La escasez de personal sanitario es generalizada en la mayoría de los países, y el aspecto más preocupante es que esta brecha está aumentando. A agravar el problema se suma la necesidad no cubierta de mejora y recualificación profesional que exigen constantemente los nuevos patrones de enfermedades y las tecnologías emergentes en la atención sanitaria.
Este déficit se refleja en las siguientes estadísticas:
• Un estudio sobre la carga mundial de morbilidad (2017) estima que solo la mitad de los países cuenta con la fuerza de trabajo sanitaria necesaria para prestar servicios de atención sanitaria de calidad, algo fundamental para lograr la cobertura sanitaria universal (CSU). Por ejemplo, Estados Unidos necesita 1 millón de enfermeras y Japón, 2,5 millones para 2020 y 2025, respectivamente, y la India se enfrenta a una escasez de más de 3,9 millones de médicos y enfermeras.
• La fuerza de trabajo sanitaria mundial está distribuida de forma desigual e inequitativa. La región de las Américas de la OMS, con el 10 % de la carga mundial de morbilidad, cuenta con el 37 % de la fuerza de trabajo sanitaria del mundo, mientras que la región africana, con una carga de morbilidad del 24 %, solo cuenta con un 3 % (véase el gráfico siguiente).
A esto se suma el aumento de la incidencia de las enfermedades no transmisibles (ENT) y el envejecimiento de la población, lo que generará una demanda de 40 millones de trabajadores sanitarios adicionales en todo el mundo para 2030. Para satisfacerla, se requeriría duplicar la fuerza de trabajo sanitaria mundial actual.
Se trata de un objetivo formidable, a menos que se apliquen con urgencia medidas para corregir la situación. Sin una acción oportuna, se prevé un déficit de 18 millones de trabajadores para 2030, junto con un coste anual resultante para la atención sanitaria de 500 000 millones de dólares, debido a la ineficiencia de la fuerza de trabajo sanitaria.
Es, por tanto, imperativo abordar la escasez de personal sanitario en todos los ámbitos: médicos, enfermeras, profesionales sanitarios aliados y trabajadores de extensión comunitaria. Debemos actuar con la máxima determinación si queremos alcanzar las metas de CSU en los plazos establecidos.
No existe alternativa a la inversión en recursos humanos para la salud; los modelos de financiación sostenible deben ser una parte fundamental de la estrategia. Un informe de la Comisión de Alto Nivel sobre Empleo en Salud y Crecimiento Económico revela que la inversión en salud tiene un retorno de 9 a 1. Además, se ha demostrado que un año adicional de esperanza de vida media eleva el PIB per cápita alrededor de un 4 %.
Abordar la escasez mundial de personal sanitario debe ser un área prioritaria en las agendas nacionales de desarrollo. Entre las medidas útiles para la participación de múltiples partes interesadas figuran las siguientes:
1. Fortalecer los marcos de gobernanza
Es fundamental establecer marcos de gobernanza sólidos que orienten la educación médica, el empleo en salud, el intercambio internacional de servicios médicos, la migración del personal sanitario y los modelos innovadores de asociación. Fomentar las APP sostenibles requeriría reforzar los modelos institucionales con aportaciones transversales de alta calidad y accesibles, como las de finanzas, educación y formación, entre otras.
2. Aprovechar la tecnología
El sector sanitario está acelerando el uso de técnicas de salud electrónica y aprendizaje electrónico, la IA, la simulación de realidad virtual y el internet de las cosas para formar, mejorar las competencias y empoderar al personal sanitario. Desde dispositivos portátiles personalizados para la atención a domicilio hasta la atención en el punto de servicio, la tecnología de drones y las estrategias de telemedicina para la atención remota en zonas alejadas, todos estos avances están revolucionando la prestación de servicios sanitarios. La ampliación de escala es rápida, basada en el big data y la analítica, y estas tecnologías emergentes también generan una mayor demanda de nuevas competencias, lo que aumenta el potencial de contratar a más personas en la prestación de atención sanitaria digital.
