El autocuidado no sustituye a los sistemas sanitarios, pero es una forma de apoyarlos mientras los reconstruimos tras la COVID-19.
Puede reducir la presión sobre los servicios sanitarios y mejorar los resultados en salud de las personas vulnerables.
Estas son tres ideas clave de un reciente debate intersectorial.
Incluso antes de la COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) predijo que, si el mundo siguiera la misma trayectoria, menos de la mitad de la población mundial tendría acceso a servicios básicos y esenciales de atención sanitaria en 2030, y que habría un déficit estimado de 18 millones de profesionales sanitarios.
Ahora más que nunca se necesitan soluciones creativas para reconstruir los sistemas sanitarios, y esto incluye el ‘autocuidado’. El autocuidado no es ‘no atención’; no consiste en sustituir los sistemas sanitarios, sino en protegerlos, y debe considerarse una parte esencial del continuo de la atención sanitaria.
La pandemia ha hecho que más personas conozcan de primera mano el autocuidado, ya sea porque tuvieron que hacerse ellas mismas una prueba en una clínica móvil, buscar asesoramiento mediante la telemedicina o un servicio de farmacia, o ponerse una mascarilla para ir de compras. La COVID-19 también ha impulsado "el cambio en el comportamiento de los consumidores más grande y rápido de la historia moderna". Esto ha incluido cambios sustanciales en el consumo de productos de salud y de estilo de vida.
La empresa de ciencias de la vida Bayer organizó recientemente un debate en línea con la red centrada en el impacto social Business Fights Poverty para explorar cómo una mayor adopción del autocuidado puede reducir la presión sobre los sistemas sanitarios sobrecargados y mejorar los resultados de salud de las personas vulnerables.
Estas son tres ideas clave del debate:
1. Fomentar el autocuidado puede resultar beneficioso tanto para las personas como para las economías
The Global Self-Care Federation destacó que los ahorros de costes asociados al autocuidado benefician a toda la sociedad: al paciente, al sistema sanitario y a la economía en general. Estos son algunos de esos ahorros:
Europa: trasladar al régimen sin receta el 5 % de los medicamentos prescritos en Europa supondría un ahorro anual total estimado de más de 16 000 millones de euros (19 000 millones de dólares).
Estados Unidos: por cada 1 dólar gastado en medicamentos de venta libre (OTC), el sistema sanitario estadounidense ahorra más de 7 dólares.
América Latina: los sistemas de salud pública de la región destinan 3 000 millones de dólares al tratamiento de afecciones no graves.
En el caso de las personas, la COVID-19 ha demostrado la importancia del autocuidado, y el lavado de manos y el uso de mascarillas siguen siendo las opciones más eficaces para reducir la infección. Las farmacias comunitarias y las clínicas sanitarias desempeñan un papel cada vez mayor al proporcionar a la población tanto medicamentos y vacunas como acceso a servicios de atención primaria, una tendencia que también se extiende al ámbito minorista. De manera más general, las intervenciones de autocuidado ofrecen a los usuarios mayor elección, acceso, control, satisfacción y opciones asequibles para gestionar sus necesidades sanitarias. El autocuidado puede reconocer el papel de las personas como agentes activos en su propia atención sanitaria, y no meramente como receptores pasivos de los servicios de salud.
2. Las mejoras en la tecnología, las políticas públicas y la comunicación pueden ayudarnos a superar los obstáculos para el autocuidado
El autocuidado no es nuevo, pero, pese al amplio consenso sobre su papel en el continuo de la atención sanitaria y a una definición de la OMS, no se ha integrado en los sistemas sanitarios como debería. La COVID-19 es el momento de cambiar esto.
En el debate se señalaron tres ámbitos clave para desbloquear el potencial del autocuidado: la tecnología, las políticas públicas y la comunicación.
i) Babylon Health describió cómo su modelo de atención sanitaria ‘digital first’ reduce dos costes fundamentales: los salarios de los profesionales sanitarios y la cultura de la ‘atención a la enfermedad’. El uso de la IA puede garantizar que los profesionales médicos dediquen su tiempo a lo que las máquinas no pueden hacer. Y su uso de la ‘predicción’ puede ayudar a evitar que pequeños problemas se conviertan en otros mucho mayores y más costosos.
ii) Gillian Christie, de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, señaló que, en materia de políticas públicas, uno de los mayores desafíos en Estados Unidos era la existencia de mecanismos de financiación separados para la atención sanitaria y los servicios sociales, y que el autocuidado es más eficaz cuando se integra en los sistemas de salud pública. Esto requiere enfoques de ‘todo el gobierno’.
iii) La comunicación se consideró clave, tanto para explicar mejor el ‘autocuidado’ en sí como para favorecer el cambio de comportamiento. Las campañas educativas centradas en explicar por qué, qué y cómo practicar el autocuidado son fundamentales para generar confianza entre la población. Organizaciones como el Self-Care Forum del Reino Unido fueron citadas como organismos nacionales útiles para promover y difundir información, investigaciones y campañas sobre el autocuidado.
3. La participación de las partes interesadas y la creación de colaboraciones intersectoriales son esenciales para respaldar el movimiento del autocuidado
Austen El-Osta, del Imperial College de Londres, destacó que, aunque hay una enorme actividad en el movimiento del autocuidado, gran parte de ella está fragmentada. Señaló que "es necesario reunir a los grupos y defensores del autocuidado para establecer lo que la Organización Mundial de la Salud denomina una ‘comunidad de práctica en materia de autocuidado’”.
Los participantes también subrayaron que las colaboraciones intersectoriales más amplias y una participación reforzada de múltiples partes interesadas son avances fundamentales que pueden ayudar a ampliar y fortalecer el movimiento del autocuidado. Margaux Yost, que dirige los programas de salud en el lugar de trabajo de Business for Social Responsibilities en África Oriental, explicó que el autocuidado no puede lograrse de forma aislada. Al fin y al cabo, el aumento de la demanda por parte de los pacientes (gracias a un mayor conocimiento) también exige un mayor acceso a los productos y servicios adecuados (la oferta).
En conclusión, los sistemas sanitarios mundiales están sometidos a una presión insostenible. El envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades relacionadas con el estilo de vida y el incremento de los costes están dificultando el acceso a la atención sanitaria de cada vez más personas, lo que deja a las comunidades desatendidas del mundo en situación de vulnerabilidad y afecta con especial dureza a las mujeres y a los niños. Ampliar el acceso al autocuidado construye un futuro más saludable para la próxima generación, reduce los costes y ofrece un salvavidas a las comunidades en las que el autocuidado es, a la vez, la primera y la última opción de atención sanitaria.
