El 92 % de las muertes por malaria se producen en una sola región. Así podemos cambiarlo

Malaria tests are seen on a table in the Ta Gay Laung village hall in Hpa-An district in Kayin state, south-eastern Myanmar, November 28, 2014. Malaria death rates dropped by 47 percent between 2000 and 2014 worldwide but it still killed some 584,000 people in 2013, most of them in sub-Saharan Africa, according to the World Health Organization (WHO). Much of the success in fighting the disease is due to the use of combination therapies (ACTs) based on artemisinin, a Chinese herb derivative, which is now under threat as malaria parasites have been building up resistance to the drugs. Experts say Myanmar, which has the largest malaria burden in the region, is the next frontier in the spread of resistance to artemisinin. Picture taken November 28, 2014. To match Feature HEALTH-MYANMAR/MALARIA REUTERS/Astrid Zweynert (MYANMAR - Tags: HEALTH POLITICS SOCIETY) - RTR4I6C5
The fight against malaria has lately gained momentum.Image: REUTERS/Astrid Zweynert
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La malaria lleva mucho tiempo siendo una de las principales enfermedades mortales de nuestra época. Los datos de la Organización Mundial de la Salud muestran que hasta la mitad de la población mundial está en riesgo. Sin embargo, aproximadamente el 90 % de los casos de malaria y el 92 % de las muertes por esta enfermedad se producen en una sola región: el África subsahariana.

Europa y América del Norte están completamente libres de malaria. Sin embargo, los niños del África subsahariana suelen sufrir varios episodios de la enfermedad antes de cumplir cinco años. Además, los menores de cinco años representan el 70 % de las muertes relacionadas con la malaria. Las embarazadas que contraen la enfermedad pueden sufrir graves complicaciones de salud.

Image: ONU/Fundación Bill y Melinda Gates

La buena noticia es que la lucha contra la malaria ha cobrado impulso últimamente: las infecciones disminuyen de forma constante en la mayoría de los lugares y las muertes relacionadas con la enfermedad han caído un 29 % desde 2010. Parte de los avances se debe a innovaciones como las nuevas pruebas de diagnóstico rápido, que dan resultados en apenas unos minutos; los medicamentos contra la malaria, más accesibles y asequibles; y el uso cada vez mayor de mosquiteros tratados con insecticida de larga duración (LLIN). También ha contribuido una mayor participación comunitaria, con músicos populares, organizaciones de medios de comunicación y líderes religiosos que promueven medidas más contundentes contra la malaria.

Senegal es uno de los países que encabezan la reducción de casos. Ahora, casi el 86 % de la población utiliza LLIN, y la mayoría de las personas tiene acceso a pruebas de diagnóstico rápido y a terapias combinadas basadas en artemisinina, que el gobierno y los donantes proporcionan gratuitamente. Los trabajadores de salud comunitaria, bajo la dirección de un eficaz programa nacional encabezado por la ministra de Salud del país, Awa Marie Coll-Seck, han desempeñado un papel fundamental en los avances.

Los resultados son impresionantes. En 2001, casi el 36 % de las consultas ambulatorias en Senegal estaban relacionadas con la malaria. Según el Programa Nacional de Control de la Malaria (NMCP, por sus siglas en inglés), el año pasado esa cifra fue de apenas el 3,3 %. En el mismo período, las muertes relacionadas con la malaria cayeron de casi el 30 % a poco más del 2 %. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos informan de que, entre 2008 y 2010, el número de menores de cinco años infectados por malaria se redujo un 50 %.

Senegal espera alcanzar la fase de preeliminación (que el NMCP define como menos de cinco casos por cada 1.000 personas al año) para 2020, y que la OMS certifique la eliminación total de la malaria en el país para 2030. Sin embargo, lograrlo no será fácil. Senegal necesitará más recursos, un compromiso más firme del gobierno, mayor apoyo de los socios para el desarrollo y una participación comunitaria más amplia.

En este contexto, el Fondo para la Vida y los Medios de Subsistencia (LLF), un mecanismo de subvenciones creado por el Banco Islámico de Desarrollo (IsDB) y la Fundación Bill y Melinda Gates, se ha sumado a la lucha de Senegal contra la malaria. El LLF combina 500 millones de dólares de donantes —entre ellos, el Centro de Ayuda Humanitaria y Socorro Rey Salman de Arabia Saudita, el Fondo de Qatar para el Desarrollo, el Fondo de Abu Dabi para el Desarrollo y el Fondo de Solidaridad Islámica para el Desarrollo (ISFD)— con 2.000 millones de dólares de financiación del IsDB para proyectos de salud, agricultura e infraestructura rural. Administrado por el IsDB, el LLF es la mayor iniciativa de su tipo con sede en Oriente Medio y busca aumentar los recursos disponibles para el desarrollo en los 30 países menos adelantados y de ingreso mediano bajo del mundo musulmán.

Uno de los primeros proyectos del LLF será un proyecto de preeliminación de la malaria en Senegal, con un presupuesto de 32 millones de dólares. El Comité de Impacto, mecanismo de gobernanza del LLF —del que soy miembro suplente en representación del ISFD—, aprobó el programa de proyectos del primer año en septiembre pasado. El gobierno senegalés aceptó oficialmente el proyecto en febrero; se trata de una versión ampliada del exitoso NMCP. Como resultado, se ayudará a 25 distritos de cinco regiones de Senegal a alcanzar la preeliminación de la malaria, con un beneficio directo o indirecto para casi cuatro millones de personas (alrededor del 25 % de la población total de Senegal).

Hace poco viajé a Senegal para evaluar los avances del proyecto. Los demás miembros del Comité de Impacto y yo nos reunimos con Coll-Seck y otros líderes nacionales, quienes reafirmaron la importancia del proyecto. El momento más emotivo del viaje fue nuestra visita al puesto de salud de Deggo, en las afueras de Dakar, donde los trabajadores de salud y los voluntarios comunitarios nos explicaron las iniciativas que llevan adelante para combatir la enfermedad. Salimos de esa reunión convencidos de que el proyecto cuenta tanto con las competencias adecuadas como con el compromiso necesario para tener éxito.

Las inversiones para combatir la malaria, como las del LLF, se encuentran entre las intervenciones de salud más rentables y generan amplios beneficios socioeconómicos. Es más probable que un niño sano asista a la escuela, lo que mejora sus resultados de aprendizaje; del mismo modo, un adulto sano puede obtener ingresos estables, lo que reduce la pobreza y el hambre. Los trabajadores sanos son más productivos y contribuyen a aumentar la producción económica. Las comunidades libres de malaria pueden destinar sus presupuestos de salud a combatir otras plagas, como las enfermedades no transmisibles o las enfermedades tropicales desatendidas.

Avanzar en la lucha contra la malaria significará avanzar hacia varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (las metas de las Naciones Unidas acordadas por los líderes mundiales en 2015), desde erradicar la pobreza hasta poner fin a las muertes evitables de menores de cinco años. Para ganar esta lucha, es necesario aumentar la financiación de fondos como el LLF, sobre todo en el África subsahariana.

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