Es fundamental contar con una hoja de ruta clara que alinee la tecnología y la fuerza de trabajo. En la India, por ejemplo, el centro de estudios NITI Aayog, en la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial y la Estrategia para la Nueva India @75, ya ha establecido planes para situar la tecnología y la innovación en el centro de las políticas sanitarias y afines, un paso crucial para aumentar los recursos sanitarios.
3. Reequilibrar las tareas sanitarias
Según una encuesta mundial de la OCDE, el 79 % de las enfermeras y el 76 % de los médicos realizan tareas para las que están sobrecualificados. Dada la evidencia mundial de la mala distribución de las competencias, debemos reorganizar racionalmente nuestra fuerza de trabajo para gestionar eficazmente las enfermedades de alta carga, en particular las ENT, que son responsables del 71 % de la mortalidad mundial y, si no se abordan, podrían costar al mundo 30 billones de dólares para 2030.
Las enfermeras y los médicos de cabecera pueden formarse con el conjunto de competencias esenciales que les permita realizar determinados procedimientos que salvan vidas, reconocer a tiempo afecciones agudas y derivar a los especialistas pertinentes. Esto no solo reducirá la gran dependencia de los escasos especialistas disponibles en todo el mundo, sino que también reducirá el coste y el tiempo necesarios para ampliar la fuerza de trabajo adicional.
4. Desarrollar nuevos modelos de atención
Los sistemas sanitarios organizados en torno a hospitales y clínicas deben centrar su atención en la atención preventiva y fomentar un enfoque holístico de la salud que abarque todos los determinantes socioeconómicos de la salud. Deben crearse nuevos modelos de atención, con un esquema de «centro y radios» de recursos, y una fuerza de trabajo formada para prestar atención sanitaria integrada de alta calidad, de base comunitaria, centrada en la vigilancia de enfermedades, la prevención y la atención ambulatoria. Esto no solo ayudará a evitar visitas innecesarias a hospitalización y urgencias, sino que también mejorará los resultados de salud de la comunidad en su conjunto.
5. Crear una fuerza de trabajo sostenible y equilibrada en cuanto al género
Las pruebas apuntan a un desequilibrio de género y a desigualdades en el empleo en salud y en el sistema de educación médica. Según la OMS, a escala mundial solo el 30 % de los médicos son mujeres y más del 70 % de las enfermeras son mujeres. Una tendencia similar se observa en la India, donde la mayoría de la fuerza de trabajo de enfermería está compuesta por mujeres, pero solo el 16,8 % de los médicos alopáticos son mujeres. Según los datos de la OIT, las brechas salariales de género también son motivo de preocupación. Necesitamos medidas proactivas para crear una fuerza de trabajo sanitaria equilibrada que aborde la desigualdad de género, garantice la igualdad de retribución por un trabajo de igual valor, un entorno laboral favorable y oriente las inversiones hacia la formación de la fuerza de trabajo femenina.
A escala mundial, también es necesario mejorar la cartografía de los recursos sanitarios para facilitar la colaboración en la educación médica y los programas de intercambio entre países. Por ejemplo, varios países tienen planes de estudio de enfermería similares; sin embargo, los aspectos culturales a veces plantean problemas. Así, Suecia y la India tienen un plan de estudios de enfermería similar, y existe un gran potencial para fomentar el intercambio de enfermeras, pero dicho potencial está limitado por barreras lingüísticas. Esto puede superarse fácilmente y deben establecerse disposiciones más propicias para facilitar el intercambio de personal sanitario.
Ha llegado el momento de que todas las partes interesadas en la atención sanitaria, ya sea en el ámbito de las políticas, la educación médica, la formación o la financiación, se alineen en torno a cuestiones y objetivos específicos, y apliquen medidas para aumentar la productividad de la fuerza de trabajo sanitaria con el fin de crear una fuerza de trabajo centrada en la población.




