de la pandemia de COVID-19, aprovechemos este momento para transformar el desafío del envejecimiento de la población en una oportunidad. Debemos traducir la igualdad de género y los derechos humanos en estrategias y enfoques prácticos que garanticen que ninguna mujer mayor se quede atrás.

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