La resistencia a los antimicrobianos, que en esencia vuelve ineficaces los antibióticos, es “la mayor crisis del siglo XXI”, según el presidente de Space Time Ventures, Juan Carlos Castilla-Rubio, que intervino en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) en enero.
Esta resistencia se debe en gran medida al uso excesivo de antibióticos en medicina y agricultura. Además, desde 1987 no se ha introducido ninguna nueva clase de antibióticos y, si no se desarrollan nuevos antibióticos, las muertes por resistencia a los antimicrobianos aumentarán hasta 10 millones de personas al año en 2050, según una investigación encargada por el Gobierno del Reino Unido.
Castilla-Rubio, sin embargo, señaló que la bioinnovación podría ayudar a salvar vidas.
¿Podrían las ranas tener la respuesta?
Castilla-Rubio explicó que las gigantescas ranas mono podrían ser una fuente de nuevos antibióticos. Los datos del Centro Nacional de Información Biotecnológica muestran que la piel de las ranas es la fuente de 300 péptidos antimicrobianos diferentes, que actúan contra virus y bacterias.
Y no solo las ranas. Otra posible solución a la crisis de los antibióticos puede encontrarse en la mayoría de las hormigas, según un estudio publicado por The Royal Society, que revela que muchas especies de hormigas también producen secreciones antimicrobianas. Las que no lo hacen, según los investigadores, han desarrollado estrategias alternativas para defenderse, que también podrían resultar beneficiosas para los seres humanos.
Castilla-Rubio añadió que la selva amazónica podría ser una fuente de hasta el 25 % –o más de 282 000– de los compuestos naturales conocidos que podrían utilizarse para crear medicamentos nuevos y mejorados, incluidos los antibióticos.
Recurrir al mundo natural como fuente de inspiración e innovación también podría contribuir a desbloquear una «bioeconomía» basada en la diversidad y valorada en billones de dólares estadounidenses, afirmó Castilla-Rubio.
Afrontar las amenazas
Castilla-Rubio advirtió de que, para desbloquear esta bioeconomía y hacerla inclusiva, debemos afrontar tres desafíos de frente.
En primer lugar, la deforestación, que amenaza gravemente al Amazonas. En segundo lugar, es fundamental que el intercambio de información beneficie a todas las personas de manera justa y equitativa. Por último, debemos abordar normativas muy complejas, «porque la biología es cada vez más digital y cada vez más diseñada», según Castilla-Rubio.
El Banco Amazónico de Códigos
Con el objetivo de crear una solución, Castilla-Rubio contribuyó a poner en marcha el Banco Amazónico de Códigos, una plataforma digital de «bien público» y de acceso abierto que sirve para cartografiar los activos y funciones biológicos del Amazonas, haciéndolos visibles de forma justa y equitativa.
«Como estamos cartografiando la vida en el Amazonas, los activos serán accesibles y estarán disponibles para los innovadores y, como registraremos estos activos en una cadena de bloques, sabrás que, cuando obtengas componentes de innovación para planes comerciales, estarás obteniendo innovación sostenible», explicó Castilla-Rubio.
Espera que, una vez que los beneficios del Amazonas se hayan compartido de forma justa y equitativa, el banco se replique en todo el mundo para formar el Banco Terrestre de Códigos, que codificará derechos y obligaciones.
«Sabrás que, cuando explotes [los activos del Amazonas], puedes compartir los beneficios de manera justa con los países de origen y con los custodios de la naturaleza», dijo Castilla-Rubio. «[Y] tendrás acceso a la “Wikipedia de la vida”.»




