Los países con poblaciones con sobrepeso han registrado un mayor número de muertes relacionadas con la COVID-19.
La Declaración del Foro Mundial sobre la Obesidad 2021 se ha elaborado para destacar las causas profundas y las soluciones, diversas y complejas, de la obesidad.
Lo que se necesita ahora es una acción colectiva por parte de los gobiernos y la sociedad para prevenir, tratar y apoyar a las personas que viven con obesidad.
En el año transcurrido desde 2020, y desde el último Día Mundial de la Obesidad (4 de marzo), nuestras vidas han cambiado más allá de lo que podíamos prever. Las implicaciones sanitarias y sociales de la COVID-19 han sido innumerables: hasta la fecha ha provocado la muerte de 2,5 millones de personas y ha provocado una grave alteración de los sistemas sanitario, educativo y económico.
Cualquier sugerencia de que el virus sería un “gran igualador” se desmintió rápidamente: la carga de la enfermedad no se ha repartido por igual, y las poblaciones más vulnerables, entre ellas las personas mayores, las personas en situación socioeconómica desfavorecida y las personas que viven con obesidad.
Pronto quedó en evidencia que tener sobrepeso es un predictor significativo de las complicaciones de la COVID-19 (hospitalización, cuidados intensivos y ventilación) y de la muerte. Esto refleja resultados similares durante, por ejemplo, la epidemia de MERS: las personas que viven con obesidad corren un alto riesgo de sufrir complicaciones graves por enfermedades respiratorias víricas.
Se trata, por supuesto, de una tragedia para las familias, y también tiene enormes implicaciones económicas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que el coste acumulado de la COVID-19 será de 22 billones de dólares (2020–25). Si se combina esto con una estimación del Reino Unido según la cual más de un tercio de las hospitalizaciones por COVID-19 pueden atribuirse a la falta de actividad física y al exceso de peso corporal, se obtiene una cifra aproximada de 6-7 billones de dólares en costes de la COVID-19 durante este período que podrían atribuirse a estos factores de riesgo predisponentes.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente a las epidemias?
Este último coste se suma a la prevalencia e impacto ya existentes y crecientes de la obesidad, sobre los que llevamos décadas sabiendo, pero sin actuar de forma integral ni eficaz. Existe una gran cantidad de acuerdos y compromisos internacionales, así como objetivos a nivel nacional. En 2013, los gobiernos acordaron un objetivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para frenar el aumento de la obesidad para 2025, pero los datos indican que casi todos los países no lograrán cumplirlo. En cambio, según las tendencias actuales, una de cada cinco personas adultas vivirá con obesidad en 2025, con todas las consecuencias que ello conlleva para la salud y el bienestar, incluida una mayor susceptibilidad a la COVID-19 y, con toda probabilidad, a futuras pandemias.
Este es un momento único para orientarnos hacia el mundo que realmente queremos, respaldados por la voluntad política de promover un cambio positivo. Ya existe un marco que establece cómo alcanzar este mundo mejor, acordado por todos los Estados miembros de las Naciones Unidas años antes del inicio de la COVID-19, y que sigue siendo tan pertinente hoy como siempre: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los ODS fijan metas claras para 2030, con la buena salud, la nutrición, la igualdad y los entornos saludables en su centro, y requieren alianzas activas y reflexivas dentro de cada sector y entre sectores. Hasta 14 de los 17 objetivos, que abarcan desde la alimentación hasta la salud o la urbanización, son pertinentes para la obesidad.

Para complementar los ODS, la comunidad dedicada a la obesidad elaboró la Declaración del Foro Mundial sobre la Obesidad 2021, que reconoce y se basa en las numerosas causas profundas (véase la imagen anterior) y soluciones para la obesidad. La declaración establece cinco ámbitos de actuación en la era de la COVID-19, desde la prevención hasta un tratamiento y apoyo equitativos y accesibles para personas de todas las edades, y reconoce que la obesidad es a la vez un importante factor de riesgo para otras afecciones de salud y una enfermedad en sí misma. En última instancia, la Federación Mundial de la Obesidad, a través de sus miembros y aliados, aboga por que todos los gobiernos respalden una resolución sobre la obesidad en la Asamblea Mundial de la Salud.
Por supuesto, no son solo los gobiernos los que tienen la responsabilidad de construir un mundo más saludable. Como dejan muy claro tanto los ODS como la Declaración del Foro Mundial sobre la Obesidad, solo trabajando juntos en los complejos sistemas y sociedades en los que vivimos conseguiremos avances reales que lleguen a los más vulnerables. Así se reflejó en el lema del Día Mundial de la Obesidad de este año, respaldado por organizaciones y socios de todo el mundo dedicados a la obesidad: Cada cuerpo necesita a todos.
Las partes interesadas de la industria pueden desempeñar un papel importante, y el Foro Económico Mundial lleva mucho tiempo promoviendo y alentando la acción del sector privado en materia de salud. En particular, el bienestar de la plantilla ha cobrado especial relevancia en el último año, ya que muchos de nosotros nos hemos visto obligados a cambiar drásticamente nuestras pautas de trabajo y las empresas han tenido dificultades para ofrecer una protección adecuada a los trabajadores presenciales. La seguridad ha sido la primera prioridad, pero la promoción de la salud y la resiliencia también son fundamentales, al abordar las afecciones de salud actuales y futuras que afectan a la productividad y al bienestar de los empleados.
No es una idea nueva: los lugares de trabajo libres de humo han supuesto un éxito notable, al mejorar en gran medida la salud de los empleados y, en algunos casos, han servido de modelo para que los gobiernos los adopten. Sin embargo, ya es hora de que los empleadores amplíen su apoyo a los empleados con (o en riesgo de) sobrepeso y obesidad. La Federación Mundial de la Obesidad ha elaborado una herramienta de apoyo para fomentar la adopción de prácticas más saludables en el trabajo con el fin de abordar la obesidad, reforzar la resiliencia y mejorar el bienestar.
La COVID-19 ha demostrado lo vulnerable que sigue siendo nuestro mundo ante las amenazas para la salud, pero también que existe un deseo de cambio. Para aprovechar este momento, la Federación Mundial de la Obesidad y la OMS, junto con otras organizaciones clave, están formando una coalición para coordinar e impulsar la acción mundial contra la obesidad. Inspirados e impulsados por los conocimientos y las necesidades de las personas con obesidad y afectadas por ella, estamos en una posición única para aprovechar la voluntad política de lograr un desarrollo verdaderamente sostenible, que construya un mundo mejor para todos.
